«El progresismo católico de hoy es superficial»

El veterano ensayista propone a la jerarquía eclesial un silencio de siete años, «para que durante ese tiempo hablen los fieles»

Enrique Miret Magdalena (Zaragoza, 1914) hace gala hoy de una libertad de pensamiento aún mayor de la que ha tenido a lo largo de su carrera. Situado, por su edad y su trayectoria, a salvo de presiones e insidias, el veterano ensayista y teólogo, referencia de los católicos de izquierdas desde los lejanos tiempos de la revista 'Triunfo', publica ahora una selección de artículos ('Creer o no creer', Ed. Aguilar) en los que ha ido examinando desde el inicio mismo de la transición los asuntos de la actualidad española, con una atención muy especial a la Iglesia, a la que ha dedicado la mayor parte de su producción intelectual. Una Iglesia con la que ha sido y es crítico, como se comprueba en esta entrevista.

-Los artículos de su libro se extienden a lo largo de 30 años. ¿Ha sido el período de cambio más importante de la sociedad española en cuanto a su relación con la religión?

-Ha habido un gran cambio en muy pocos años, es cierto. Hemos pasado de ser un país nominalmente muy católico y en su política también, a atravesar una gran crisis religiosa y a ser un Estado aconfesional. Todo ha ocurrido muy deprisa, para estar en consonancia con la cultura actual, tras una dictadura que duró mucho.

-¿La sociedad española se ha alejado de la Iglesia, de la religión o de ambas?

-Se ha alejado de la Iglesia, desde luego, pero también de la religión, que se entendía aquí de una manera un tanto especial. Parece que hay bastante gente agnóstica, no atea, que no cree en muchas de las cosas que se han dicho en nuestros catecismos, e incluso en libros de Teología. No es que estén en contra de la religión en sí, sino en contra de la que se ha vivido aquí y que parece que es la única que ha existido.

-Cuando habla de entender la religión de una forma un tanto especial, ¿a qué se refiere?

-A que no había suficiente libertad religiosa; a que sólo se tenía en cuenta a la hora de hacer las leyes a lo que decía la religión católica, de manera que no eran leyes para todos sino sólo para los católicos.

-¿Ese alejamiento se ha debido a que el catolicismo del franquismo era falso, a la secularización que también se ha dado en Europa o a que los católicos se han visto decepcionados por algunas actitudes de la jerarquía eclesial?

-Se ha debido al exceso de mando de la propia Iglesia, que ha querido tener privilegios que hoy día en el mundo desarrollado, de la cultura, no tienen razón de ser. Por otra parte, el proceso de secularización estaba por desarrollarse aquí. El modelo han sido los franceses, que apostaron por la laicidad, que incluso veían bien los obispos, y que es no caer en el clericalismo. Los seglares son mayores de edad y deben ser respetados por la jerarquía de la Iglesia. Ya lo dijo el Concilio Vaticano II.

-Es evidente que los españoles que se consideran católicos practicantes no hacen demasiado caso a la doctrina de la Iglesia en algunos aspectos relativos a la moral. ¿Qué interpretación hace de ello?

-Es sencillo: la Iglesia católica tiene una estructura y unas enseñanzas que se han desviado de lo que dice la cultura actual y que además no saben que el núcleo del cristianismo tiene diferentes maneras de entenderse según esas culturas y el desarrollo de la civilización. Parece que la jerarquía española no ha visto más que un camino y los católicos españoles no están de acuerdo con esa manera de proceder de la Iglesia.

-¿Hay posibilidades de que eso cambie?

-Creo que no debemos confundir los deseos con la realidad. Yo deseo que cambie esa estructura, como decía el Papa actual cuando era cardenal en una entrevista que le hizo un periodista alemán, para acoplarse a la cultura actual, sin perder el sentido religioso.

Diálogo interno

-Los jóvenes confían poco en la Iglesia según las encuestas. Pero en cambio aprecian a los sacerdotes de muchas comunidades. ¿Por qué esa contradicción?

-Me parece que se trata de que esos sacerdotes conectan con los intereses y valores de la gente joven y éstos se sienten a gusto con los sacerdotes que tienen esa postura. Aunque yo diría que a veces hay que tener algo de cuidado, porque este progresismo que tenemos hoy día en el mundo católico es un poco superficial. Lo importante es que siguiéramos las enseñanzas de los grandes pensadores de nuestro siglo XVI, en los que encontraríamos una apertura y un sentido crítico muy importantes. Es curioso que en los primeros siglos de la Iglesia había una homilía dialogada: el cura decía cosas y la gente se mostraba a favor o en contra. Sería importante que este diálogo, como dijo Pablo VI, entrara en la Iglesia. No sé si de esta forma o de otras, pero el seglar tiene que aparecer con una postura de mucho más respeto. A veces la moral está hecha por personas que no viven en las circunstancias en las que vive el seglar.

-¿Es el mensaje o la institución lo que parece ajeno a los jóvenes?

-La institución sobre todo. En cuanto al mensaje, es sencillo aunque difícil de realizar. Es apreciado por la gente, pero lo que rechaza es la manera de expresarlo del clero, su afán de mando. Las homilías de las iglesias hoy están fuera de la realidad, están pensando en personas que no son las que están allí. Es curioso cómo un hombre bastante conservador pero muy inteligente, Julián Marías, hablaba, dentro del respeto que él tenía hacia la jerarquía, de estas cosas a las que me refiero: de que no sabe ponerse al día, de que la liturgia tampoco lo está y se ha transformado en algo banal.

-La Conferencia Episcopal ha sido identificada con posturas políticas muy concretas. ¿Cree que eso la ha perjudicado?

-Por supuesto que sí. A mí me parece que la Conferencia Episcopal debería hablar menos y dejar que habláramos nosotros, los seglares. Un periodista italiano estudió hace años los documentos de la Iglesia y descubrió que en el siglo XX hubo más textos que en los 19 siglos anteriores. Yo propondría siete años de silencio de la jerarquía para que habláramos nosotros.

Credibilidad

-Hablar con libertad.

-Claro, porque el problema está en los teólogos que son sacerdotes y actúan dentro de la Iglesia: deben tener cuidado con lo que dicen porque si no la jerarquía levanta su palo contra ellos, les quita su puesto y no pueden ni siquiera vivir. Así que deben ir trampeando. Algo que no está en consonancia con la libertad que todos debemos tener.

-¿Por qué la Iglesia tiene problemas de credibilidad en los países occidentales pero goza de gran predicamento en los menos desarrollados?

-Si miramos la historia del catolicismo nos quedaríamos sorprendidos de los cambios. Hay muchas maneras de vivir la Iglesia. Insisto en que tiene que ponerse al día para que la gente comprenda el mensaje cristiano y lo aplique a su propia vida. Que la gente sea responsable sin esperar a lo que dice la autoridad para seguirlo ciegamente. Eso no está en consonancia ni con la razón ni con lo que dice el Concilio Vaticano II.

-¿Aprecian los españoles debidamente la labor social de la Iglesia: su trabajo con los pobres, en el ámbito educativo, en el mantenimiento del patrimonio cultural?

-Es muy poco apreciado y con frecuencia desconocido. Hay cosas en la Iglesia que deberían saberse, porque son muy importantes. Le voy a contar una cosa. En las catedrales antiguas está el coro, y en los asientos tienen una parte delantera con bajorrelieves. En ellos es frecuente ver una cosa sorprendente: se habla del cielo y del infierno, y en la talla que se hace del infierno no es extraño ver que hay algunos obispos. En la Edad Media era normal, y ahora te metes con el obispo y has caído en lo más bajo de la consideración que tiene la jerarquía.

-¿Por qué la Iglesia tiene dificultades para transmitir su mensaje incluso cuando mejor sintoniza con el sentir de la sociedad, como cuando el Papa Juan Pablo II alzó su voz contra el ataque a Irak, o criticó con dureza la pena de muerte?

-Eso sucede porque hay tantas cosas que dice la Iglesia que no nos gustan que terminan por esconder aquellas otras que realmente sintonizan con la sociedad. Por eso debe tener mucho cuidado con lo que hace y con lo que habla. Muchas veces, equivocarse y decir cosas que no son de recibo hoy tapa las cosas positivas que hace y dice. Con todo, me parece que la postura de la Iglesia en la cuestión social debería ser más desarrollada y avanzada. Aún tiene mucho que hacer.

-Las estadísticas dicen que Madrid es la ciudad europea en la que más gente va a misa cada domingo. ¿Se imagina una España no católica?

-Quizá pueda pasar algún día. El Papa, cuando era cardenal, dijo una vez que el mundo presente está cambiando tanto y tiene tal crisis religiosa que la Iglesia no sabe responder y por eso en algunas grandes ciudades se aparta mucha gente de la religión. En Madrid hay mucho católico por costumbre, algo que pasa en el conjunto de España. Sería mejor que fuéramos como los franceses, que son católicos convencidos que han pensado sobre la religión. Sería importante que ahí limpiásemos esa costumbre puramente externa que no sirve para gran cosa. Aquí, en Madrid, yo que voy a misa todos los domingos y festivos lo que veo es que predomina el 'pelo blanco': hombres, y sobre todo mujeres, ya mayores. La gente más joven no se ve en la iglesia.

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