«El símbolo del sometimiento de las mujeres» y el anteproyecto de Ley de Libertad Religiosa

La polémica desatada por la asistencia a clase de una menor portando el velo islámico, en un centro que tiene como norma que los alumnos no pueden asistir a clase con la cabeza cubierta, corre el riesgo de convertirse en un germen para la intolerancia.

En ningún caso el derecho a la educación puede cuestionarse o limitarse pero como mujer no puedo evitar rebelarme ante un pañuelo que representa la renuncia a la igualdad y que es un síntoma visible del sometimiento y la discriminación. No obstante considero que no se le puede negar ni a Najwa ni a nadie la igualdad de oportunidades en el ámbito educativo o en cualquier otro ámbito.

¿Uso voluntario?
La polémica desatada por la prohibición a una alumna de asistir a clase con el pañuelo islámico vuelve a poner sobre la mesa la conocida como “guerra del velo”. Najwa, una adolescente de 16 años que profesa la religión musulmana asegura que utiliza el hiyab, pañuelo islámico, porque le gusta y por sumisión a su dios pero ¿qué grado de voluntariedad “real” hay en su decisión?

Es en todo momento el padre de la joven, “curiosamente” no su madre, quien respalda con vehemencia el “derecho” de su hija a utilizar una prenda que Wassyla Tamzali, abogada argelina ex directora de los derechos de las mujeres de la UNESCO, califica como “el símbolo del sometimiento de las mujeres”.

Velo y burka, diferentes grados
Escuchamos de boca de un ministro que “no es lo mismo un burka que un velo” pero lo cierto es que la única diferencia es la de grado. El uso del hiyab, al igual que el uso del chador, del niqab y del burka, busca la ocultación, en parte o en su totalidad, del cuerpo de la mujer en los espacios públicos lo que supone el acatamiento de la sumisión por parte de las mujeres y jóvenes que lo utilizan. El hecho de que en algún momento fuese utilizado voluntariamente por algunas mujeres como elemento reivindicativo no le resta ni un ápice del simbolismo que representa. En palabras de Celia Amorós “El velo desindividualiza completamente a la mujer, la despersonaliza y representa un símbolo de la asignación estructural de la mujer al espacio privado”.

Es una práctica habitual de todas las religiones monoteístas tratar de difundir su ideología totalitarista enmascarada bajo el manto de los mandamientos religiosos. Hanifa Cherifi, representante del Alto Consejo Francés para la Integración, alertaba (entrevista publicada en el diario Le Monde en el año 200 y traducida por Monserrat Boix "El velo es una trampa que aísla y margina") de la fortísima presión que sufren las jóvenes musulmanas hasta que aceptan el uso del velo. “…La cuestión del velo es solamente un síntoma… El Corán establece el lugar de la mujer y no el de la ciudadanía. Ante la ausencia de otras respuestas, las mujeres sacrifican su libertad en beneficio de la cohesión de la comunidad”.

Cherifi establece un claro paralelismo entre el uso del velo y el uso del burka diferenciados únicamente por el grado de ocultación y no por la naturaleza de la misma. Sin embargo en ocasiones es peor el remedio que la enfermedad porque impedir que una niña acuda a clase por llevar velo es condenarla a permanecer en un ambiente que va a seguir presionándola para que mantenga “libremente” el uso del hiyab aún a pesar de la inevitable sospecha sobre la pretendida “voluntariedad” de su uso.

La futura Ley de Libertad Religiosa
El caso de Najwa reavivó el controvertido debate sobre el uso de símbolos religiosos en los centros educativos. Como telón de fondo de esta polémica asoma la esperada Ley de Libertad Religiosa que como ya adelantó Caamaño es “una ley orgánica, que no regulará todo, se quedará antes, en la estructura de los derechos” De lo que se deduce que aunque fuese una ley vigente no habría aportado soluciones en este caso o en casos similares porque la futura ley va a regular el uso de los símbolos religiosos en los espacios público pero no la utilización que se haga de los mismo a nivel individual. “Esta ley busca igualar las cosas, no es lo mismo el símbolo religioso en el espacio público que el que pueda llevar una persona a modo personal, no es lo mismo que los ponga el Estado que los porte una persona, son pronunciamientos distintos. Con lo pagado con nuestros impuestos es otra cosa” .

Mucho me temo a tenor de estas declaraciones y de otras parecidas que el tan traído y llevado anteproyecto pretende ser lo que Lorena Bajatierra calificó en un reportaje de Cambio 16 como "Café para todos".

Le falta quizá a este gobierno la valentía para afrontar el establecimiento de un Estado laico. Se prevé que la nueva ley establezca una relación igualitaria de privilegios entre los diferentes credos en lugar de la eliminación de los mismos, lo que supondría el cambio del actual Estado aconfesional a un Estado pluriconfesional que no laico.

Pilar Rego es educadora social y bloggera

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