El vicegobernador de Santa Cruz y otras autoridades, en la preparación de la conmemoración de los 500 años de la primera misa en la Argentina

Con el lema «Se acercó y sigue caminando con nosotros», Río Gallegos ha comenzado un Año Eucarístico Diocesano en preparación para los 500 años de la primera misa celebrada en territorio argentino, que ocurrió en abril de 1520, en la ciudad de Puerto San Julián, provincia de Santa Cruz.

Con un acto protocolar se dio inicio el 1 de abril el Año Eucarístico Diocesano. Se realizó frente a la embarcación Nao Victoria, en el punto cero, a orillas de la Bahía de San Julián.

Participaron distintas autoridades provinciales y municipales, entre ellas el vicegobernador de Santa Cruz, Pablo González, el intendente de Puerto San Julián, Antonio Tomasso, sacerdotes, diáconos y religiosas de la diócesis, abanderados de los colegios, y una numerosa convocatoria de fieles.

Al finalizar el acto, por cuestiones climáticas, la Eucaristía se celebró en la parroquia Sagrado Corazón, presidida por monseñor García Cuerva y concelebrada por el párroco, presbítero Daniel Mosqueda. Durante su homilía, el obispo expresó: «Así como aquellos hombres soñadores llegaron a estas tierras, con la tristeza por un lado y la desesperanza, porque todavía no encontraban el estrecho o el camino entre los dos océanos, pudieron recuperar fuerzas y seguir adelante porque tenían hambre de Dios, hambre de paz, hambre de tranquilidad, hambre de esperanza».

«Recuperando esos sueños, hicieron historia, dieron la vuelta al mundo. Hoy también estamos convocados nosotros, a tener hambre de Dios y ser capaces de soñar grande y de hacer historia por una Argentina mejor para todos», resaltó.

En el marco de esta fiesta, el cuarto domingo de Cuaresma, el pasado 31 de marzo, monseñor García Cuerva optó por visitar el basural de la ciudad de Río Gallegos y celebrar a sus puertas la misa dominical.

Numerosa concurrencia acompañó la celebración, integrada principalmente por gente de los barrios cercanos y de otros lugares de la ciudad. Las comunidades de migrantes acompañaron la celebración con danza, alegría y color.

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