Entre la democracia y el yihadismo

Túnez es el único país de la Primavera árabe que ha conseguido finalizar con éxito su proceso de transición a la democracia, pero que, al igual que sus vecinos, no ha logrado escapar al auge de la violencia yihadista. De hecho, la fragilidad de las fronteras con Argelia y Libia es una de las principales preocupaciones del primer Gobierno post-transición. Este se conformó hace algo más de un mes, tras las celebración de las primeras elecciones legislativas libres, en las que salió victorioso Nida Tunes, un partido laico, conservador y europeísta. Los comicios tuvieron lugar en octubre de 2014, pero el primer ministro tunecino, Habib Essib, tardó más de tres meses en formar un Gobierno en el que finalmente incorporó a los islamistas moderados de Ennahda, un hecho que ha suscitado airadas críticas en el seno de su partido.

La formación Nida Tunes también ganó las elecciones presidenciales celebradas el pasado mes de diciembre, convirtiendo al octogenario Beji Caid Essebsi en el primer mandatario del Túnez post-transición. Con estas dos citas electorales, el país magrebí ponía punto y final a un proceso que se alargó durante tres años y que sorteó no pocas dificultades; la principal, la eterna pugna entre islamistas y laicos. De hecho, las divergencias entre los dos amplios sectores del país retrasaron la aprobación de la Constitución nacional más de un año. Dos puntos fundamentales que diferencian este texto del resto de los vigentes en el mundo musulmán es la proclamación de igualdad entre hombres y mujeres, y el hecho de que la sharia (ley islámica) no sea la principal fuente de derecho.

Uno de los momentos de tensión que se vivió en la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) fue precisamente por el tema relativo a las mujeres. El partido Ennahda quería que la Constitución consagrara la “complementaridad” de la mujer con el hombre, un principio que finalmente tuvo que descartar. De hecho, el partido islamista ha tenido que hacer varias concesiones para poder alcanzar un acuerdo con los partidos laicos.

Retos post-transición El Túnez post-transición tiene importantes desafíos, entre ellos, mejorar el precario sistema educativo, así como hacer frente al alto índice de desempleo y a una crisis económica que sume en la desesperanza a la sociedad tunecina. Por si fuera poco, tras el atentado de ayer, queda patente el gran reto que supone el yihadismo para este pequeño país norteafricano. Por ejemplo, Túnez es de los países que más nacionales aporta a las filas del Estado Islámico (EI), con más de 300 tunecinos emigrados a Siria e Irak, un hecho que preocupa sobremanera a las autoridades por el desafío en materia de seguridad que pueden representar los retornados.

La fragilidad de las fronteras con Argelia y Libia, así como el conflicto en el país post-Gadafi no hace sino ahondar el problema. Desde 2012, decenas de guardias nacionales tunecinos han muerto o han resultado heridos en combates o causa de atentados y emboscadas islamistas en Mont Chambi, escenario el pasado julio del peor ataque islamista sufrido por las fuerzas tunecinas, que causó 15 muertos.

Asimismo, en las últimas semanas, el país ha sido escenario de un repunte de la actividad extremista en la región de Kasserine, en la frontera oeste con Argelia, zona montañosa considerada uno de los feudos de células afines a Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y a la rama norteafricana del EI.

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