En tu nombre. Himno a Dios

Bajo el nombre de Yahvé tuviste a bien revelarte al pueblo de Israel y en tu nombre los antiguos israelitas hicieron desaparecer de la faz de Palestina a los pueblos que la habitaban, como los cananeos, filisteos, jebuseos, hititas y otros.

En tu nombre los antiguos cristianos, todavía bajo el Imperio romano, asesinaron a herejes, quemaron bibliotecas y destruyeron la cultura que tanto había costado construir al mundo grecorromano.

En tu nombre los musulmanes invadieron occidente y luego los cristianos invadieron oriente, desencadenado una serie interminable de cruzadas y guerras santas que todavía padecemos.

En tu nombre, durante seis siglos, una Iglesia que se reclamaba de ti creó un instrumento de muerte llamado Inquisición y quemó vivos a innumerables seres humanos.

En tu nombre los antiguos aztecas arrancaban el corazón de sus enemigos y despeñaban sus despojos por las gradas del teocali.

En tu nombre los antiguos conquistadores descubrieron un nuevo mundo y para convertir a sus habitantes a tu fe destruyeron primero su cultura y luego a ellos mismos.

En tu nombre se extirpan prepucios y clítoris.

En tu nombre una Iglesia que en mi país se reclama de ti, bendijo pelotones de fusilamiento y designó candidatos para el exterminio. También en mi país y también en tu nombre se expulsaron a moriscos y judíos y se persiguieron a protestantes, alumbrados, masones y a todo el que creyera poseer el derecho a pensar de manera diferente a la que pretendía la Iglesia que se reclamaba de ti.

En tu nombre protestantes y católicos emprendieron guerras a escala de Europa, que todavía perduran en algún país isleño dividido entre una y otra fe.

En tu nombre se han emprendido exterminios en los Balcanes todavía en nuestros días.

En tu nombre y también en nuestros días los descendientes de aquel pueblo al que te revelaste en tiempos antiguos, se creen todavía obligados a perseguir y exterminar a otros pueblos que osan obedecer a otra fe en la tierra de su heredad.

En tu nombre y hasta nuestros días se consagran en la India diferencias de clases y se martiriza a la más baja de ellas al rango de seres inferiores o intocables.

¡Oh dios mío, cuanto sufrimiento se ha causado a la humanidad en tu nombre!

¡Oh Dios mío no permitas que esto continúe! Tú lo puedes todo. En la antigüedad tuviste dificultades para comunicarte con nosotros, pues, pobres mortales, no podíamos soportar la visión de tu resplandor y de tu gloria. Por eso debiste recurrir a estratagemas astutas como la de la zarza ardiente.  Hoy día existen otros medios. Puedes enviar mensajes a través de medios a los que todos nos conectamos, como Internet o teléfonos móviles.

A través de estos medios puedes comunicar a la humanidad que tú no quieres nada de esto.

A través de estos medios puedes comunicar a la humanidad que nadie que persiga sus semejantes o atente contra sus derechos puede reclamarse de ti, llámese como se llame y vístase como se vista, de negro, de púrpura o de blanco.

A través de estos medios puedes comunicar a la humanidad que deseas la felicidad de todos y que se respeten los derechos de todos, en especial derechos pisoteados a menudo en tu nombre, como la libre expresión de la homosexualidad, la libertad de elegir recibir formación religiosa, la planificación familiar, la protección frente a enfermedades de transmisión sexual, la igualdad de género, la igualdad entre todas las creencias religiosas y tantos otros derechos que tu nos diste y que se violan en tu nombre.

A través de estos medios puedes comunicar que concediste a los seres humanos la capacidad de pensar y razonar para que se utilizara libremente, sean cuales fueren las creencias que se alcanzaran gracias a ella.

Hazlo pronto, dios mío, no sigas permitiendo que en nombre de un Dios todo bondad se siga causando tanta desgracia y tanto infortunio.

 

Juan Manuel Castells

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