En Italia roza al Vaticano nuevo escándalo financiero

Documentos falsos provocaron denuncias contra Diego Anemone, estafador inmobiliario. Ahora afectan al Vaticano vía Instituto para obras religiosas (IOR), involucrado en los años 80 con Licio Gelli, Roberto Calvi, el obispo Paul Marcinkus y otros.

Entre fraudes en construcción o refección de bienes raíces –inclusive propiedades eclesesiásticas- y fondos negros, el audaz operador implicó arquitectos, ingenieros, funcionarios en varios niveles y varios prelados. En este momento, se entablan más acciones contra una camarilla manejada por Anemone.

Esto puso en la mira al IOR, precisamente mientras Josef Ratzinger trata de destrabar el proceso pro canonización de Juan Pablo II. Ese papa, amigo personal de Marcinkus, entonces cabeza del instituto, hizo lo posible para protegerlo. Una vez asesinados Calvi –gerente del IOR- y el mafioso Michele Sindona –su apellido significa sudario-, Karol Wojtila mandó a Marcinkus al exilio en Cicero, Illinois, donde murió en 2006 llevándose varios secretos.

El presente caso es más “laico”, pero no menos peligroso para un pontífice asediado por una serie de procesos asociados a abusos contra menores. Anemone, en efecto, tenía un testaferro, Angelo Zampolini, que compraba casas por cuenta de Claudio Scajola, ex ministro de Silvio Berlusconi hoy preso, Francesco Pittorru (general de la policía secreta) y Ercole Incalza.

Este grupo estaba vinculado a Angelo Balducci, de Propaganda Fidei, una prelatura muy ortodoxa. Los interrogatorios previstos para esta semana pueden ser una bomba de tiempo, pues se relacionan con dinero no declarado e ingresado en el Vaticano vía el instituto. Ahí entran en juego el sacerdote derechista Evaldo Martioli y Ettore Gotti, presidente del IOR.

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