El tráfico vaticano de matrimonios

Cobra por casarlos, y les dice que han adquirido un vínculo indisoluble. Se lo dice a los pobres. A los ricos les cobra por anularles el matrimonio

Francisco  Rivera Ordóñez se casó este 12 de julio, según el ritual catolicorromano, en la capilla de la Esperanza de Triana, en Sevilla, con Lourdes Montes. Puede hacerlo porque el Tribunal Eclesiástico Metropolitano de Sevilla ha anulado, con fecha 27 de marzo de 2014, su matrimonio con Eugenia Martínez de Irujo, celebrado según el ritual catolicorromano el 23 de octubre de 1998 en la catedral de Sevilla. Ese matrimonio fue rato y consumado, puesto que al año nació su hija Cayetana.

    No voy a escribir una crónica rosa, sino sobre la desvergüenza de la Iglesia catolicorromana, que mantiene un canallesco tráfico de anulaciones matrimoniales para las gentes ricas. Lo es Francisco Rivera, hijo y nieto de toreros y torero él mismo, aunque gana más dinero como muñeco de feria de vanidades.

   Sin ir más lejos, el lunes 14, a los dos días de su matrimonio religioso, cobró 13.000 euros por aparecer en un desfile de modelos, con la condición de no sufrir ninguna rueda de Prensa, según informa la revista Vanitatis. Como además vende las exclusivas de sus bodas y de sus divorcios, ya no tiene necesidad de ponerse ante un toro, no le vaya a suceder lo mismo que a su difunto padre.

   Ya había vendido la exclusiva de su matrimonio civil con Lourdes, celebrado en el Ayuntamiento de Sevilla el 3 de setiembre de 2013, y del esperpéntico banquete, con los invitados vestidos de gran gala, celebrado en Ronda el día 14. Hace bien, puesto que hay revistas que pagan miles de euros por embrutecer las mentes de sus lectoras con esas bazofias.

Drogas baratas para ellos y ellas

   En este bárbaro reino los toreros son celebridades, mientras los científicos se mueren de hambre si no tienen la fortuna de irse a trabajar a un país civilizado. Se edita una docena de revistas, calificadas de rosas o del corazón, con noticias sobre esa gentuza de la conocida como alta sociedad, la más baja escoria imaginable. En este salvaje reino existen pobres mujeres semianalfabetas que se deleitan leyendo, o más bien mirando las fotografías que muestran en esas revistas cómo viven los ricos, mientras sus maridos semianalfabetos se drogan viendo los partidos de fútbol en el televisor.

   Nadie espere que el Gobierno haga algo por mejorar la educación del pueblo. Todo lo contrario: cuanto más ignorante sea, menos pensará en las desigualdades sociales, y en los motivos por los que debe mantener a una ociosa familia irreal que bien sabe buscarse la manera de aumentar sus riquezas. Y a la Iglesia catolicorromana también le conviene el embrutecimiento del pueblo, al que le cobra por todos los supuestos servicios que le hace, desde el bautismo al nacer hasta el funeral al morir. En medio se halla el matrimonio, del que ha hecho un sacramento y considera indisoluble. Para los pobres solamente. La única confesión cristiana que estima al matrimonio de sus fieles un sacramento es la secta catolicorromana. Las demás lo aceptan como un contrato celebrado ante la comunidad eclesial.

   El Vaticano aprovecha todas las oportunidades para sacar dinero a sus crédulos. Cobra por casarlos, y les dice que han adquirido un vínculo indisoluble. Se lo dice a los pobres. A los ricos les cobra por anularles el matrimonio y declarar a los excónyuges libres para contraer otro canónicamente. Las causas de nulidad, según el Código de Derecho Canónico, son tres: defecto de forma, celebrado con impedimento, o con vicio de consentimiento, según los cánones 1083 a 1108. El vicio de consentimiento permite cualquier tipo de interpretación, y por tanto la anulación.

El coste de la anulación

   En el Tribunal Eclesiástico Metropolitano de Madrid, que tomo como referencia, el casado canónicamente que desea dejar de estarlo debe pagar unas costas de 800 euros, incrementándose en 300 euros por cada capítulo de nulidad, más los honorarios de los letrados. Si se realiza pericia, hay que sumar 350 euros más por cada pericia realizada, a cargo de un profesional nombrado por el mismo Tribunal Eclesiástico. Además debe abonar sus honorarios al procurador y al letrado. Que prepare alrededor de 2.000 euros el que quiera volver a ser soltero de toda la vida. Si la parte demandada se opone habrá de pagar 400 euros, más las pericias a 350 euros cada una.

   Obtenida la doble sentencia conforme, se notifica a las parroquias en donde se casaron y bautizaron los exesposos, para que la inscriban en los libros correspondientes, gestión que cuesta dinero, como es lógico. Pero como en la mafia catolicorromana todo es posible, cuando se trata de esquilmar a sus crédulos, la sentencia puede añadir lo que denominan un vetitum para contraer otro matrimonio canónico, lo que deja al anulado soltero de toda la vida, aunque sin capacidad para casarse canónicamente. No importa, todo está previsto: mediante una serie de requisitos con sus correspondientes pagos es posible levantarlo.

   Y queda un último recurso de apelación, si no se está de acuerdo con la sentencia, ante el Tribunal Apostólico de la Rota Romana, radicado en el fantasmal Estado Vaticano. Eso solamente al alcance de los muy ricos.

  Jesucristo adoctrinó a sus apóstoles diciendo: “Gratis recibisteis, dad gratis” (Mateo, 10:8). Eran otros tiempos, aún no existía el Estado Vaticano con su curia, su banco, sus empresas multinacionales, y su reserva de oro custodiada en los Estados Bandidos de Norteamérica.

   ARTURO DEL VILLAR.   PRESIDENTE DEL COLECTIVO REPUBLICANO TERCER MILENIO

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