¿Es la Universidad de San Carlos de Guatemala (racista y no laica) la madre que nutre de conocimiento a los pueblos?

La educación puede liberarnos o atarnos. El sistema educativo en Guatemala (en todos sus niveles) ha sido un instrumento ladinizador que ha recurrido a la mediocridad para que su metodología de sometimiento dictatorial no falle, garantizando así que no aprendamos a dudar, a no crear pensamiento crítico y evitar que hagamos conocimiento. Nuestras cabezas son saturadas de órdenes, datos, mentiras, estereotipos, teorías que repetiremos literalmente para comprobar que sabemos, aunque en realidad no hayamos entendido nada porque memorizar o repetir no es invención.

El modelo de educación aplicado en Guatemala es herencia de la Colonia, por ende, es racista y no es laica. Que la universidad pública se siga llamando “San Carlos” denota su origen eclesiástico. Que hasta hoy en sus auditorios se cante con orgullo su himno en latín (y cantar no es sinónimo de que se entienda la letra) dice mucho del colonialismo que arrastramos, que arrastra la academia y la formación de los profesionales en el país. La Usac mantiene con orgullo ese pasado español-criollo, basta con ver su escudo para comprobarlo: representación de los Reinos de Castilla y Aragón, insignias papales (pontificado), imágenes de San Carlos de Borromeo y del apóstol Santiago y su famoso “Carolina academia Coactemalensis inter caeteras orbis conspicua”.

Los cambios que se provocaron en la Universidad durante la época de la revolución fueron pasos importantes que pudieron significar el inicio de un proceso de transformación profunda en la educación universitaria, pero esto no se completó y se perdió el camino antes de que realmente la Usac fuera para los pueblos. Su centralización, su monoculturalidad, su trato de tercera categoría a los centros regionales denotan su racismo, que principalmente se refleja en la homogeneidad europeizante de los conocimientos que implementa, que mantienen la supremacía de lo extranjero sobre lo local nativo y milenario.

Hasta en los efectos del déficit presupuestal de la Usac está presente el racismo, ya que son los centros regionales los que desde hace meses han estado resintiendo la crisis financiera de esta institución que no tiene como problema único o más importante el incumplimiento de la asignación del 5% constitucional, sino que todo su ser ha estado convulsionando desde hace décadas. Que existan más de cuatro intentos (fallidos) de Reforma Universitaria en los últimos 40 años, es muestra de lo efectivo que resulta que la Usac permanezca en agonía para las mayorías empobrecidas porque esto es funcional para la hegemonía.

Con la Usac nos pasa lo mismo que con el Estado, que no sólo se construyeron sin los pueblos originarios, sino que se edificaron en nuestra contra, en contra de nuestra cultura e identidad. Es por esto que no basta con nombrarla la Universidad del pueblo porque habría que preguntarse ¿La Universidad del pueblo de quién? Porque para los pueblos indios la Usac no ha significado vanguardia ni alimento, sino que, al contrario, al igual que el Estado, se ha alimentado de nosotras y nosotros, de nuestro trabajo.

Sigue siendo hasta hoy la alma mater de una sociedad racista.

Sandra Xinico Batz

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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