En los barrios marginales, los jóvenes se alejan de los valores de la República francesa

El gobierno también quiere reforzar la laicidad, el objetivo de un «estatuto» promulgado en 2013 y difundido en todas las escuelas que pide «respeto» a todos los creyentes.

Los incidentes en algunas escuelas tras los atentados de París han puesto de relieve cómo los jóvenes de los barrios marginales se sienten cada vez más alejados de los valores de igualdad y fraternidad en que se basa la República francesa.

Michelle, una profesora que enseña derecho a jóvenes de entre 16 y 20 años en una escuela secundaria de las afueras de París con más de 2.000 alumnos, asegura que entre los profesores sigue habiendo malestar y «ansiedad».

Tras los atentados del 7, 8 y 9 de enero, que dejaron 17 víctimas mortales, se observaron minutos de silencio en todo el país. Pero en esta escuela el acto se vio perturbado por gritos de «¡Allah Akbar!» («Dios es el más grande»).

«Todos fingimos no haber oído nada», recuerda esta profesora, que no quiere dar su apellido y que recuerda haber vivido momentos de gran tensión.

En sus clases, algunos alumnos denunciaron lo que consideraban «un minuto de silencio para los judíos» mientras otros temían ser señalados por ser musulmanes.

«Frente a esto intenté decirles que la única solución es la República, que tenemos que seguir unidos. Pero de pronto se hizo evidente que estamos en una sociedad que se odia a si misma», afirma Michelle.

El ministerio de Educación minimizó estos hechos y recordó que se registraron 200 incidentes en un país que tiene un total de 64.000 establecimientos escolares.

«Aún así hay que replantearse las cosas. Después de todo, los hermanos Kouachi y Coulibaly salieron de las escuelas de la República», afirma Michelle, en referencia a Chérif y Said Kouachi, los dos hermanos que mataron a 12 personas en la sede de la revista Charlie Hebdo, y a Amedy Coulibaly, que mató a una agente de policía municipal y luego a cuatro personas durante una toma de rehenes en un supermercado de comida kósher.

Tras los incidentes en varias escuelas, el gobierno mandó una nota a los profesores «recomendando no quedarse solos cuando se organiza un debate y de ir siempre en grupos de tres o cuatro», explica la profesora.

«Las cosas pueden complicarse muy rápidamente», asegura.

Según Joelle Bardet, una psicóloga y antropóloga especialista de los jóvenes de los barrios marginales, en estas zonas no se aplica ni la igualdad ni la fraternidad que desde 1789 forman, junto a la libertad, la divisa de la República francesa.

«Si esta sociedad continúa funcionando a dos velocidades, si continúa siendo tan desigual, no podremos aguantar», asegura.

En muchos barrios marginales el desempleo puede alcanzar un 50% entre los jóvenes de menos de 25 años y muchos se sienten aislados por la falta de perspectivas de futuro.

«La sociedad está fallando a sus jóvenes, los considera un estorbo. En Senegal o en Brasil la juventud es una oportunidad. Aquí hacemos como si no los necesitásemos», explica la investigadora.

«De tanto asimilar a los jóvenes de los barrios marginales con delincuentes que se luego convertirán en terroristas estamos construyendo la figura del enemigo interior», asegura.

Para la ministra de la Educación Najat Vallaud-Belkacem, el mayor desafío es convertir a las escuelas en la principal fuente de conocimiento para los jóvenes frente a la influencia de internet y las redes sociales.

El gobierno también quiere reforzar la laicidad, el objetivo de un «estatuto» promulgado en 2013 y difundido en todas las escuelas que pide «respeto» a todos los creyentes.

Sin embargo, según Makhlouf Mamenche, subdirector en Lille (norte) de la escuela privada musulmana Averroes, «la laicidad no es motivo para que no se hable de religión».

En esta escuela de secundaria, el minuto de silencio por las víctimas se llevó a cabo sin incidentes y algunos alumnos llevaban pancartas pidiendo «No en mi nombre».

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