El PSOE privatiza las creencias

EL PSOE ha radicalizado su discurso contra la Iglesia, una posición que formará parte importante en su acción política y en su discurso ideológico. La propuesta que se llevó al debate del último cónclave, muy valiente y plural, ha sufrido tantas enmiendas por parte del sector más duro del partido que ha quedado casi irreconocible. Lo que se anticipaba como un paso histórico, el reconocimiento de la religión como un asunto público, ha quedado desdibujado al relegarla como una cuestión privada de la conciencia de cada uno. Tampoco se asume los valores de la religión que puedan ser compartidos por una formación que se reclama de la izquierda. «Desolador», resume un politólogo que transita por las dos orillas.

La Comisión de Reformas Políticas aprobó denunciar los acuerdos con la Santa Sede, «porque sus principios no son compatibles con la escuela laica», dejó claro que la asignatura de Religión no formará parte del curriculum ni del horario escolar, se comprometió a reformar la ley de libertad religiosa y abogó por avanzar hacia la autofinanciación de la Iglesia y aplicar el IBI a los centros eclesiales salvo a los lugares de culto. El ‘cepillado’ al texto inicial fue intenso y, si al final se pudieron evitar daños mayores, fue gracias a la actividad frenética de Ramón Jáuregui, que «puso cordura para atemperar el tono extremista que había tomado el debate», según las fuentes consultadas por EL CORREO.

Porque, en efecto, lo que sorprendió fue el tono que fue tomando un debate que se anticipaba intenso, pero sereno. La apuesta del equipo promotor de la ponencia sobre laicidad fue ambiciosa, pero se encontró –quizás precisamente por eso– con fuertes resistencias. Treinta personas –entre ellas notables intelectuales– habían trabajado durante cuatro días en jornadass de más de cuatro horas en la Fundación Alternativas. Estaban representadas todas las sensibilidades del PSOE en la cuestión religiosa, así como portavoces de credos religiosos: católicos, musulmanes, evangélicos y budistas.

Se elaboraron 30 documentos previos, que fueron resumidos en una ponencia de 20 folios. Con un marco común: la contribución del laicismo a la España democrática y la convicción de que la libertad es consustancial al Estado laico. Y con dos ideas claves: el reconocimiento de que la religión es un asunto público y de interés para la izquierda –también electoral– y de que existen valores compartidos entre las religiones que buscan la justicia social y la izquierda para lograr la hegemonía cultural.

Pero los vientos en la Conferencia Política soplaban en otra dirección. El foro que se celebró el sábado ya apuntaba en otra línea, según se pudo comprobar en el vídeo del debate. Carlos García de Andoin, de Cristianos Socialistas, y el filósofo Rafael Díaz Salazar, abogaban por enviar un mensaje positivo al mundo cristiano; Antonio García Santesmases estuvo muy equilibrado, lo mismo que Aurora Ruiz, del Colectivo Luzuriaga. La intervención más dura fue la de Amparo Rubiales, presidenta del PSOE andaluz. «Nos ponen el crucifijo encima de la cuna» y luego una religión «monopolística, la católica, apostólica y romana, condiciona nuestra vida», arrancó. Fue un discurso agresivo y anticlerical, en tono muy mitinero, aunque, eso sí, indultó a las procesiones, como buena sevillana. La intervención de la activista del feminismo fue la más aplaudida y jaleada con una sucesión de gritos de ‘bravo’ interminable, que tuvo que cortar el joven Eduardo Madina, que moderaba la mesa redonda. Parecía claro cuál iba a ser el resultado de la ponencia sobre laicidad.

Del texto inicial se suprimieron, también, todos los datos sobre el electorado socialista, del que un 73,68% se considera católico, el 20,65% practicante, según el CIS. «Desde el punto de vista de la sociología religiosa, el PSOE es el partido que más se parece a España», se recogía en el documento. También se ha eliminado la posición sobre la asignatura de Religión, apoyada, en sus términos actuales –libre y no evaluable– por el 68% de los ciudadanos. El electorado socialista se divide entre el 55% que apoya el sistema actual y el 40% que se muestra contrario a ella (encuesta del Observatorio de Pluralismo Religioso de 2013).

Muchos observadores consideran que el PSOE ha optado por un laicismo excluyente en un momento de confusión ideológica, sin un liderazgo claro y legitimado para mandar. «Nadie se atreve a plantar cara a la nueva ola» –precisa alguno– en un partido en el que todavía perdura el imaginario de la identificación de la religión con la derecha. El propio José Luis Rodríguez Zapatero, que aplaudió con fuerza cuando se aprobó denunciar los acuerdos con el Vaticano –ahora en plena revolución con el Papa Francisco, el pontífice de los pobres y desfavorecidos– se mostró en su día a favor de considerar la religión como un asunto público. «La laicidad no puede convertirse en el argumento para un dogmatismo antirreligioso. La defensa del pluralismo y la democracia no puede hacerse sobre la indiferencia y el rechazo a la religión. La religión puede ser un complemento valioso de la democracia», escribía el entonces secretario general del PSOE en el prólogo del libro ‘Tender puentes. PSOE y mundo cristiano’ (Desclée), escrito por Ramón Jáuregui y Carlos García de Andoin, en junio de 2001.

Laminar a los cristianos socialistas

Más allá de los acuerdos de la Conferencia Política, lo que ha llamado la atención ha sido el tono de intolerancia que se ha apreciado en numerosas intervenciones. Según ha podido saber EL CORREO, el sábado por la noche hubo que parar la votación porque estaba a punto de prosperar una iniciativa de Victorino Mayora para suprimir grupos federales como Cristianos Socialistas. El propio Alfredo Pérez Rubalcaba tuvo que aludir en su discurso dominical a este ‘incidente’ cuando se dirigió a «los creyentes socialistas» para afirmar que «el PSOE es su partido, es el partido que va a luchar por el respeto a su religión y a todas las religiones, el respeto máximo. Eso es un Estado laico», enfatizó el todavía secretario general. «Una sociedad más laica no es una sociedad que combate la religión», concedió.

«Si hay que zurrar a alguien que sea a la Iglesia, que eso parece que da votos. Y qué hay del capitalismo salvaje y de la banca, por ejemplo. No ví a los conclavistas aplaudir con fuerza cuando se hablaba de ello. Con zumbar a la Iglesia no resuelves tus problemas de identidad. ¿Cuáles son las señas de identidad de la izquierda?», se pregunta un teólogo progresista, para responder a continuación que eso se mide «en los terrenos social y económico». Recuerda también la frase de Pablo Iglesias cuando advertía de que el enemigo no es la Iglesia, sino el capitalismo. Ya lo decían los autores de ‘Tender puentes’: «Entre la ‘maldita’ costumbre de la Biblia de ponerse al lado de los pobres (Max Weber) y la estrella polar de la izquierda, la igualdad, (Norberto Bobbio), no puede sino darse una sana complicidad».

Vídeo sobre el debate de laicidad

Conferencia política PSOE 2013

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