El sentido religioso de la política

Hace unas semanas tuve el gusto de oír al teólogo Benjamín Forcano. Coincidí con él en un acto político en el que se intentaba debatir sobre las alternativas ideológicas de la izquierda. Forcano nos regañó a todos los que habíamos intervenido antes por no haber aludido a la energía revolucionaria de la fe religiosa. Confieso que me irritó su intervención y que me pregunté a mí mismo durante unos días el motivo de esa irritación. Respeto a Benjamín Forcano, coincido con él en muchas de sus batallas; así que merecía la pena preguntarme el motivo de mi incomodidad cuando situó la religión en medio del debate político.

Admiro a muchos cristianos y coincido con ellos cuando protagonizan movimientos de solidaridad con los inmigrantes, los refugiados, los niños sin escolarización y sin juguetes… Pero sé que lo que me une a ellos no es Dios, sino la suerte de los inmigrantes, los refugiados y los niños sin escolarización y sin juguetes. Coincido con ellos por su amor, no por su Dios, que me irrita sin que yo pueda remediarlo.

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