El ‘regalo’ de Mendoza

Mendoza cambia los estatutos para ceder a la Diócesis y al Vaticano el patrimonio de la Universidad, unos 60 millones de euros ¿Es la UCAM realmente una donación desinteresada?

José Luis Mendoza hace un gesto de satisfacción durante el congreso celebrado en la UCAM en honor a Juan Pablo II. A su izquierda, el cardenal Antonio Cañizares. :: NACHO GARCÍA
 
 
«La Fundación es un don de Dios, que nos ha costado a mi mujer, a mí y a mi familia muchos sinsabores. Pero siempre quisimos que fuera para bien de la Iglesia». José Luis Mendoza, presidente de la Fundación San Antonio, gestora de la Universidad Católica, sorprendía la pasada semana al anunciar una reforma en los estatutos de la fundación para que, «llegado el momento, todos los bienes pasen a la Diócesis de Cartagena y al Vaticano».
La decisión, que podría significar el adiós de Mendoza a la UCAM, ha sido recibida con cautela y escepticismo en la Iglesia murciana. Porque hay muchas lagunas detrás de la noticia. ¿Abandona Mendoza la UCAM? ¿Por qué ahora? ¿Qué se esconde detrás de esta decisión? En Murcia no sorprende que este hombre hecho a sí mismo, católico, miembro del Camino Neocatecumenal, casado y con 14 hijos, que vivió en las misiones y que ya trató de hacer realidad su sueño de crear una Universidad en Elche antes de recalar en el Monasterio de los Jerónimos, se lo deje todo a la Iglesia. Pero sí causa perplejidad que, después de años de polémica en torno a la titularidad de la UCAM, Mendoza recoja su 'testamento' en los mismos estatutos de la obra.
El propio Mendoza aclara que todo su patrimonio, y el de sus hijos, pasará a manos de la Iglesia cuando finalice «el proyecto educativo. No me voy a ir ni hoy ni mañana, incluso mis hijos podrían seguir si yo falto. Aquí lo que se deja claro es que la Universidad la hicimos para la Iglesia, y que todo lo que hemos invertido -el patrimonio de la UCAM ronda los 60 millones de euros- será para los pobres y para los seminaristas».
Un laico contra un obispo
Sin embargo, no siempre fue así. Hace menos de dos años, la Santa Sede tuvo que intervenir en el conflicto generado entre Mendoza y el entonces obispo de Cartagena-Murcia, Juan Antonio Reig Pla, por la titularidad de la Universidad. Tras varios encontronazos, que acabaron con el 'destierro' de Reig a Alcalá, el Vaticano, a través del cardenal Bertone y de la Signatura Apostólica, confirmaba que la Universidad pertenecía a la Fundación San Antonio (Mendoza), y no a la Diócesis. Una gran victoria para un laico frente a un obispo, con el apoyo jurídico de la Conferencia Episcopal -el dictamen definitivo fue elaborado por el asesor jurídico del Episcopado, Silverio Nieto, y firmado por el presidente de los obispos españoles, cardenal Rouco Varela-. Una historia sin terminar.
«En la Iglesia, un laico puede derrotar a su obispo. Pero no humillarle», apuntan a 'La Verdad' desde el Vaticano. Y lo cierto fue que, tras la salida de Reig, muchas cosas cambiaron para Mendoza. En primer lugar, una separación del Camino Neocatecumenal, así como de algunos de sus principales valedores en España y Roma, como el cardenal Cañizares, ahora prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El último gran acto organizado por la Universidad en homenaje a Juan Pablo II estuvo marcado por las polémicas declaraciones del cardenal Castrillón, quien queriendo defender el pasado casi llegó a acusar a Juan Pablo II de complicidad con los abusos sexuales de Marcial Maciel. «Las interpretaciones sesgadas son una muestra más de la presencia del Diablo en el mundo», asegura Mendoza cuando se le pregunta por los escándalos.
En segundo término, la sensación de que su etapa al frente de la UCAM estaba acabada. El nombramiento de José Manuel Lorca Planes como nuevo titular de la Diócesis pareció llevar la calma a Murcia. Mendoza aparecía como claro ganador de la batalla por el poder en la UCAM y, de hecho, en octubre de 2009, obispo y laico suscribían un acuerdo por el que la Diócesis reconocía públicamente que la Universidad pertenecía a la Fundación San Antonio. El prelado volvía a ejercer de canciller de la Universidad, a la que se garantizaba su catolicidad. De paso, la Diócesis evitaba oficialmente cualquier subsidiariedad sobre la UCAM. Se acababa, o eso parecía, el conflicto generado entre Mendoza y el obispo Reig. Sin embargo, a los pocos días se filtraba que Mendoza estaba meditando seriamente abandonar el barco. Una decisión que, meses después, se está haciendo efectiva.
El obispo perdió la batalla, fue sancionado por la Santa Sede y alejado de Murcia. La apuesta de Juan Antonio Reig fue dura, y la perdió. «Yo hice lo que en conciencia creí que debía hacer. Y estoy muy tranquilo», afirma, desde su nuevo destino en Alcalá de Henares. Es el único obispo de Murcia que no ha vuelto a su sede tras el conflicto ni, por supuesto, ha pisado la Universidad. «Don Juan Antonio fue un buen obispo y es una gran persona, pero estuvo muy mal asesorado», acierta a decir José Luis Mendoza sobre el anterior prelado murciano. Un combate sobre la titularidad de la Católica que, en realidad, iba más allá, y cuyos orígenes fueron mucho más mundanos: el obispo recibió una serie de informes que alertaban de posibles corruptelas en la gestión de la Universidad, así como de un agujero fiscal que podría superar los seis millones de euros. Mal aconsejado, el obispo quiso hacerse con las riendas de la Universidad. Midió mal las fuerzas, únicamente acompañado por antiguos empleados de la Universidad y por el PSOE murciano, que presentó una demanda contra la titularidad del centro docente. El fallecimiento en diciembre de 2008 de su promotor, José Ramón Jara, llevó al archivo de la misma, y el Gobierno regional acababa aprobando los estatutos de la UCAM sin entrar en el debate sobre su propiedad.
Mendoza lo tenía todo muy atado desde que en 1996 el obispo Azagra le cediera el Monasterio de los Jerónimos y le concediera permiso para construir su proyecto universitario. La legislación vaticana -la famosa Ex Corde Ecclesiae- ampara a los laicos a crear iniciativas de educación católica, que sólo precisan del aval diocesano. El Vaticano y la Conferencia Episcopal apostaron fuerte por el laico, quien salió rotundamente vencedor de la batalla. Ureña, Cañizares, Rouco, hasta el secretario de Estado Bertone le dieron la razón.
¿Quiebra técnica?
Antes de que Reig fuera trasladado, José Luis Mendoza, «para evitar el escándalo», propuso entregar la Universidad a la Diócesis, a cambio de una 'compensación' que tasó en 30 millones de euros. Ahora, sin embargo, la ofrece gratis. ¿Por qué?Estamentos eclesiales dudan de la buena voluntad de José Luis Mendoza, y temen que tras la decisión se esconda la 'quiebra técnica' de la Universidad, que ya el año pasado se salvó de la suspensión de pagos gracias al cobro de las matrículas de los más de 6.000 alumnos. «Ahora volvemos a estar en riesgo, pues al poner por estatutos la herencia, Mendoza le está regalando a la Iglesia no sólo un dineral, sino un posible saco de deudas, que la Diócesis habrá de afrontar si desaparece el presidente», argumentan responsables eclesiales de la Diócesis. Algunas fuentes aseguran que los 6 millones de euros de deuda de los que hablaba Reig -apenas el 10% del patrimonio que Mendoza cederá a la Iglesia- se han multiplicado, y que la donación de la UCAM no es más que «un regalo envenenado».
Por si esta situación pudiera darse en el futuro, hace un tiempo que estamentos civiles y eclesiásticos trabajan en torno a un 'plan b' que evite que, llegado el momento, la marcha de Mendoza lleve a la Diócesis a la ruina. Un acuerdo tácito, que según distintas fuentes conoce el propio José Luis Mendoza -él lo niega públicamente, al tiempo que asegura que la Fundación está saneada-, y que conllevaría tres condiciones previas. Primera: que a la UCAM no se le concediera el campus en Cartagena -Mendoza anunció la pasada semana que se retiraría del proyecto si no se le concedía en exclusiva Magisterio en esa ciudad, que se suma a la no concesión de la Facultad de Medicina-, lo que unido a la no recalificación de los terrenos abriría un agujero económico de difícil solución. Segunda: que si hubiese alarma social las instituciones de Murcia harían frente, incluso, a la acogida del alumnado de la UCAM. Y tercera: que entidades eclesiales se pudieran hacer cargo de la Universidad, ahora o cuando Mendoza la ceda, para que ésta no desaparezca. En esta tesitura, el papel del Opus Dei -que hace dos años se negó, pero ahora podría estar sopesando aceptar la solicitud- y de la Universidad San Pablo CEU -cuyo patrocinio aparece en el Año Santo de Caravaca-, se antoja imprescindible.
Desde la Santa Sede, además, han cambiado los vientos. Hasta Cañizares parece haberse alejado del entorno de Mendoza desde que se conociera que la UCAM había concedido óbolos por importe de 23 millones de euros a varios obispos y cardenales, entre los que se encontraba el ex cardenal de Toledo. Mendoza, no obstante, continúa como miembro del Pontificio Consejo de los Laicos y de la Familia, y ha sido recibido hace pocas fechas por Benedicto XVI. «Todo lo que tengo es para la Iglesia», asegura Mendoza. Una donación de un hombre entregado a la fe… o un regalo envenenado por las deudas.
 
«La Fundación es un don de Dios, que nos ha costado a mi mujer, a mí y a mi familia muchos sinsabores. Pero siempre quisimos que fuera para bien de la Iglesia». José Luis Mendoza, presidente de la Fundación San Antonio, gestora de la Universidad Católica, sorprendía la pasada semana al anunciar una reforma en los estatutos de la fundación para que, «llegado el momento, todos los bienes pasen a la Diócesis de Cartagena y al Vaticano».
La decisión, que podría significar el adiós de Mendoza a la UCAM, ha sido recibida con cautela y escepticismo en la Iglesia murciana. Porque hay muchas lagunas detrás de la noticia. ¿Abandona Mendoza la UCAM? ¿Por qué ahora? ¿Qué se esconde detrás de esta decisión? En Murcia no sorprende que este hombre hecho a sí mismo, católico, miembro del Camino Neocatecumenal, casado y con 14 hijos, que vivió en las misiones y que ya trató de hacer realidad su sueño de crear una Universidad en Elche antes de recalar en el Monasterio de los Jerónimos, se lo deje todo a la Iglesia. Pero sí causa perplejidad que, después de años de polémica en torno a la titularidad de la UCAM, Mendoza recoja su 'testamento' en los mismos estatutos de la obra.
El propio Mendoza aclara que todo su patrimonio, y el de sus hijos, pasará a manos de la Iglesia cuando finalice «el proyecto educativo. No me voy a ir ni hoy ni mañana, incluso mis hijos podrían seguir si yo falto. Aquí lo que se deja claro es que la Universidad la hicimos para la Iglesia, y que todo lo que hemos invertido -el patrimonio de la UCAM ronda los 60 millones de euros- será para los pobres y para los seminaristas».
Un laico contra un obispo
Sin embargo, no siempre fue así. Hace menos de dos años, la Santa Sede tuvo que intervenir en el conflicto generado entre Mendoza y el entonces obispo de Cartagena-Murcia, Juan Antonio Reig Pla, por la titularidad de la Universidad. Tras varios encontronazos, que acabaron con el 'destierro' de Reig a Alcalá, el Vaticano, a través del cardenal Bertone y de la Signatura Apostólica, confirmaba que la Universidad pertenecía a la Fundación San Antonio (Mendoza), y no a la Diócesis. Una gran victoria para un laico frente a un obispo, con el apoyo jurídico de la Conferencia Episcopal -el dictamen definitivo fue elaborado por el asesor jurídico del Episcopado, Silverio Nieto, y firmado por el presidente de los obispos españoles, cardenal Rouco Varela-. Una historia sin terminar.
«En la Iglesia, un laico puede derrotar a su obispo. Pero no humillarle», apuntan a 'La Verdad' desde el Vaticano. Y lo cierto fue que, tras la salida de Reig, muchas cosas cambiaron para Mendoza. En primer lugar, una separación del Camino Neocatecumenal, así como de algunos de sus principales valedores en España y Roma, como el cardenal Cañizares, ahora prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. El último gran acto organizado por la Universidad en homenaje a Juan Pablo II estuvo marcado por las polémicas declaraciones del cardenal Castrillón, quien queriendo defender el pasado casi llegó a acusar a Juan Pablo II de complicidad con los abusos sexuales de Marcial Maciel. «Las interpretaciones sesgadas son una muestra más de la presencia del Diablo en el mundo», asegura Mendoza cuando se le pregunta por los escándalos.
En segundo término, la sensación de que su etapa al frente de la UCAM estaba acabada. El nombramiento de José Manuel Lorca Planes como nuevo titular de la Diócesis pareció llevar la calma a Murcia. Mendoza aparecía como claro ganador de la batalla por el poder en la UCAM y, de hecho, en octubre de 2009, obispo y laico suscribían un acuerdo por el que la Diócesis reconocía públicamente que la Universidad pertenecía a la Fundación San Antonio. El prelado volvía a ejercer de canciller de la Universidad, a la que se garantizaba su catolicidad. De paso, la Diócesis evitaba oficialmente cualquier subsidiariedad sobre la UCAM. Se acababa, o eso parecía, el conflicto generado entre Mendoza y el obispo Reig. Sin embargo, a los pocos días se filtraba que Mendoza estaba meditando seriamente abandonar el barco. Una decisión que, meses después, se está haciendo efectiva.
El obispo perdió la batalla, fue sancionado por la Santa Sede y alejado de Murcia. La apuesta de Juan Antonio Reig fue dura, y la perdió. «Yo hice lo que en conciencia creí que debía hacer. Y estoy muy tranquilo», afirma, desde su nuevo destino en Alcalá de Henares. Es el único obispo de Murcia que no ha vuelto a su sede tras el conflicto ni, por supuesto, ha pisado la Universidad. «Don Juan Antonio fue un buen obispo y es una gran persona, pero estuvo muy mal asesorado», acierta a decir José Luis Mendoza sobre el anterior prelado murciano. Un combate sobre la titularidad de la Católica que, en realidad, iba más allá, y cuyos orígenes fueron mucho más mundanos: el obispo recibió una serie de informes que alertaban de posibles corruptelas en la gestión de la Universidad, así como de un agujero fiscal que podría superar los seis millones de euros. Mal aconsejado, el obispo quiso hacerse con las riendas de la Universidad. Midió mal las fuerzas, únicamente acompañado por antiguos empleados de la Universidad y por el PSOE murciano, que presentó una demanda contra la titularidad del centro docente. El fallecimiento en diciembre de 2008 de su promotor, José Ramón Jara, llevó al archivo de la misma, y el Gobierno regional acababa aprobando los estatutos de la UCAM sin entrar en el debate sobre su propiedad.
Mendoza lo tenía todo muy atado desde que en 1996 el obispo Azagra le cediera el Monasterio de los Jerónimos y le concediera permiso para construir su proyecto universitario. La legislación vaticana -la famosa Ex Corde Ecclesiae- ampara a los laicos a crear iniciativas de educación católica, que sólo precisan del aval diocesano. El Vaticano y la Conferencia Episcopal apostaron fuerte por el laico, quien salió rotundamente vencedor de la batalla. Ureña, Cañizares, Rouco, hasta el secretario de Estado Bertone le dieron la razón.
¿Quiebra técnica?
Antes de que Reig fuera trasladado, José Luis Mendoza, «para evitar el escándalo», propuso entregar la Universidad a la Diócesis, a cambio de una 'compensación' que tasó en 30 millones de euros. Ahora, sin embargo, la ofrece gratis. ¿Por qué?Estamentos eclesiales dudan de la buena voluntad de José Luis Mendoza, y temen que tras la decisión se esconda la 'quiebra técnica' de la Universidad, que ya el año pasado se salvó de la suspensión de pagos gracias al cobro de las matrículas de los más de 6.000 alumnos. «Ahora volvemos a estar en riesgo, pues al poner por estatutos la herencia, Mendoza le está regalando a la Iglesia no sólo un dineral, sino un posible saco de deudas, que la Diócesis habrá de afrontar si desaparece el presidente», argumentan responsables eclesiales de la Diócesis. Algunas fuentes aseguran que los 6 millones de euros de deuda de los que hablaba Reig -apenas el 10% del patrimonio que Mendoza cederá a la Iglesia- se han multiplicado, y que la donación de la UCAM no es más que «un regalo envenenado».
Por si esta situación pudiera darse en el futuro, hace un tiempo que estamentos civiles y eclesiásticos trabajan en torno a un 'plan b' que evite que, llegado el momento, la marcha de Mendoza lleve a la Diócesis a la ruina. Un acuerdo tácito, que según distintas fuentes conoce el propio José Luis Mendoza -él lo niega públicamente, al tiempo que asegura que la Fundación está saneada-, y que conllevaría tres condiciones previas. Primera: que a la UCAM no se le concediera el campus en Cartagena -Mendoza anunció la pasada semana que se retiraría del proyecto si no se le concedía en exclusiva Magisterio en esa ciudad, que se suma a la no concesión de la Facultad de Medicina-, lo que unido a la no recalificación de los terrenos abriría un agujero económico de difícil solución. Segunda: que si hubiese alarma social las instituciones de Murcia harían frente, incluso, a la acogida del alumnado de la UCAM. Y tercera: que entidades eclesiales se pudieran hacer cargo de la Universidad, ahora o cuando Mendoza la ceda, para que ésta no desaparezca. En esta tesitura, el papel del Opus Dei -que hace dos años se negó, pero ahora podría estar sopesando aceptar la solicitud- y de la Universidad San Pablo CEU -cuyo patrocinio aparece en el Año Santo de Caravaca-, se antoja imprescindible.
Desde la Santa Sede, además, han cambiado los vientos. Hasta Cañizares parece haberse alejado del entorno de Mendoza desde que se conociera que la UCAM había concedido óbolos por importe de 23 millones de euros a varios obispos y cardenales, entre los que se encontraba el ex cardenal de Toledo. Mendoza, no obstante, continúa como miembro del Pontificio Consejo de los Laicos y de la Familia, y ha sido recibido hace pocas fechas por Benedicto XVI. «Todo lo que tengo es para la Iglesia», asegura Mendoza. Una donación de un hombre entregado a la fe… o un regalo envenenado por las deudas.
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