¿Es la escuela el lugar idóneo para la educación religiosa?

En la entrevista realizada al ministro de Educación Sr. Wer y publicada en el país[1] ha dicho, entre otras cosas, que el que la religión tenga que estar en la escuela es "una opción política” y añade “No creo que sea dogma de fe que la religión tenga que estar en la escuela. Estas declaraciones, sin lugar a dudas, clarifican dos cosas. La primera, que el que este o no este la religión en la escuela solo depende de una decisión del ministro, como responsable político. La segunda, que al no ser un principio indiscutible en cualquier momento puede cambiar. Lo que abre una esperanza futura.

El cambio operado entre el segundo borrador de la reforma educativa, en el que no aparece nada sobre la religión y el tercero confirman la afirmación del Sr. Ministro. Por tanto, cabe preguntarse ¿qué ocurre en espacio de tiempo desde septiembre hasta diciembre fecha en que aparece el tercer borrador? Sencillamente que como la religión es una opción política, los políticos de turno han decidido, después de negociar con la Conferencia Episcopal profundizar en la reconversión de las escuelas en agencias de la Iglesia. De esta forma la Iglesia, al utilizar las aulas como lugares para la catequesis, dispondrá de una de las redes más completas del país para difundir sus enseñanzas. Este cambio de actitud no es más que un acto de doblegamiento del gobierno hacia los obispos par reparar el daño que se le pueda haber causado, como diceMartínez Camino, por el trato discriminatorio que ha tenido la religión al no tener una alternativa obligatoria.
 
A la pregunta al Sr. Wert, sobre el contenidoque se va a impartir en la asignatura alternativa. La contestación no puede ser más ilustrativa. Dice el ministroEs prematura la pregunta porque aún no están hechos los currículos, pero la idea general es dos asignaturas en que se hable de culturas y de valores” Lo que confirma, una vez más, que la alternativa no estaba prevista. Surge sencillamente de los deseos y presión-negociación de los obispos. Por tanto, lo de menos es su contenido, lo importante es que exista dicha asignatura para, buscar su equiparabilidad y visualización la religión en la escuela.  Realmente es difícil entender bien, este sin sentido, que supone que el que uno elija “voluntariamente” religión, al otro se le “obligue”, se le penalice, se le castigue, a cursar otra asignatura por el simple capricho de la iglesia. ¿En que se apoya la Conferencia Episcopal para imponer la alternativa? Si ni tan siquiera, aparece en los famosos Acuerdo entre España y el Vaticano.  Por muchas vueltas que se de, no se encuentra fundamento alguno que justifique dicha alternativa. Sencillamente es y siempre ha sido un haz que la iglesia se sacó de la manga y que coló y sigue colando. La única razón sin razón que, siempre han esgrimido los obispos, ha sido la a de nivelar la carga. ¿Habría algo más injusto, que mientras unos estudian “voluntariamente” religión otros se vayan de rositas?  
 
La contestación del Sr. Ministro a la pregunta “y un padre por qué tiene que elegir entre religión o valores sociales y culturales” es  una muestra más de la artificiosidad de la alternativa. Dice el Sr. Wert “No sé contestar muy bien a esa pregunta” fabuloso, por su sinceridad. Porque no hay contestación racional posible. Y continua diciendo el Ministro Tiene que haber una zona de intersección entre las dos. Si nos atenemos al concepto de intersección se podría decir que con la alternativa surge una nueva zona en la escuela, en la que confluyen dos asignaturas: religión y Valores Culturales y Sociales, para Educación Primaria y Valores Éticos, en Secundaria. O dicho de otra manera, son dos nuevos itinerarios cuya intersección da lugar a que se puede, en cualquier momento, cambiar de itinerario para optar por la religión o la alternativa. Y sigue diciendo el Ministro Wert”  Lo importante es que, según esos acuerdos, el lugar de la religión está en la optatividad pero que la optatividad tiene que tener algo de contenido y lo que se llama una asignatura espejo”. ¡Claro, claro!, si la asignatura optativa no tuviera contenido ¿que sentido iba a tener la religión en la escuela? Dicho en lenguaje coloquial, la alternativa, no sirve para nada, su contenido no está en función de las necesidades del currículum. Simplemente se justifica porque el lugar de la religión está en la optatividad. Realmente esperpéntico.
 
No tiene sentido alguno que en la segunda década del siglo XXI, en el contexto de una sociedad democrática, volver al nacional-catolicismo imponiendo a las escuelas una alternativa evaluable. Máxime, cuando esta imposición no tiene justificación posible en un Estado aconfesional, sino que responde, a la necesidad de corregir, según monseñor Martínez Camino, el trato discriminatorio que ha tenido la religión al no tener una alternativa obligatoria.Pero a este sin sentido, se añade  una irracional injusticia la de que una parte del alumnado tenga que aprender valores sociales y éticos mientras, la otra parte doctrinas religiosas. ¿Puede alguien explicar como hoy, en plena democracia, porque la dictadura, al menos oficialmente ya queda atrás, se pueda concebir que se obligue a una parte del alumnado a formarse en valores cívicos y éticos, mientas otros aprenden doctrinas religiosas? Acaso los valores no deben ser una parte de la formación cívica de todos? Lo que viene a demostrar, una vez más, que la alternativa tal y como nos la presenta el Ministro Wer es  una ficción. 
 
El contexto democrático y la evolución secularizadora de la sociedad,deben  abrir la posibilidad de abrir un debate, en el seno de la escuela pública, sobre los conocimientos y valores adecuados para una educación del siglo XXI. Debate que, entre otras cosas, debería clarificar algunas confusiones como la de pensar que el que los poderes públicos garanticen a las familias (articulo 27.3) que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus convicciones, desemboque en que la religión sea una materia que forme parte del currículo que se imparte en las escuelas. Igualmente, el debate debería clarificar el sentido sin sentido de una alternativa impuesta. Quizás vaya siendo hora de que la comunidad educativa se plantee si la escuela pública es el lugar idóneo para la formación religiosa como sustituyo de iglesias, sinagogas y mezquitas. Quizás, vaya siendo hora de plantearse la cuestión si no es un acrónismo que la escuela pública, sea el lugar adecuado para educar en la religión.Así como si la religión, forzando una alternativa, tenga que ocupar una parte del horario escolar.
 
Debate, en el que habría que plantear y valorar si la escuela pública debe ser una institución científica que, enseñe matemáticas, lengua, ciencias, y valores cívicos y, librarla así, de cualquier enseñanza que tenga por objetivo adoctrinar. Igualmente sea necesario debatir si ante la mediocridad de los resultados en comprensión lectora, matemáticas, ciencias de los alumnos españoles, tanto en la pruebas Pisa como por otros organismos, a las que tanto alude el borrador de la reforma educativa, sea necesario plantearse incorporar las horas de religión a dichas materias. El último informe realizado por el organismo internacional IEA[2] sobre cuarto de primaria, es decir, de alumnado de 9 años de edad, no solamente, están por debajo de la media de la Unión Europea (UE) y de la(OCDE) en Lectura, Matemáticas y Ciencias, sino que han retrocedido situándose en los mismos niveles que en 1995[3]. Tal y como señala el estudio de las competencias de dichas asignaturas actualmente la religión ocupa 945 horas Educación Infantil y Primaria y 450 horas en la ESO. Lo que supone que se dedica más tiempo a esta asignatura que a educación artística o física.
 
En dicho debate, debería también plantearse si ya es hora de que la religión saliera del horario lectivo, ubicando las clases de religión en horario extraescolar es decir, por la tarde. Con lo que se podrían utilizar dichas horas para reforzar precisamente las áreas instrumentales. Con lo que no solo, no se perjudicaría al alumnado matriculado en religión, sino que se le beneficiaría al poder ocupar el horario escolar para reforzar precisamente las áreas en las que el rendimiento escolar es más deficiente. Ahora bien, en este debate es necesario que madres y padres entiendan que el que la religión salga del horario escolar no va a perjudicar para nada la formación que sus hijos e hijas necesitan para hacer la comunión.
 
Sin lugar a dudas, esta podría ser una estrategia intermedia entre la situación actual y la futura de sacar la religión de la escuela y devolver la educación religiosa y la transmisión de la fe a sus lugares apropiados liberando a la escuela de una obligación residual que le roba, nada más ni nada menos, que 945 horas que se podrían aplicar a otras asignaturas.

¿Por qué un debate en y desde la comunidad educativa? Sencillamente porque si como ha dicho el Ministro Sr. Wert el que la religión esté en la escuela es una opción política, la única forma de cambiar dicha opción política es mediante el deseo de los ciudadanos que son, al final de cuentas, los que deciden con su voto.

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