El Vaticano corrige a Rouco

El Vaticano es siempre cauto, pero la visita del cardenal Bertone indica algo: Roma ha aplicado un correctivo al cardenal Rouco.

 El distanciamiento viene de lejos. El vendaval laicista de la pasada legislatura molestó –y mucho– en Roma. Pero una cosa es manifestar disgusto. Serio. Y otra, un choque frontal con el Gobierno de un país de mayoría católica, donde muchos católicos votan PSOE (o PSC) y la Iglesia conserva sólidas cotas de poder. Zapatero enarboló la bandera del laicismo pero tampoco quería la guerra. Pruebas: el nombramiento de Vázquez, un socialista católico (y cercano al Opus) como embajador en el Vaticano; la asistencia de la vicepresidenta y de Bono a canonizaciones y el ventajoso pacto de financiación negociado por Fernández de la Vega con Cañizares, un obispo duro pero respetuoso del César.
Pero el arzobispo de Madrid impuso el choque. Con malos modos. Martínez Camino, su chuti, no dudó en utilizar la radio de la Iglesia para despiadados ataques contra el PSOE. Y Rouco animó a Acebes (no lo precisaba) a usar la religión como arma. De ahí las manis de obispos y la nota episcopal –en plena campaña electoral– incitando a no votar socialista por la negociación con ETA. Fue tan exagerado que el nuncio del Vaticano se apresuró a reunirse con ZP. Y la COPE le acusó de amistades masónicas.
¿Qué pasa hoy? ZP ha vuelto a ganar y Roma cree más rentable negociar que disparar. ZP quiere seguir su programa pero no desea conflictos y la vicepresidenta es una negociadora firme pero flexible. Rajoy cree que debe suavizar (sacar gente a la calle no gana elecciones). Y, lo mas extraño, Rouco está inflexible y sus palancas de poder siguen al ataque. La célebre radio episcopal no solo ridiculiza a ZP, sino que hace mofa de Rajoy y se mece con entusiasmo entre la derecha que quiere jubilarle. Y al líder del PP, hombre tranquilo, se le han inflado las narices. No quiere mangoneos de sotanas.
En este cuadro (sin Bush y con Obama), Bertone ha hablado. Roma negociará con la dureza necesaria para defender el credo y la intendencia, pero no quiere guerras. Si alguien guerrea, lo hará por cuenta propia. Y los obispos tienen oído. Además, Roma ve que la Iglesia catalana, moderada y plural, es tratada con guantes de seda por el socialista Montilla. Y que la vasca se entiende con el PNV. Piensan que "mientras Dios nos castigue con ZP, mejor marcarle que dispararle". Y más si los que quieren liquidarle bordean el ridículo e irritan incluso al jefe de la derecha.
Hoy la indisimulada incomodidad con Rouco es un sentimiento compartido entre el líder conservador y el socialista. Y no sería vaticanista seguir incubando irritación en los dos grandes partidos.

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