El PSOE y el laicismo

Cuatro días más tarde, el PSOE se unía al PP y los nacionalistas conservadores en el Parlamento para rechazar sendas proposiciones de IU y BNG que pedían la no presencia de símbolos religiosos en las ceremonias de toma de posesión de los

Llevo varios días dándole vueltas a la mejor manera de abordar este asunto y hoy me he armado de valor para salir al ruedo.
Usaré como hilo conductor dos noticias cercanas en el tiempo:
El día 23 de mayo un compañero, destacado laicista, nos hace llegar una propuesta de resolución de cara al congreso del PSOE titulada "LA LAICIDAD COMO BASE DE UNA DEMOCRACIA LIBRE, IGUALITARIA Y SOLIDARIA" en que se aboga por muchas reivindicaciones históricas de los laicistas, y no desde preámbulos ampulosos que se ven luego traicionados, sino con medidas efectivas.
Como muestra, el siguiente párrafo: "Ninguna asociación religiosa debería recibir privilegios, excepciones o estatutos diferentes de las formas del derecho común. El Derecho Público no debería reconocer institucionalmente las religiones. Asimismo debemos mantenernos vigilantes para evitar que las organizaciones religiosas intenten presionar al Estado para imponer sus creencias a los ciudadanos. Los poderes públicos deben proteger, por encima de todo, la libertad de conciencia, entendida como un aspecto del derecho de los individuos a la libre conciencia sin discriminaciones de ninguna clase, no como un derecho de las confesiones religiosas."
Cuatro días más tarde, el PSOE se unía al PP y los nacionalistas conservadores en el Parlamento para rechazar sendas proposiciones de IU y BNG que pedían la no presencia de símbolos religiosos en las ceremonias de toma de posesión de los cargos públicos. La argumentación del portavoz socialista Ramón Jáuregui (integrado en la plataforma "cristianos en el PSOE" y autor del libro "Tender puentes: PSOE y mundo cristiano") debió hacer enrojecer a algunos de sus compañeros de partido y, desde luego, a cualquier demócrata sensato. La "santa desvergüenza" de que hizo gala le llevó a justificar su rechazo en la promoción de cierta “aconfesionalidad natural” y al rechazo de la “política laicista exagerada”, que podría llevar a barbaridades como prohibir las procesiones religiosas.
No es el laicismo un tema cerrado en el PSOE. Está claro que un partido tan amplio tiene que dar cabida a muchas sensibilidades y el tomar partido por una u otra postura en la pugna laicismo/confesionalismo le costaría más de una bronca interna, por lo que hasta ahora ha venido practicando una ambivalencia, en la mayoría de los casos predicando un laicismo formal y practicando un confesionalismo real.
Pocas cosas me agradarían tanto como contribuir a que los compañeros laicistas que militan en el PSOE desnivelaran la balanza hacia el lado de la libertad y la democracia, pero no veo cómo ayudar a ello.
¿Es mejor mostrar un apoyo al PSOE declaradamente laico para que vea que no sólo es justo, sino también conveniente, inclinarse hacia el laicismo? ¿O es preferible dejarle claro que sus excesos confesionales los pagará ante la opinión pública y en las urnas?
Desde luego, lo que empuja al PSOE hacia el laicismo no puede ser la influencia de la iglesia católica. Los que le harían caso a los obispos a la hora de decidir su voto ya lo tienen decidido. El resto de la población no les hace mucho caso, a juzgar por las saneadas economías de los vendedores de preservativos y por las cifras de divorcios.
Lo verdaderamente decisivo, a mi modo de ver, es la presencia de personas con ideología muy conservadora dentro del PSOE: José Bono, Francisco Vázquez o el propio Jáuregui serían considerados de derechas hasta por el PP, pero desgracidamente se han convertido en instrumentos de la jerarquía católica para maniatar la principal esperanza del laicismo español a cambio del apoyo de sus lobbys para promocionarse políticamente.
Hemos de ser los ciudadanos los que hagamos pagar cara esta traición a la democracia y a la doctrina política que predican mostrándoles que con nosotros no se juega.
Hoy, desde luego, el laicismo no puede ser un argumento del PSOE a la hora de pedir el voto.

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