«En la procesión no somos militares sino devotos de nuestro Cristo»

Entrevista a Juan Cifuentes Álvarez. General jefe de la Brigada Paracaidista

Este año se cumplen 60 años de la vinculación existente entre el Cristo de Ánimas de Ciegos, de las Reales Cofradías Fusionadas, y la Brigada Paracaidista. El general jefe de esta unidad del ejército desgrana la participación en la Semana Santa de Málaga durante todos estos años y la estrecha relación de los soldados con el Crucificado.

–¿Desde cuando conoce la Semana Santa de Málaga?

–Es una tradición en nuestra unidad, pero personalmente conocí esta vinculación cuando en los años 90 era capitán en la brigada, aunque en ese año no participé en la procesión, y fue a partir de ahí.

–¿Qué le llama más la atención de esta tradición?

–Siempre había escuchado que las procesiones de Semana Santa de Andalucía eran diferentes y con otra forma de expresar esa devoción. Así que me encontré con una devoción distinta a la castellana, pero tan grande o más que ésta. Una manifestación de fe impresionante de la que me sorprendió como se desbordadaba y se contagiaba a todo a su alrededor.

–¿Cómo definiría esta expresión popular?

–Es complicado definir con palabras todo ese sentimiento que desbordan las calles de nuestra querida Málaga y que impregna a todos los que asistimos y a los que comparten contigo esta experiencia.

–¿Cómo es el movimiento cofrade de su tierra?

–Mi familia es toda de Asturias y de León y tenemos nuestras devociones y procesiones. Allí es donde he conocido este tipo de culto. Es completamente distinta a la de Málaga y pertenecí durante mucho tiempo a una hermandad.

–¿Qué siente cuando sale el Cristo de Ánimas de Ciegos y suena el himno nacional?

–Gracias a mi cargo y a los amigos y hermanos de la cofradía he podido tocar la campana del trono del Cristo en la salida y es un sentimiento con mucha pasión y devoción.

–En abril se cumplen 60 años de vinculación entre el Cristo y la Brigada Paracaidista. ¿Qué opina de esta unión?

–Es increíble pero ya han pasado sesenta años, y sesenta y un años de nuestro primer salto. Así que es una vinculación existente desde nuestros propios orígenes como unidad militar. Es un gran acierto y hay sitio en Málaga para todos los sentimientos. Nos sentimos muy orgullosos de formar parte de esta tradición. También conmemoramos 50 años de hermanamiento con el Nazareno de las Torres de Álora y tenemos una relación muy especial cada Jueves Santo.

–¿De qué forma viven este vínculo los miembros de esta unidad militar?

–Es sorprendente porque nuestra vida se desarrolla en Madrid, pero cuando se aproxima las fechas de la Semana Santa surge un sentimiento en el que todo el mundo quiere asistir a la procesión con su Cristo. Cada paracaidista lleva a su Cristo en la cartera y existe una réplica del Señor en nuestra capilla del acuartelamiento del Jarama, por lo que podemos rezarle todos los días del año.

–¿Qué me dice de la guardia de honor? Cada año asisten más personas y se presenta hasta un cartel.

–Es un momento de recogimiento en el que nuestros paracaidistas lo viven con mucha emoción, ya que ves a esos hombretones que son los gastadores muchas veces llorando mientras hacen la guardia, y se nota el cariño de la gente.

–¿Qué les diría a los que piensan que los militares solo participan en la Semana Santa para lucirse?

–Les diría que viesen al militar como alguien que presenta sus mejores galas para acompañar a nuestro Cristo y al pueblo y va desde Madrid para estar bien presentes en la cofradía y compartir con todos ellos un sentimiento común. Porque en ese momento no somos militares ni civiles sino una unión de devotos del Cristo de Ánimas de Ciegos y de las otras imágenes titulares de la hermandad a las que también les tenemos mucho cariño.

–¿Es la Semana Santa un buen banderín de enganche para las Fuerzas Armadas?

–Sin duda alguna. Hay una gran cantidad de gente joven que presencia las procesiones y seguro que despierta el interés de muchas personas.

–Este año estará el Miércoles Santo. ¿Volverá cuando deje su cargo?

–Me reencontraré con mis hermanos y me pondré a disposición de nuestro Cristo, y cuando deje la unidad, volveré.


COMENTARIO:   El mismo titular lo sugiere: no se puede estar ejerciendo de militar (por ejemplo, yendo uniformado) y ser devoto de Cristo ni de nada. En la vida privada (es decir, no ejerciendo la tarea pública) por supuesto que sí. Pero muchísimos militares (como otros cargos, autoridades, o empleados públicos) no llegan a comprenderlo, como se comprueba, lamentablemente, en la entrevista, y ahora veremos en numerosas procesiones y actos religiosos de semana santa. Lo comprendan o no, hay que exigirles un comportamiento democrático, aconfesional, en el ejercicio de sus funciones públicas.

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