El Vaticano se escribe en masculino

Arregui pide una estructura en la Iglesia «que no sea sacerdotal», es decir que mayor protagonismo a la mujer

La hermana Josune es anticlerical. No se asusten. Cuando esta monja carmelita de la Caridad Vedruna habla de clericalismo se refiere a la estructura de la Iglesia donde, se queja, "al final todo depende de un sacerdote". Un sistema para el que demanda un cambio: "¿Por qué tiene que tener tanto poder el sacerdocio? Hay que buscar una estructura que no sea sacerdotal".

En otras palabras, una forma de proceder que dé mayor protagonismo a la mujer dentro de la Iglesia porque, a pesar de que del millón de religiosos que hay en el mundo 800.000 son mujeres y 200.000 hombres, son las primeras las que siguen relegadas a un segundo plano. Una demanda a la que tendrá que hacer frente el nuevo Papa.

Las mujeres tampoco tienen voz ni voto en el cónclave que elegirá al sucesor de Benedicto XVI, pero Josune Arregui, que ejerce como secretaria general de la Unión Internacional de Superioras Generales –una organización que agrupa a líderes de 2.000 órdenes religiosas femeninas con presencia en más de 90 países– tiene claro lo que espera del nuevo pontífice: "Quisiera un Papa creyente y valiente. Creyente en el sentido de que mirara desde el punto de vista de la fe. También le pido a Dios que no nos toque un Papa de esos que sólo saben mirar hacia atrás".

Y es que para la hermana Josune sólo cabe mirar hacia delante. Todavía hoy, en 2013, muchas monjas viven dedicadas a servir a curas y obispos o, como sucedió durante la ceremonia de consagración de la Sagrada Familia de Barcelona, en noviembre de 2010, a limpiar el suelo y el altar y colocar manteles y flores. "En aquella ocasión protestamos por carta ante la Conferencia Episcopal porque consideramos indigno que nos utilicen para eso y que proyecten esa imagen de nosotras", explica la religiosa.

Sentada en la sala de estar de la Curia General de las Vedrunas en Roma, la hermana Josune se afana en reivindicar el papel de la mujer dentro de la Iglesia, pero no se olvida de otros retos a los que tendrá que enfrentarse el nuevo Papa, como son el desprestigio creciente de la institución eclesiástica o la secularización. "Se nota mucho más en España que en Italia, desde lo que publica la prensa hasta el ambiente que se respira en la calle. Cuando vuelvo siempre noto ese desprestigio, esa sensación de que sobramos todos los que nos dedicamos a la vida religiosa", se lamenta antes de reivindicar el papel que realiza la congregación a la que pertenece desde hace 50 años: "Están las misiones, el trabajo que se hace en orfanatos, en barrios de favelas, los proyectos educativos que tenemos en marcha… Somos 2.000 vedrunas y tenemos presencia en una veintena de países".

Josune Arregui no elude ninguna pregunta, habla alto y claro, sin pelos en la lengua. No tiene miedo a ser reprendida por El Vaticano como lo fue el cardenal Christoph Schönborn, presente en el cónclave, y al que Benedicto XVI abroncó después de que el austriaco hablara sin tapujos de un caso de pederastia dentro de la Iglesia. "Yo digo lo mismo que diría delante del Papa. Además, yo no soy un teólogo, soy una mujer, por tanto a mí no me tienen en el ojo del huracán", explica la religiosa eludiendo cualquier similitud con Schönborn. Los separa una distancia insalvable, él es un todopoderoso cardenal y ella sólo una mujer.

A pesar de estar entre los papables, la hermana Josune no incluye al arzobispo de Viena en su quiniela pontificia: "Podría ser un Papa que viniera de América Latina que es la región donde hay más cristianos. Tal vez el hondureño Rodríguez Maradiaga. También se habla mucho de los cardenales estadounidenses pero entre Obama y el Papa sería demasiado sometimiento al imperio, ¿no?".

Josune Arregui

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