«En España no hay obispos que disientan, pero millones de católicos sí»

El sacerdote y teólogo Benjamín Forcano reflexiona sobre la deriva de la jerarquía católica en España advirtiendo del distanciamiento que se está produciendo entre los obispos y los Evangelios que predican, y por tanto también de sus

Forcano expone en el artículo ¿Qué está pasando en la Iglesia? recogido por Público, cómo en España “no hay ningún obispo profeta que disienta y se atreva a hacerlo públicamente” de las directrices marcadas por la cúpula, cuando “son, sin embargo, millones los católicos que disienten y se distancian”, ya que “tienen muy claro que sus Pastores no proceden así por más fidelidad al Evangelio y por más amor los pobres”.

Menosprecio al pueblo
El teólogo recuerda algunos de los lamentos recientes por parte de los obispos de que se sienten perseguidos por el Gobierno y no queridos, para asegurar que seguirán faltos de afecto: “(…) mientras sigan encarnando ese modelo de Iglesia clerical, menospreciativo del pueblo, ajeno a la igualdad, la cercanía y la humildad para contar y aprender del pueblo”. “La Iglesia –clerical– ha sido mucho maestra y muy poco discípula”, advierte.

Los obispos “viven en otro mundo”
Para Forcano, una de las razones del distanciamiento puede estar en la razón argumentada por un sociólogo, y es que los obispos “no son creíbles porque viven en otro mundo, añoran hábitos hegemónicos de poder y dominio de otra época, no están dispuestos a despojarse –dejarse morir– para iniciar una adaptación que les haga valorar la nueva situación”. En este sentido, recuerda que el concilio Vaticano II "lo entendió perfectamente y, por primera vez, hubo una reconciliación oficial con el mundo moderno, con la democracia, la igualdad, el pluralismo y la libertad”.

Benedicto XVI, camino del preconcilio
Sin embargo, recuerda el teólogo que “el concilio vivió un conflicto entre una minoría conservadora y una gran mayoría renovadora” y que aunque los segundos ganaron al final la minoría conservadora fue ganando posteriormente, “contando con la aportación del entonces definidor de la fe, y hoy Papa”. Así, advierte de que “todo parece indicar que la Iglesia de Benedicto XVI con los vientos a favor camina hacia el preconcilio: da trato de favor a los neoconservadores, pone en entredicho el diálogo ecuménico, se sitúa de espaldas a la legítima autonomía de la cultura y de las ciencias, pospone, frente a problemas internos que han sido ya replanteados, las grandes causas de la humanidad que, por ser primeras y prioritarias, deben unirnos a todos”.

Iglesia autoritaria y conservadora
Forcano considera que “ese modelo de Iglesia autoritaria y neoconservadora, no servidora y anunciante de un Reino de hermanos y hermanas, en igualdad, libertad y amor, es el que dicta el regreso al pasado y el miedo a una auténtica inserción en el presente”.

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