El Vaticano apoya juzgar a los curas pederastas en tribunales ordinarios

El prefecto del clero reitera la tolerancia cero ante los abusadores Serán excomulgados y, además, quedarán sometidos a las penas civiles Es la primera vez que un «ministro» del Papa defiende esta posibilidad

Tolerancia cero del Vaticano hacia los sacerdotes pederastas y abusadores. Lo reitera, una vez más, el prefecto del clero, el cardenal Claudio Hummes, en una entrevista en ‘L’Osservatore Romano’. Advierte el purpurado que los casos comprobados deben pasar a la Justicia ordinaria, porque esos comportamientos «hieren en profundidad el corazón de la Iglesia«, aunque también invita a no generalizar.

Es la primera vez que un ‘ministro’ del Papa evoca los tribunales ordinarios para este tipo de delitos. Es decir, los curas que cometan el «gravísimo crimen» de la pederastia ya no sólo serán juzgados por las leyes eclesiásticas del derecho canónico, sino que serán entregados también a los tribunales civiles.

Y por lo tanto, los curas abusadores podrán ser doblemente castigados. Eclesiásticamente, con la reducción al estado laical y con la excomunión. Civilmente, con las penas previstas en los códigos penales ordinarios.

Hay que recurrir a la Justicia ordinaria para «dilucidar objetivamente las responsabilidades» de los sacerdotes culpables de pederastia o de abusos sexuales, advierte el cardenal de la Curia.

Se refiere, en concreto, al escándalo de los curas pederastas de Irlanda y confiesa que es «un hecho dolorosísimo», que hiere a las víctimas y a la propia Iglesia. Se trata de «actos gravísimos y delictivos, que la Iglesia no puede tolerar jamás, en ningún caso».

Y condena, además, la connivencia de algunos prelados irlandeses como una «dolorosa experiencia», cuya responsabilidad «asumieron algunos obispos renunciando a sus sedes».

Eso sí, Hummes invita a no generalizar y no colocar en el mismo saco a todos los sacerdotes. «La amplísima mayoría de los sacerdotes del mundo son personas dignas, entregadas a su ministerio y dispuestas a gastar su vida por el Evangelio», señala.

Pero, como reconoce el propio cardenal, esas vidas entregadas al máximo «no son noticia» en una sociedad «poco dada a llegar hasta el fondo en la búsqueda de la verdad» y a contar «todo lo bueno que hace la inmensa mayoría de los sacerdotes».

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