En Bolivia 13 iglesias ingresan en las prisiones para captar a presos

Joaquín, quien roza los 60 años, tiene un pedido especial y se lo hace conocer al pastor de su Iglesia. Desea vehementemente que él ore para que Dios «ablande» los corazones de los administradores de justicia y puedan, en consecuencia, liberar a las personas de la tercera edad.

El pastor, quien celebra el culto en un ambiente de aproximadamente tres por siete metros, en el penal de San Sebastián Varones, acoge de buen agrado el pedido de este privado de libertad e invita a los asistentes a ponerse de rodillas para orar.

Una docena de personas se encuentra en este espacio de culto y cada una de ellas tiene entre sus manos una Biblia que hojea para buscar los versículos que les indica el pastor.

Se ponen de rodillas y rezan. La mayor parte anhela su libertad.

Representantes de al menos 13 iglesias ingresan en los siete penales de Cochabamba para predicar y prestar apoyo material, asegura el psicólogo de Régimen Penitenciario, Wálter Mamani Apaza.

“Las iglesias nos hacen llegar sus solicitudes para ingresar, con sus cartas de intenciones y el trabajo que van a realizar”.

Entre algunas de las iglesias que tienen permiso para ingresar en las cárceles, Mamani menciona las siguientes: Católica, Comunidad de los Hechos, Cristo Viene, Fuente de Agua Viva, Restaurando el Ministerio del Espíritu Santo, Movimiento Misionero Mundial, Jesús Esperanza Viva-AMIP, Cooperación Cristiana “Capilla Cbba”, Iglesia Adventista del Séptimo Día, Manos con Libertad, Hermana Helen, Asambleas de Dios y Casa de Dios.

DEVOCIÓN
Es sábado por la mañana. Los miembros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día han ingresado, poco a poco, a un espacio reservado para el culto semanal. Uno de los internos prepara el televisor en el que escucharán las canciones de alabanza y deja las biblias en una mesa, justo en medio de la sala.

Antes de la llegada del pastor al centro penitenciario, el interno responsable da inicio al culto.

La sala en la que se reúne este grupo de adventistas se encuentra en el segundo piso del penal, en un par de celdas que fueron habilitadas para este propósito. En este espacio hay un televisor, dos parlantes, dos floreros con rosas, libros sobre evangelización, bancos y afiches con mensajes sobre la esperanza y la paz.

A los costados de esta sala hay bancos y en el centro una mesa donde se colocan las biblias. Y justamente es Joaquín quien se encarga de ofrecer una Biblia a los internos que ingresan en la sala para ser parte del culto.

La primera actividad que realizan es escuchar en el televisor dos cánticos de alabanza a Dios.

Después de cantar, las 12 personas se dan la vuelta y se arrodillan para orar. Luego se ponen de pie. El guía les indica las partes de la Biblia que deben revisar. Cada uno de los internos lee una cita bíblica, tratando de que su voz sobresalga por sobre el ruido que llega desde la parte externa, del patio.

El pastor, quien ya ha llegado al centro penitenciario, reflexiona con los internos sobre temas como el servicio al prójimo y la palabra de Dios. Los asistentes escuchan atentamente y hojean las páginas de la Biblia.

En el penal de San Antonio, la eucaristía de la Iglesia católica tiene lugar en el patio del sector sur del recinto penitenciario, el día domingo, a partir de las 9.30 horas de la mañana.

La misa, celebrada por un sacerdote católico, se realiza en el patio principal, en un espacio de unos seis por 15 metros aproximadamente. El sacerdote se ubica debajo de un arco de fulbito y coloca todos los implementos para la celebración de la santa misa sobre una mesa.

Los privados de libertad de este penal se acomodan en sillas de plástico rojas.

El número de personas que se ha reunido para oír la misa en el penal sobrepasa la treintena.

Concentrados, los 30 privados de libertad rezan con devoción, y escuchan la homilía del sacerdote. Participan además en las lecturas. Cincuenta minutos después, el religioso da la comunión y despide a los privados de libertad, deseándoles que vivan en paz con la vida.

En el otro penal del Casco Viejo, en San Sebastián, también se celebra la eucaristía. A las 9 de la mañana, algunos de los privados de libertad se afanan por llegar hasta el tercer piso para ser parte de este servicio religioso.

Otros, los llamados taxis, buscan a los internos para reunirlos con sus visitas, mientras que algunos, ya instalados, disfrutan de un cálido desayuno junto con familiares que los visitan. El movimiento en el penal es dinámico.

En el gimnasio, que a esa hora oficia de capilla, cuatro internos acomodan las bancas y otro par de ellos deja a punto el altar en el cual una hora más tarde el cura oficiará la esperada misa dominical. Transcurren los minutos y poco a poco comienzan a llegar más privados de libertad. Algunos serios, otros risueños, los más, ataviados con sus mejores galas, barba rasurada, ropa limpia y con gomina en el cabello.

De un momento a otro, uno de los internos, que mira vigilante por la ventana grita: «llegó el cura», y el aviso sirve como alarma que enseguida quiebra la distensión imperante y rápidamente se ubican en las butacas para esperar al sacerdote: ordenados y sonrientes.

El religioso ingresa al gimnasio hasta llegar al altar y llama a iniciar la santa misa en nombre de Dios padre. Los internos, con una obediencia singular, siguen cada instrucción, y acto seguido comienzan el cántico «alabaré, alabaré». La eucaristía prosigue y los privados de libertad, con mirada penosa, observan al párroco que concluye con la bendición final.

ESPACIOS
Los cultos y las misas se realizan en diferentes ambientes, de acuerdo a las posibilidades de cada recinto penitenciario.

La exdirectora departamental de Régimen Penitenciario Rocío Quipildor asegura que las diferentes iglesias que quieran entrar en los penales deben enviar una solicitud a Régimen Penitenciario, la misma que es evaluada para su autorización.

Una vez que Régimen Penitenciario emite la autorización, se coordina con el personal de seguridad del penal y con el delegado de los internos para habilitar un espacio.

Quipildor señala que los centros penitenciarios del centro (Casco Viejo) cuentan con bibliotecas o capillas, que son multiuso, donde se celebran los cultos y las misas, de acuerdo a un cronograma.

CREDENCIALES
Los pastores de las iglesias tienen credenciales para ingresar en los penales cuando deben celebrar los cultos, tal como lo pudo evidenciar OPINIÓN durante una visita a una de las cárceles.

Un pastor, quien prefirió que no se publique su nombre, se acercó a la puerta de ingreso del penal, le informó a uno de los guardias que era miembro de una Iglesia, le mostró una credencial, recibió un par de sellos en la mano derecha, e ingresó al recinto penitenciario.

Por respeto a la Constitución Política del Estado, se permite el ingreso a la mayor parte de las iglesias, “porque hay libertad de culto, como Estado Laico”, asegura el psicólogo de Régimen Penitenciario Wálter Mamani.

FUNDAMENTAL
El apoyo de la religión es fundamental para una persona, especialmente para aquella que está privada de libertad, asegura Quipildor.

“El privado de libertad que se refugia en la religión recibe apoyo espiritual, mediante la palabra de Dios. Como ser humano necesita de palabras de aliento, aferrarse a algo y conseguir una esperanza de vida”.

BAJA LA TENSIÓN
Las personas que están recluidas en los penales sufren de crisis, según Quipildor, por lo que el apoyo espiritual que reciben por parte de miembros de las iglesias, les ayuda a reducir la tensión.

“Se ha visto que el apoyo espiritual ayuda a bajar los niveles de violencia en los centros penitenciarios”, según Quipildor.

El psicólogo de Régimen agrega que el apoyo espiritual, además de la prédica, es otro objetivo de las iglesias al ingresar en los penales.

“Su objetivo es captar feligreses, pero el apoyo de estas y otras instituciones permite bajar los niveles de ansiedad de los privados de libertad”.

El objetivo es que no pierdan la socialización con las instituciones de la sociedad y por eso se permite el ingreso de las iglesias y de otras organizaciones como la Cruz Roja.

OLLA COMÚN
Régimen Penitenciario destaca que la denominada olla común, que se organiza con el apoyo de las iglesias que ingresan en los penales es una actividad que beneficia a los privados de libertad.

La olla común, según Quipildor, beneficia especialmente a las personas que tienen menos recursos económicos.

“Reconocemos que la labor que realizan (las iglesias) es importante porque es de mucho beneficio ayudar al prójimo, mediante la palabra de Dios y, por otra parte, brindarles algunos insumos para mejorar su calidad de vida”.

Tres de cada diez

Un dato proporcionado por la Dirección Departamental de Régimen Penitenciario de Cochabamba da cuenta de que aproximadamente el 30 por ciento de los privados de libertad pertenece a una iglesia o congregación religiosa.

A los penales se permite el ingreso de diferentes iglesias, por la libertad de culto que hay en el país.

Apoyo integral

La Iglesia católica lleva una esperanza de vida a los privados de libertad, pero también soporte material: frazadas, ropa, y la orientación en trámites legales, según el voluntario de la Pastoral Penitenciaria, Frank Veverka.

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