«Érase una vez… el hombre», o ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?

La otra noche estábamos tomando algo con una pareja que tiene un niño pequeño que recientemente ha descubierto el sistema solar y se pasa el día hablando de los planetas, y al que también le gustan los animales, los dinosaurios, o aprender sobre las partes del cuerpo. La conversación derivó hacia los contenidos científicos para niños, y a mi pareja se le ocurrió recomendar la serie de «Érase una vez… el cuerpo humano», que está disponible en alguna de las plataformas en línea, así como algún otro de los dibujos de «Érase una vez» que en su momento se emitieron en España. Como nuestra amiga es argentina, y al principio no reconocía de qué estábamos hablando, empecé a tararear la canción que recordaba:

«Érase… una vez… un planeta triste y oscuro… y la luz, al nacer, descubrió un bonito mundo de color…»

Un momento un momento, ¿a qué se parece eso? ¿Era sólo yo o sonaba muy… bíblico? Y se hizo la luz, etc. Seguimos añadiendo fragmentos de letra según nos venían a la cabeza, y enseguida apareció un «señor» que no dejaba lugar a dudas, como podéis comprobar en las primeras líneas de la letra:

Érase una vez un planeta triste y oscuro y la luz al nacer descubrió un bonito mundo de color un león un dragón una flor y una mariposa y el señor que pensó desde hoy todas esas cosas cuidaré

Me costaba creer que una serie francesa, como era el caso, tuviera una apertura tan… creacionista. Y efectivamente y como comprobé después, la versión original francesa de la serie «Érase una vez… el hombre», estrenada en 1978, no tenía letra, y consistía en la Tocata y fuga en re menor de Bach. Como podéis ver en el vídeo, o si ponéis la versión original de las plataformas digitales:

Desde luego, todo un contraste con la canción de apertura de la versión española de la serie. Estrenada por TVE en 1979, ésta utiliza de base una adaptación del Septimino en mi bemol mayor de otro gran compositor, Beethoven, en la que se ha embutido una letra algo chocante de Jose Luis Perales (sí, de Perales, aunque en algunos sitios se le atribuye a su hermana, Marisol Perales), interpretada por el grupo infantil Caramelos:

Para los que vimos la serie de pequeños, en alguna de sus múltiples reposiciones televisivas, y por aquel entonces asumíamos con toda naturalidad esta entradilla, resulta un tanto extraño detenerse a analizar música e imágenes. Porque, vistas ahora, resulta evidente que cada cosa va por su lado. Al margen de lo del «señor» que piensa y cuida el planeta, es raro escuchar frases como «un planeta triste oscuro» mientras vemos al antepasado de los mamíferos trepar a los árboles. O después «un león, un dragón (¿?), una flor y una mariposa», que parecen apuntar a una creación finalista, en la que todo estaba destinado a permanecer igual a inalterable milenio tras milenio, mientras en la pantalla asistimos a los cambios de la evolución humana. Por no mencionar al «dragón», que no parece ser uno de Komodo, precisamente, y que no está muy claro qué pinta en el contexto de la letra. Por curiosidad, aquí tenéis la versión extendida de la canción y de la letra, cantada por el grupo Caramelos:

Se diría que por entonces no se cuidaban demasiado las coreografías infantiles. O quizás lo que buscaban era resaltar la torpeza de los niños para que fueran más adorables. Hay también otras versiones de otros grupos (Parchís, Popitos) que parecen posteriores, y derivadas del éxito de la serie y de la canción.

Ahora, un día sí y otro también, leemos que vivimos tiempos en los que la libertad se ha revertido y la censura ha aumentado, en los que ya no se pueden decir muchas cosas. Por supuesto, la irrupción de internet y de las redes sociales han traído muchos debates, así como fricciones entre la libertad de expresión, cambios en la legislación, la presión de ciertos grupos y colectivos que reclaman el derecho a ofender o a no ser ofendidos, etc., aunque aquí no pretendo meterme en esas cuestiones. Entre otras cosas, por su complejidad. Pero en esas protestas y debates con frecuencia se idealizan las décadas pasadas como un oasis en el que cabía todo, o en el que se respetaba y asumía la integridad y la intención de las obras audiovisuales. Al menos, por aquí se han podido leer comentarios en este sentido en relación, por ejemplo, con Los Simpson y las críticas que algunos de sus personajes, tramas y estereotipos han recibido en los últimos años por ser considerados racistas.

Y sin embargo, en esos bucólicos tiempos pasados se le podía endiñar sin problema un texto creacionista a una serie que pretendía divulgar la evolución y la historia humanas, sin que nadie levantara una ceja durante los años y años que la serie se estuvo emitiendo. Un punto interesante, además, sería el de rebuscar en los archivos de RTVE por ver si hay alguna información sobre a qué personas o instituciones les molestaba tanto esa entradilla como para creer necesario contrarrestarla o suavizarla por el lado de lo religioso. En definitiva, cada época viene con sus cosas, y sus sesgos, y es algo que siempre conviene tener en cuenta, y que se aprecia mejor una vez que ha pasado tiempo, y se puede ver con distancia. Como por otra parte sucede, ya de entrada, con el título de «Érase una vez… el hombre». Y no «el ser humano», o «la humanidad», mas habituales hoy en día. Sobre todo porque esto no se queda sólo en el título, como se aprecia en los capítulos, o en el simbólico hecho de que en la apertura animada se adapte el cuadro de Delacroix de La libertad guiando al pueblo para que sea el protagonista masculino, y no una figura femenina, quien empuña la bandera francesa.

Como conclusión, y muestras adicionales, después de escarbar un poco se ve que con los cambios y polémicas que se produjeron alrededor de la serie «Érase una vez… el hombre» en diferentes países podría dar para un libro… o varios. En RTVE también escoció que los franceses aderezaran con tópicos sacados de la leyenda negra la historia del siglo de oro español, de modo que ese capítulo no llegó a emitirse (o eso dice la Wikipedia). En Argentina, en plena dictadura militar, tampoco se vieron con buenos ojos las referencias a la teoría de la evolución, se censuraron partes, y al publicar la serie en forma de cómic se creó un último y nuevo volumen que destacaba las contribuciones de la iglesia a la historia de la humanidad. Y así sucesivamente. Además, otro detalle que ha pasado más inadvertido es que la entradilla animada se cortó, cambiando su significado e intención, en al menos en algunos países de habla hispana. La versión francesa era circular, empezaba con el nacimiento de la Tierra, y modo de advertencia y de denuncia (quizás pacifista, quizás ecologista, o ambas), se cerraba con su destrucción, acompañada del texto «Et la Terre… fut» (y la Tierra fue). Sin embargo, y como podéis verificar comparando el vídeo del primer capítulo de la versión francesa (el de más arriba) y lo que parece una versión latina (el de debajo), en el segundo el hombre huye del planeta, pero la Tierra no explosiona, y se superpone el título del capítulo sobre un planeta intacto:

Curiosamente, en la versión española disponible en plataforma digital sí que se mantiene la animación original de la serie francesa, con la destrucción de la Tierra, aunque ignoro si en España se emitió tal cual en su momento. Se podría especular largo y tendido acerca de los motivos por los que alguien consideró importante mutilar esos segundos de denuncia, cuyo mensaje diría que sigue plenamente vigente en la actualidad. Pero, en cualquier caso, sirva esta incursión nostálgica como advertencia de que los contenidos audivisuales son mucho más variables, y están y han estado sometidos a más cambios de los que pensamos, también en esos idealizados tiempos pasados. Y ahora que internet y las plataformas digitales ofrecen tantas posibilidades, os invitaría también a que comparéis y comprobéis este tipo de variaciones por cuenta propia.

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