El Vaticano, un actor clave para resolver la masacre de palotinos

«No sólo hace falta pedir perdón, sino actuar sobre hechos concretos», señaló el ex cura Roberto Killmeate sobre el «compromiso» entre la Iglesia y la dictadura.

El mismo día que se conoció la sentencia por el asesinato del obispo Enrique Angelelli se cumplió un nuevo aniversario de otro crimen de la dictadura cívico-militar contra sacerdotes tercermundistas. Son 38 los años que pasaron de la llamada Masacre de San Patricio, ocurrida el 4 de julio de 1976. Un hecho que  continúa impune.

La causa judicial por el fusilamiento de los sacerdotes palotinos Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Duffau, y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti,  continúa en su etapa de instrucción luego de casi cuatro décadas. Como sucedió en el juicio por el homicidio de Angelelli, tanto desde la justicia como en la comunidad palotina esperan que el Vaticano finalmente entregue documentación que aporte datos que permitan la resolución de los asesinatos.
 
"La Iglesia argentina todavía no se sacude los polvos que la comprometieron con la dictadura. No sólo hace falta pedir perdón, sino actuar sobre hechos concretos. Algún documento la Iglesia debe tener guardado bajo llaves y, si pudiéramos acceder a él, sería muy bueno", destacó ante Tiempo Argentino Roberto Killmeate, ex cura palotino que sobrevivió a la masacre. 
 
Killmeate declaró en la causa como testigo al igual que Mariano Pinasco, sacerdote palotino de la comunidad de San Patricio, quien también resaltó la necesidad de acceder a la documentación oficial. 
Días después de la masacre, según reveló un cable secreto filtrado por WikiLeaks, el nuncio apostólico durante la dictadura, Pío Laghi, detalló a la Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires que los autores habían sido agentes de las fuerzas de seguridad del régimen de Jorge Videla. "Sin orden oficial de sus superiores" con el objetivo de "limpiar la Iglesia", expresó el prelado. 
 
"Hay que esperar 75 años para abrir los archivos del Vaticano, por eso consideramos que sería interesante poder ver los archivos del informe que mandó allí Pío Laghi", consideró Pinasco. 
 
En diciembre pasado, el sacerdote pudo hacerle este pedido en persona al Papa Francisco. Aunque todavía no hubo avances, confía en que la cercanía de Jorge Bergoglio con una de las víctimas, el párroco Alfredo Kelly, podría allanar el camino. Bergoglio fue el director espiritual de Kelly y participó en el homenaje en 2001 por los 25 años de la masacre, donde aseguró que sería el primero en atestiguar a su favor si se iniciara su canonización.
 
LA CAUSA JUDICIAL. Casi 40 años después, los investigadores tienen la difícil tarea de reconstruir el crimen y encontrar a los responsables. La instrucción se realiza en el Juzgado Federal 12, de Sergio Torres, que instruye la megacausa ESMA, que debe determinar si la patota de ese centro clandestino de detención de la Armada tuvo responsabilidad en el hecho. Esa versión la aportaron los sobrevivientes de la ESMA Graciela Daleo y Andrés Castillo, quienes escucharon al marino Antonio Pernías jactarse de haber participado. Esos indicios aún no pudieron ser corroborados. En el juzgado de Torres se realizan varias medidas para intentar dar con más información. 
 
Luego de que declararan los miembros de la comunidad palotina, lo hicieron varios sobrevivientes de la ESMA, cautivos durante y después del 4 de julio de 1976, aunque no recordaron detalles que aporten al caso. Ya atestiguaron Liliana Pontorieros y Laura Reboratti, secuestrada ese mismo día, así como Carlos Loza, Marta Álvarez y Alfredo Buzzalino.
 
Las pericias de las armas que se utilizaron son una de las medidas más importantes. El juzgado cuenta con un informe del Ministerio de Defensa sobre el armamento que usaba cada fuerza durante la dictadura. El peritaje servirá para hacer los análisis de rigor sobre las víctimas palotinas y confirmar o descartar la participación de la Marina en el hecho.  

El juzgado también sigue la pista de que el crimen fue una venganza de la Policía Federal por el atentado sufrido en Coordinación Federal dos días antes. En las paredes de la Iglesia de San Patricio, apareció junto a los cuerpos la inscripción "Por los camaradas dinamitados en Seguridad Federal". Esa misma semana se produjeron al menos tres fusilamientos como represalia, por lo que los investigadores solicitaron al juzgado de Daniel Rafecas copias de las autopsias de esos hechos para compararlas con las existentes de los religiosos.

masacre de san patricio dictadura argentina 1976

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