El problema del velo islámico en Francia

Francia sigue inmersa en el debate sobre la utilización del velo musulmán. Hace dos años, una comisión de expertos estudió durante meses la cuestión: ¿es compatible el uso del velo islámico con la República laica francesa? La respuesta, casi unánime, fue que no.

Y la consecuencia directa fue la promulgación de la ley del 15 de marzo de 2004, que prohíbe el uso de "símbolos" religiosos en las escuelas. El resultado de la controversia ha sido paradójico: las exclusiones y los conflictos en los centros escolares han tenido un efecto limitado. Sin embargo, el velo se ha hecho cada vez más presente en las calles. Las chicas y mujeres que llevan el velo hacen un interpretación estricta del islam que a veces puede ser excluyente para otras musulmanas. Muchas piensan que cubriéndose la cabeza respetan su deber religioso. Esta aseveración resume muchas veces el temor a que el islamismo más radical penetre en la sociedad francesa. Pero quizá este temor sea exagerado. En realidad, las chicas de segunda generación de inmigrantes practican un islam moderado.

Mientras la situación se estabiliza en las escuelas y liceos, cada vez hay más mujeres jóvenes que adoptan el velo. Es un fenómeno desconcertante, porque muchas veces estas mujeres tienen estudios y eligen cubrirse con total libertad. Están indignadas por la incomprensión de los periodistas y de la sociedad francesa, que las convierten en víctimas, cuando ellas se sienten libres. Las feministas francesas, y también inmigrantes de la segunda generación, insisten en que el velo equivale a "confiscar" el cuerpo de las mujeres, que se trata de un instrumento de opresión. Sin embargo, algunos sociólogos empiezan a hacer otra interpretación: las mujeres de la segunda generación de inmigrantes ha elegido el velo como elemento distintivo que les permite existir y reivindicar sus orígenes en medio de un clima creciente de racismo y xenofobia. Ese tipo de resistencia sorprende a toda una generación de mujeres musulmanas que se inscriben en la modernidad sin renunciar a sus orígenes. ¿El velo es una moda?, ¿una reacción al enfrentamiento de islamistas y occidentales, que muchos consideran central en la política internacional?

Lo cierto es que las mujeres que adoptan el velo a veces son más víctimas de la islamofobia reinante que de la presión familiar. En Francia, la administración pública, las empresas, las instituciones proscriben el velo. Contrariamente a otros países, como Gran Bretaña, en Francia es impensable que una mujer policía o una cajera de supermercado tenga la cabeza cubierta.

Por el momento, Francia ha optado por una aplicación estricta de los principios del laicismo. El conflicto latente en torno al velo islámico sigue estando presente en la sociedad francesa.

Entrevistadas: Sumaia y Nabila, alumnas del liceo Jacques Decour de París; Lamia, estudiante; Chafia, madre de familia musulmana.

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