El velo

¡ Qué interesante es la cuestión del velo que llevan las mujeres musulmanas !. Casi tan interesante como pasearse por cualquier ciudad europea, donde ellas lo hacen ahora y causa tanta conmoción, mientras pasan desapercibidos los anuncios en los que las mujeres occidentales muestras prácticamente toda su anatomía. Por no mencionar los que aparecen en las puertas y vitrinas de locales que se autodenominan “nigth clubs”, gogós o directamente como lugares donde se desnudan las mujeres y esto constituye un espectáculo.

¿Qué tienen que ver estas dos situaciones que parecen tan alejadas?

Algo ocurre, y ha ocurrido a lo largo de la historia de la Humanidad, con el cuerpo de las mujeres, de las singulares y del conjunto. Algo que tiene que ver con su exhibición o no y con una acepción del mismo vinculada muy estrechamente con lo prohibido pecaminoso.

Ahora, en España, como en casi todos los países europeos, la presencia de mujeres veladas en los espacios públicos está siendo vivida como un problema social. Algunos partidos políticos, que en su ideario proclaman el liberalismo más activo, en esta ocasión apuestan por la prohibición de llevar burkas o niqabs, aplicando, ahora sí, esa permisividad a la otra cara de la moneda de la visibilización, y eventual mercantilización, del cuerpo femenino.

El hecho de que las mujeres lleven velo puede abordarse desde muy distintos enfoques. Podemos pensar que es una tradición cultural, una imposición religiosa, un símbolo de sumisión, un compromiso libremente aceptado por su usuaria. Todos ellos pueden presentarse y no podríamos atribuir una escala de importancia o determinación simplemente al hecho físico de ver mujeres cubiertas completamente.

Sin embargo, me interesa destacar el último de los enfoques mencionados : una decisión libremente aceptada por las mujeres que lo llevan. Una vez más conviene recordar que el ejercicio de la libertad personal debe ir acompañado, para que este derecho sea real, de una situación, de un marco que permita una decisión y su contraria sin merma de la consideración social, ni de las garantías de seguridad que todas las personas deberíamos tener en el ámbito privado y público.

Habría que contrastar, con quienes creen que las mujeres que usan burka y similares lo hacen libremente, contando incluso con ellas mismas, si tienen así mismo la posibilidad de salir y entrar de su casa, trabajar o no, acceder a una vida relacional voluntariamente elegida, usar servicios de salud, practicar deporte, etc.. Tal vez entonces tendríamos un cuadro más aproximado y real de la libertad de su decisión.

Una aproximación al tema del velo tiene que intentar establecer cuánto tiene de símbolo religioso o de muestra de una identidad cultural. En todo caso, es una prescripción de una determinada forma de vestir para las mujeres, situación interesante, ya que, sin embargo, se constata, por el contrario, la fácil integración “vestimental” de los varones en las sociedades no mayoritariamente musulmanas.

Sobre este asunto, como con todos, las soluciones simplificadas no ayudan a la formación de opiniones rigurosas. Por tanto, hay que decir que, como tal símbolo religioso, no hay unanimidad en su aceptación; como elemento de una identidad cultural, algo más difuso, pero no menos operativo, creo que éste tiene mayor peso y es interesante destacar que aquellas mujeres que lo llevan, en general, son consideradas más respetables. Destacar cómo su uso se instala en la edad del tránsito de la niñez a la pubertad, momento en el que entran, según conceptúan los y las profesionales de la sociología, y así es, en el “mercado matrimonial” con todas las consecuencias que ese hecho tiene y al que deben acceder con los estándares de respetabilidad que, en una sociedad fuertemente machista, el velo garantiza. No olvidemos que en muchas sociedades, y en las más vinculadas al uso del velo de manera preponderante, el honor de la familia y, sobre todo el de los varones, se dirime a través de una idea de la honestidad muy restrictiva de la libertad y de la sexualidad de las mujeres.

En otros países de Europa, donde nos llevan un cierto adelanto cronológico en la llegada de personas de otros entornos, han dado soluciones distintas. Respecto del chador y los otros velos que permiten una identificación de la mujer que los lleva, en Alemania han optado por la permisividad en los espacios públicos, salvo para docentes y funcionarias; Francia, en su tradición laica, ha prohibido legalmente y con carácter general la exhibición de símbolos religiosos o partidarios en el sistema escolar, considerando el velo como unos de ellos; en Turquía, no se permite su uso en la Universidad y la protesta de las estudiantes, que quieren llevarlo, se fundamenta en que lo consideran una parte de su identidad. Con el burka, la situación es distinta y sólo en Francia se está acometiendo su prohibición en espacios públicos, por parte de su Consejo de Estado, en contra del parecer del dictamen de sus instancias jurídicas del más alto nivel.

En España no hay una regulación de carácter general sobre el tema. Parece que nos queda aún mucho tiempo para que nuestras autoridades representativas aborden la cuestión de las simbologías religiosas, en los espacios que son comunes, si consideramos el velo un símbolo de este carácter . Tal vez en ese viaje tuvieran que poner en el mismo rango a todas las religiones y eso………… lo dicho, queda lejos.

Algunos ayuntamientos han aprobado reglamentaciones para prohibir, mas allá de la esfera privada, el velo “total” que no permite saber quién lo porta. En estas iniciativas podría haber más de xenofobia que de intento liberador de las mujeres que, por otra parte, ellas solas saben abordar.

En los centros de enseñanza no hay una postura común. Las personas con responsabilidades educativas de ámbito estatal y autonómico no han mostrado su parecer ante las alumnas que se tapan con un velo, y son los Consejos de los Centros los que han tomado decisiones frente a situaciones concretas. Algunos casos han trascendido a los medios, sobre todo en aquellos casos en los que se ha prohibido su uso, llegando a expulsar a alumnas que han sido integradas en otros próximos. ¿Es esto lógico, aconsejable?

¿Qué laicismo es éste que sólo se aplica para una religión y sólo en algunos lugares? Sea bienvenido, pero que sea para todas las creencias religiosas y no sólo para el espacio educativo.

Finalmente, no se debe de olvidar que este asunto del velo tendrá que ser contemplado desde algunas perspectivas : en el contexto de la respuesta que demos en nuestra sociedad al fenómeno migratorio, en el respeto a los derechos de las mujeres y en el necesario avance de la extensión del laicismo en la sociedad española.

Rosario Segura. Europa Laica

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