¿En nombre de quién nos amonesta la Conferencia Episcopal?

?ltimamente, los representantes de la actual Conferencia Episcopal Española hablan con frecuencia en nombre de la democracia, los derechos humanos, la libertad y otros grandes principios universales y laicos.

Pero saben muy bien que esas categorías les son bastante ajenas, tanto en su ámbito interno –la comunidad eclesial- como en el externo. Saben muy bien que están simplemente haciendo un uso instrumental e incluso manipulador de ellos. Pero es un uso arriesgado ya que les deja en evidencia: dicen dirigirse sólo a los católicos, pero en realidad buscan imponer su modelo a toda la sociedad. Por eso utilizan principios por los que nunca han tenido el más mínimo interés, como demuestran los más elementales análisis históricos y sociopolíticos de aquella Iglesia preconciliar que “monseñor” Martínez Camino y sus colegas idealizan y quieren restaurar. En todo caso, ellos sólo pueden hablar en nombre de Dios, y lo saben muy bien. Más en concreto, hablan en nombre del Evangelio de Jesús el Cristo, el Hijo único de Dios. En el modelo de Iglesia romana absolutamente piramidal que algunos han impuesto en un proceso que ha durado siglos, la autoridad viene directamente de Lo Alto. Sin embargo, en este ámbito interno que se sustenta sólo en la persona de Jesús de Nazaret y su mensaje, es aún mayor la contradicción en la que vive la actual Conferencia Episcopal Española, seguramente una de las más reaccionarias del mundo en este momento.

Los evangelios canónicos que tanto invocan, y que creo que son una verdadera vía de acceso al Jesús histórico por más que estén escritos en un género literario particular, nos permiten llegar a algunas conclusiones. Una de ellas, una de las más indiscutidas, es que Jesús fue especialmente duro e intransigente con algunos de sus coetáneos: precisamente con aquellos que hablaban falsamente en nombre de Dios, su Padre. Hipócritas, raza de víboras, sepulcros blanqueados… Son expresiones tan fuertes en boca de un místico, que 20 siglos después siguen reflejando el grado de enfrentamiento que vivió Jesús con la cúpula religiosa de su época: saduceos, escribas y fariseos. Expresiones que hoy día escandalizarían de nuevo a tantos cristianos bienpensantes.

Jesús fue amable con pecadores, con zelotes del MLNV –perdón, del MLNI (Movimiento de Liberación Nacional de Israel)-, con publicanos colaboracionistas con el imperio, con centuriones romanos… Con casi todos. A Jesús le movía, le poseía, un solo anhelo: llevar el consuelo de su Padre a los pequeños, a los desheredados, a todos los injustamente excluidos de nuestro mundo. Y para ello era sumamente paciente, porque conocía bien las muchas contradicciones que caracterizan a los seres humanos. Pero le rebelaba desde lo más hondo el uso perverso del nombre de Dios, la contaminación de lo más sagrado con la hipocresía más miserable. Jesús retoma la secular tradición profética de Israel que clama: ¡Ay de aquellos falsos profetas que amonestan en nombre de Dios con palabras que Él no ha ordenado!

¿Sabe “monseñor” Martínez Camino en lo que se ha metido, las responsabilidades que ha contraído frente al Señor del que se dice discípulo? ¿Qué Dios es aquel que exhorta a votar a un PP de guerras ilícitas con cientos de miles de víctimas? ¿Qué les está pasando a estos “monseñores”? Están tan ciegos que no se dan cuenta de que, aunque pretendan ser los legítimos representantes religiosos del Nuevo Testamento, radicalmente diferente -según proclaman- del antiguo Israel y de sus corrompidas instituciones sacerdotales, están en realidad reproduciendo la misma tragedia que Jesús ya vivió.

Juan Carrero Saralegui es presidente de la Fundació S´Olivar y presidente del Forum Internacional para la Verdad y la Justicia en el África de los Grandes Lagos

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