El sexólogo Fernández de Castro aboga por acabar con el celibato

Explica que surgió para evitar una dinastía sacerdotal

El psicólogo y sexólogo Fernández de Castro ha dedicado buena parte de su vida profesional a estudiar el sexo a través a lo largo de la historia y acaba de publicar El cristianismo desmitificado: estudio de la sexualidad en tiempos de Jesucristo. Explica que en la Biblia no se considera pecaminoso el sexo, que resulta “impensable” que Jesús fuera soltero y que el celibato debería desaparecer en la actualidad. Sabe de lo que habla porque estudió en un seminario más de cinco años para dedicarse al sacerdocio. En la imagen, pintura que representa el encuentro entre María Magdalena y Jesús resucitado.

Educado en el “fanatismo católico de misa y comunión diarias” como él mismo explica, Chimo Fernández de Castro iba para sacerdote, pero a los 29 años abandonó el seminario tras caer enfermo. Se casó, estudió psicología, historia medieval y sexología y se dedicó a la docencia.

El sexo no es pecado en la Biblia
Fernández de Castro ha investigado en profundidad la historia de la sexualidad, especialmente la Biblia, según recoge La Vanguardia en una entrevista. Así, señala que “la Biblia está cuajada de sexo y no lo pecaminiza”, salvo algunas prácticas concretas, como la zoofilia, el onanismo y la homosexualidad, conductas que condena en realidad “por despilfarro de semen”, ya que “Yahvé les ordena ser fértiles”.

Ni la mujer del prójimo ni su buey
También estaba penado el adulterio femenino pero “por afrentar al marido-patriarca”, señala Fernández de Castro, que indica que cuando los mandamientos prohíben codiciar la mujer del prójimo equipara a la esposa con cualquier otra propiedad del hombre, “como la casa, el apero, el buey, el asno”.

El celibato, concesión política
El sexólogo también señala que no se podía ser rabino judío sin estar casado y que “es impensable un Jesús soltero”, indicando que María de Magdala emplea con él el mismo apelativo cariñoso “que las esposas de rabino empleaban con sus maridos”. Explica que el celibato fue una concesión política de los sacerdotes cristianos al emperador romano Constantino para garantizarle que no formarían “una dinastía sacerdotal sagrada como la judía o la egipcia”. Añade que por eso urdieron “ese perfil de un Jesús célibe” y que en la actualidad habría que “suprimir el celibato” y “borrar el sexo de la lista de pecados”.

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