El presidente de Francia, Emmanuelle Macron, les exige aceptar los valores republicanos a los musulmanes franceses

Les dio 15 días para suscribir una «carta de valores», mientras la legislación sancionará a clérigos radicales y a los padres que aparten a sus hijos de las escuelas

El presidente francés Emmanuel Macron ha pedido a los líderes musulmanes de Francia que acepten una «carta de valores republicanos» como parte de una amplia política de vigilancia sobre el Islam radical, de continuo crecimiento en el país. Este fenómeno ha causado más de 300 asesinatos de franceses de parte de fanáticos musulmanes en los últimos cinco años. El último, el degüello y decapitación de un profesor de historia de un colegio secundario en octubre pasado, llevó a Macron a reforzar su discurso público contra esta tendencia, muy radicada en algunas mezquitas de las periferias de París y otras grandes ciudades de Francia, que tiene la comunidad musulmana más numerosa de Europa, con más de cinco millones de integrantes.

Macron le dio al Consejo Francés de la Fe Musulmana (CFCM) 15 días para aceptar la carta. El CFCM ha acordado crear un Consejo Nacional de Imanes, que tendrá el poder de emitir permisos a imanes con acreditación oficial, la que podría ser retirada. El imán es el clérigo musulmán que dirige una mezquita o centro cultural islámico. No pocos de ellos predican sin permiso de ninguna clase y abren centros islámicos clandestinos, donde se crea el «semillero» del Islam radicalizado que está detrás de los peores atentados. La medida es el resultado de tres atentados terroristas islámicos en poco más de un mes. Al del profesor asesinado en la periferia de París se sumó el 29 de octubre un ataque contra los fieles de una iglesia en Niza de parte de otro fanático musulmán, que también usó un cuchillo para degollar a tres católicos.

La carta de valores republicanos de Macron declara que el Islam es una religión y no un movimiento político, y también prohíbe la «interferencia extranjera» en los grupos musulmanes franceses. Esto, porque está probada la intervención de poderosas mezquitas y gobiernos de países árabes entre la comunidad musulmana de Francia.

Macron defendió firmemente el laicismo francés, un valor central en la República francesa e incorporado en su Constitución, a raíz de la sucesión deatentados terroristas, que incluyeron la decapitación del profesor que, en un seminario sobre libertad de expresión, mostró caricaturas de Mahoma. Estas fueron publicadas en 2014 en el semanario satírico Charlie Hebdo, que sufrió en enero de 2015 un devastador asalto de terroristas islámicos, los que asesinaron a nueve de las principales figuras del periódico.

A última hora del miércoles, el presidente y su ministro del interior, Gérald Darmanin, se reunieron con ocho líderes de la CFCM en el Palacio del Elíseo, la sede de la Presidencia de Francia. «Dos principios serán escritos blanco sobre negro en la carta: el rechazo del Islam político y cualquier interferencia extranjera», dijo la Presidencia al diario Le Parisien después de la reunión.

También se acordó la formación del Consejo Nacional de Imanes. El presidente Macron también anunció nuevas medidas para hacer frente al «separatismo islamista» en Francia. Esto es, la autoghetización o clausura que impulsan muchos clérigos entre las comunidades musulmanas, dado que consideran «corrupta» a la sociedad francesa y a la occidental en general. No comparten sus valores y costumbres, como la diversidad sexual y la práctica de una sexualidad sin represiones. Tanto la homosexualidad como la libertad sexual de los jóvenes, en especial de las mujeres, son sistemáticamente reprimidas, incluso de manera muy violenta, en muchas naciones musulmanas. Es lo que también ocurre en las comunidades musulmanas cerradas en Francia y en otros países europeos. Ser homosexual en una comunidad musulmana, por más que esta esté en Francia, puede conllevar no solo el habitual bullyng, sinoamenazas de muerte constantes, así como el exilio interno, en el que tiene un rol central la propia familia de la víctima. El mismo padecimiento le espera a una chica que tenga una vida sexual sin tabúes. Será repudiada por sus familiares y expulsada.

Las medidas incluyen un amplio proyecto de ley que busca prevenir la radicalización. Incluye medidas como restricciones en la educación en el hogar y castigos más severos para aquellos que intimiden a los funcionarios públicos por motivos religiosos. También, dar a los niños un número de identificación según la ley que se usaría para asegurar que asistan a la escuela. Los padres que violen la ley podrían enfrentar hasta seis meses de cárcel así como grandes multas. También se busca la prohibición de compartir la información personal de una persona de manera que permita su localización por parte de personas que quieran hacerle daño, como fue el caso del profesor decapitado en París.

«Debemos salvar a nuestros hijos de las garras de los islamistas», dijo el ministro Darmanin al diario Le Figaro. El proyecto de ley será discutido por el gabinete el 9 de diciembre.

Samuel Paty, el profesor que fue asesinado fuera de su escuela el mes pasado, fue el objetivo de una campaña de odio en línea antes de ser degollado por un joven checheno el 16 de octubre. El presidente francés encabezó una solemne ceremonia fúnebre por el asesinado profesor Paty en París, a la que asistieron la familia de la víctima y unos 400 invitados.

El periódico Le Monde ha publicado correos electrónicos enviados entre Paty y sus colegas en los días posteriores a que mostrara las caricaturas en su seminario. «Es realmente angustioso y particularmente porque viene de una familia cuyo hijo no estaba en mi clase y no es alguien que conozco», escribió Paty. «Se está convirtiendo en un rumor malicioso». Más tarde escribió en un correo electrónico separado: «No haré más enseñanza sobre este tema, elegiré otra libertad como tema de enseñanza.» Ya era tarde: para los fanáticos islamistas ya estaba condenado a muerte, muy posiblemente con la emisión de una «fatwa» o decreto religioso escrito y publicado por algún clérigo musulmán, francés o extranjero.

A principios de este año, el presidente Macron describió el Islam como una religión «en crisis» y defendió el derecho de las revistas a publicar caricaturas de Mahoma. Tales representaciones son consideradas tabú en el Islam y consideradas altamente ofensivas por los musulmanes. Pero lo mismo ocurre con el Cristianismo, que sin embargo debe tolerar caricaturas de Jesús, de Dios y de la Virgen María, tanto en Charlie Hebdo como en otras publicaciones. El punto en discusión no es si los islámicos se sienten ofendidos, sino la libertad para publicar caricaturas y opiniones sobre valores que sus portadores consideran «sagrados e intangibles». Es eso lo que remarca Macron en cada oportunidad. En una sociedad demócratica, laica y pluralista, esos valores religiosos deben aceptar que pueden ser sometidos a crítica e incluso a burlas. Así lo hacen cristianos y judíos desde hace mucho tiempo, y también deberán aceptarlo los musulmanes, es el mensaje de Macron.

Tras estos comentarios, Macron se convirtió en objeto de odio en muchos países musulmanes, donde en manifestaciones masivas se quemó su imagen así como la bandera de Francia. Los manifestantes exigieron a sus gobiernoso un boicot a los productos franceses.

En Francia, el laicismo estatal («laicité») es fundamental para la identidad nacional. La libertad de expresión en las escuelas y otros espacios públicos forma parte de ello, y se considera que frenarla para proteger los sentimientos de una determinada religión socava la identidad y unidad nacional. Pero Francia tiene la mayor población musulmana de Europa occidental.

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