El retrato de Franco, el de José Antonio y el crucifijo. Construcción de la identidad nacional en los escolares de posguerra

Resumen

La memoria de los escolares de posguerra guarda el recuerdo de una infancia marcada por la huella del nacionalcatolicismo. La estrecha vinculación entre la Iglesia y el Estado, tras el fin de las hostilidades, sentó los cimientos para la construcción de la identidad nacional en los estudiantes. En el artículo que presentamos, analizamos la narración de las vivencias infantiles del grupo de población nacido durante la guerra, para recomponer cómo fue transmitido ese ideario, a través de la interacción entre el estudiante y su contexto más próximo. A partir de la metodología biográfico-narrativa, –centrada en cuatro relatos de vida realizados a dos hombres y dos mujeres de clases populares, cuya infancia se enmarca en los años cuarenta– profundizamos en la consolidación del ideario político, religioso y moral franquista, a través de las enseñanzas que los niños y las niñas recibían en la escuela y se potenciaban a partir de otros conocimientos no formales, aprendidos desde las relaciones familiares y sociales. Constatamos que el uso de las fuentes orales desvela la conformación de elementos muy relevantes de la construcción de la identidad nacional, en especial los más propiamente subjetivos, como los procesos de naturalización de la discriminación, la asunción de la arbitrariedad del poder o el valor de las rutinas, los símbolos y las celebraciones religiosas o patrióticas.

SUMARIO: 1. Identidad nacional en la posguerra. 2. Identidad nacional en los años cuarenta y cincuenta. Hacia un estado de la cuestión. 3. Consideraciones metodológicas. 4. Escuela y sociedad en la posguerra. La identidad nacional a través de fuentes orales. 4.1. Aprender la identidad nacional en la escuela… 4.2. Identidad nacional y aprendizaje social desde la mirada infantil. 5. Consideraciones finales. 6. Referencias bibliográficas.

La infancia debería ser la etapa más feliz en la vida del ser humano. En los países que gozan de estabilidad económica y política, los niños son cuidados, porque en ellos se deposita la esperanza de ver materializado el éxito y el bienestar social de la nación. Esta situación se revierte en tiempos de guerra, donde la población infantil se convierte en el grupo social menos protegido y más vulnerable. Precisamente, esta fragilidad es la que permite hacer más visibles las heridas físicas y psicológicas que dejan este tipo de conflictos armados (Yela, 2013).

La situación que vivieron los niños a lo largo de la Guerra Civil española y las consecuencias que tuvo este conflicto para la infancia han sido ya objeto de estudio en algunas investigaciones como las de Alted (1996, 1999 y 2003), Hernández, Sánchez y Pérez (2009), Gil y García (2009) o Lapeyre (2010).

Estas publicaciones revelan que la memoria de todas aquellas personas que vivieron su infancia bajo el telón de las hostilidades es algo más que un mero depósito de saberes. Se trata de una memoria «escondida en el cuarto de atrás de la conciencia», donde se refugia y espera paciente a que algún historiador la despierte de su letargo (Colmeiro, 2005, p. 30). Escribe Alted (2003), que ser niña o niño de la guerra no solo significa haber vivido la niñez en un país en guerra, sino que ese fenómeno condicionará toda su experiencia vital, algo que no se hubiera producido en otras circunstancias. Por ello, en la memoria de esta infancia navegan los temores, los deseos, los rechazos y las esperanzas de toda una colectividad (Peñamarín, 2002).

Escuchar sus relatos nos permite recorrer los lugares, los símbolos, las instituciones y los sentimientos invisibles desde los testimonios oficiales.

El estudio que presentamos tiene como objetivo investigar cómo fue transmitida la identidad nacional a los niños y niñas españoles durante la posguerra. Nos serviremos de cuatro relatos de vida –enmarcados en las décadas de 1940 y 1950–, para analizar cómo las escuelas y la sociedad se convirtieron en los principales referentes para la construcción de esta identidad. Comenzaremos esta investigación exponiendo qué supuso el proceso de identidad nacional durante la posguerra y cuál fue su influencia en la escuela; para continuar presentando un recorrido por la literatura científica sobre identidad nacional en el franquismo. Terminaremos exponiendo el análisis de los datos y los resultados de nuestro trabajo.

1. IDENTIDAD NACIONAL EN LA POSGUERRA

5. CONSIDERACIONES FINALES
No cabe duda de que, como sostiene Schmidt (2010), el acceso a la realidad social e histórica por medio de la historia oral privilegia una mirada subjetiva. Es inevitable, como sostiene esta autora, que a través de las entrevistas se muestre una versión de la historia marcada por la influencia de las experiencias vividas. Eso es, precisamente, lo que hemos encontrado en nuestra investigación: las vivencias de un proceso histórico en cuatro personas que se convierten en cohistoriadoras.

Las memorias de esas vivencias coinciden, en líneas generales, con rasgos apuntados por la historiografía académica. Así, en las palabras de las personas cohistoriadoras, hemos encontrado rasgos fundamentales del desarrollo del nacionalcatolicismo representado por el Régimen franquista surgido de la Guerra Civil.

En su discurso están el culto a las figuras señeras del régimen, Franco y el caído José Antonio, la pretendida misión crucial de España basada en el destino universal de la nación que se contrapone a la autarquía del estudio casi exclusivo de la historia y de la geografía de España, la imposición de valores tradicionales, la utilización del folclore como pretendida fuente de uniformización cultural, el predomino exclusivo de una visión de la familia con unos roles de género muy diferenciados, la casi omnímoda presencia de la religión católica, el discurso político unilateral e impuesto…

Todas estas cuestiones están presentes en los estudios de investigación que sirven de fundamento teórico a nuestro trabajo. Sin embargo, hemos constatado que las fuentes orales permiten desvelar aspectos de nuestro pasado que sería imposible conocer a través de otro tipo de fuentes. En efecto, podemos afirmar que elementos muy relevantes se han puesto de manifiesto en las entrevistas, tal y como ha mostrado su análisis. Hemos confirmado, entre otras cuestiones, el papel referencial de símbolos como los retratos del dictador o del fundador de la Falange o del crucifijo, hemos constatado el miedo y la atribución de poderes cuasi sobrenaturales de las figuras del sacerdote o del maestro o la maestra y las sobrecogedoras consecuencias del ejercicio de un poder arbitrario por parte de las mismas, la naturalización de los procesos de segregación de sexos y la inculcación de la discriminación de género mediante la educación y el empleo del tiempo libre o la vinculación entre la política franquista y las celebraciones religiosas.

La descripción de estas vivencias constituye la prueba de que, tal y como señalan Sánchez Blanco y Hernández Huerta (2013), la educación franquista, al término de la Guerra Civil, quedó en manos de la Falange y de la Iglesia Católica, de tal manera que la primera orientó la formación política, cívica y física y la segunda impulsó el adoctrinamiento religioso hasta conseguir una muy profunda catolización que impregnaba todos los aspectos de la vida. Esta doble orientación de la educación no muestra diferencias, sino que en las vivencias de nuestros y nuestras protagonistas aparece como un todo unificado y coherente que se desarrolla no solo en la escuela, sino en cualquier dimensión social de la vida, hasta marcar de una manera decisiva las trayectorias vitales de las personas entrevistadas.

Miriam Sonlleva, Carlos Sanz Simón, Luis Torrego Egido

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