El teólogo Juan José Tamayo dice que España está gobernada por «la Triple Alianza: Gobierno, Opus y Conferencia Episcopal»

El cardenal Ratzinger le condenó hace un año y le convirtió en una estrella mediática. Elevado a la categoría de teólogo no sólo disidente sino proscrito, Juan José Tamayo no se deja silenciar y proclama, alto y claro, que, finalizado el matrimonio franquista entre el trono y el altar, «España sigue gobernada por la Triple Alianza: Gobierno, Opus y Conferencia Episcopal».

Su libro «Adiós a la cristiandad» (Ediciones B) es, como señaló el presentador y ex ministro socialista de Educación, Gustavo Suárez Pertierra, una obra de «teología política», en la que el autor pasa revista a los cambios producidos en la esfera religiosa durante las tres últimas décadas. Y como en él suele ser habitual, Tamayo no se anda con paños calientes. Asegura, por ejemplo, que la Iglesia española ha pasado de ser «espacio de libertad» en tiempos de Franco a «lugar de todas las exclusiones, donde no se respeta ni el pluralismo ni los derechos humanos».

A su juicio, la Iglesia católica «vive hoy su Edad de Hierro, al transgredir muchos derechos humanos, como los de asociación, expresión, reunión, imprenta, libertad de cátedra o libertad de conciencia». Y pone ejemplos concretos. Como la censura de una conferencia de Hans Küng por parte del cardenal Carles o la existencia de más de 500 teólogos a los que se le ha prohibido dar clases en todo el mundo.

   Los culpables de esta situación de añoranza del modelo eclesial «medieval» son tres: Juan Pablo II, sus jerarcas y los nuevos movimientos neoconservadores. El primero puso en marcha la «involución» eclesial hacia posturas anticonciliares. Secundado entusiásticamente por el episcopado español, al que Tamayo acusa de ser «el más conservador de Europa».

   La añoranza de la vieja cristiandad se asienta, en tercer lugar, en los movimientos neoconservadores, capitaneados por el Opus, que «son el brazo largo del Papa polaco, mantienen a los cristianos en una fe crédula y legitiman el sistema jerárquico piramidal eclesial y el sistema neoliberal social».

   Ante esta situación, los cristianos huyen de una «Iglesia premoderna, que condena la laicidad», mientras los obispos siguen aferrados a los privilegios del pasado y «consiguen todo lo que quieren del gobierno del PP». Según Tamayo, la jerarquía española «vive hoy instalada en una ambigüedad calculada, que le reporta pingües beneficios de poder. La sombra de la jerarquía sobre la vida política es todavía muy alargada, y los políticos siguen mirando con el rabillo del ojo a los obispos en espera de que aprueben sus conductas políticas o de que, al menos, no las reprueben». Vuelve la vieja alianza del trono y el altar.

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