El poema pacifista de Günter, el Nobel que desafió al sionismo

Las reacciones no se han hecho esperar. Günter Grass ha levantado un gran debate a escala global. El premio Nobel se atrevió a hablar. Dice verdades como puños en ese poema pacifista [1]. ¡Léanlo y juzguen! No está claro que Irán este desarrollando la energía nuclear para producir una bomba atómica y sin embargo está comprobado que Israel posee más de 200 ojivas nucleares en sus arsenales [2]. Y la hipocresía occidental lo silencia.

Si el objetivo de Irán fuera lanzar su primera bomba nuclear sobre Israel y pudiera hacerlo, sería como  programar el suicidio de toda una nación, con su cultura milenaria. Irán perdería toda legitimidad internacional, incluso los apoyos actuales de Rusia y China. Sólo y repudiado, quedaría sin aliados y  materialmente borrado del mapa por todo el potencial militar occidental. Recuerden como reaccionó la Administración Bush ante el atentado a las Torres Gemelas…, Y cómo el mundo le dio su complacencia aunque fuera por humanidad. Hasta Cuba se puso de su parte y se aprestó a ofrecer ayuda médica a las víctimas. Y fue un ataque con medios estadounidenses. Sin embargo, al terrorismo israelí jamás se le castigaría ni condenará por destruir la economía de Irán. ¿Por qué? Sencillamente porque el sionismo fabricaría la excusa adecuada y pondría en juego todo su enorme poder financiero y mediático. Son el terror perfecto, amparado en el holocausto.

Israel  tiene tecnología y medios diplomáticos para evitar ese supuesto ataque, mientras Irán ha negado que desarrolle tecnología nuclear con fines militares [3]. Curiosamente a los halcones israelíes no les interesa frenar a Irán, sino hasta donde puedan justificar el expansionismo israelí, ocupando más espacio y territorio árabe mediante recurrentes acciones militares devastadoras. China y Rusia hoy pueden contener la escalada tanto de Israel como de Irán. Pero son los EEUU quienes impiden y obstaculizan esa policía de pacificación. No va con ellos, no es su estilo de construir patria. La pugna que se desarrolla en Siria revela muy bien el interés de las clases dominantes de Occidente: desestabilizan los países que no se doblegan, provocando, si llegara el caso, la guerra civil para después capitalizar la pacificación y adueñarse del espacio y los recursos: ante el público invierten la naturaleza de los actores. Recuérdese el caso de la “contra” en Nicaragua. Reagan los adoptó como “paladines de la libertad” cuando no eran sino la misma guardia somocista. Nueve años de guerra encubierta de baja intensidad. Y el mundo “libre” se lo creyó y tragó. ¿Cómo? Basta un poderoso medio de comunicación martilleando la mentira para que se convierta en verdad. Hoy 30 años después estos medios se han perfeccionado hasta el infinito. Ya es posible construir una realidad virtual en imágenes y llevarla al televisor.

En EEUU impera el poder del sionismo, que es el fascismo contemporáneo de la clase dominante israelí, clase que no reside toda en Israel, sino mayoritariamente en los EEUU y en todas las grandes capitales de Occidente; sus centros de poder son Wal Street, la City londinense, Frankfurt, etc. Son el gran poder financiero, lo sabemos. Si investigamos la esencia del capital monopolista generalizado financiarizado [4] veremos que son los mismos que poseen y controlan las instituciones donde se concentra el mayor potencial militar del planeta, las decisiones financieras en el mundo, el crédito y la emisión billonaria de nuevo dinero y los medios de comunicación satelitales más desarrollados. Y la guerra sucia no está ausente. Sólo China y otros no han sido sometidos.

Por eso el poema de Günter Grass da en la diana de la mismísima pax romana: si quieres la paz prepárate para la guerra; la paz que te brinda el imperio si te sometes a su tiranía, que no es otra que la de los mercados financieros. Todos estaremos en contra de una acción bélica iraní que haga uso del supuesto derecho de guerra preventiva. ¿Por qué no aplicamos la misma ley moral e internacional a Israel? Günter desata el nudo gordiano de nuestro tiempo abriendo una revolución en el moderno pensamiento político sobre la guerra.

Abre una vía de definición ética a la disidencia cultural en Occidente, quiebra el pensamiento único, marca un hito en el debate sobre la libertad de expresión, divide al poder supremo, trastoca el orden pensante del imperialismo y desnuda las prácticas comunes de la guerra psicológica.

La inteligencia sabe como agitar las banderas del nazismo para justificar una acción defensiva en nombre de una supuesta bondad superior. Pero se trata de los mismos agentes escondidos tras la tramoya del teatro de la política mundial. Israel, bajo el Gobierno de los halcones está condenado  a aniquilar Palestina y a todo mundo árabe no sumiso a los EEUU; a menos que cambie su gobierno y su hábito usurero, deje de fundar su política en el expansionismo y la ocupación progresiva de territorio vecino. Pax romana, tiranía de los mercados. Sin guerra no habría sionismo, pero si podría haber existencia de Israel. Sin embargo eso es incompatible con la lógica de acumular capital financiero indefinidamente. ¿Cuál es el antagonismo a deshacer? Pax romana, tiranía de los mercados.

El nazismo fue la forma adoptada por el fascismo en Alemania. Quedó para el museo de la historia. Solo interesa alentarlo y financiarlo a la otra forma de fascismo que se ejerce por el gobierno ultra de Israel: el sionismo. El fascismo alemán no es ya la amenaza principal por mucho que la agite gobierno de Israel. Se trata de una minifuerza sostenida calculadamente por los mismos financieros para mantener vivo el recuerdo del gran drama judío. Pero hubo más de un Holocausto. Decenas de millones de rusos fueron exterminados por los ejércitos de Hitler. Holocaustos menores se dieron en varios países de Europa. Un millón de muertos en la II República española y otras tantas víctimas en Hiroshima y Nagasaki.  Hoy está el palestino.

¿Debe Israel tener “carta blanca” en materia nuclear?  El debate ha estallado y ha sido en el epicentro de la cultura europea, nada menos que en Alemania, nada menos que en la especialidad de la novela, de la literatura más ilustrada, donde no es tan fácil jugar la carta del engaño y la hipocresía mediáticos. Epicentro de la fama literaria: el Nobel. Con la aportación de Günter Grass podemos hablar de que en Occidente puede haber cordura. Esto hace posible un gran movimiento sensible contra la muerte y la guerra.

Lo que hay que decir

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba

en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,

solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo

el que podría exterminar al pueblo iraní,

subyugado y conducido al júbilo organizado

por un fanfarrón,

porque en su jurisdicción se sospecha

la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar

a ese otro país en el que

desde hace años —aunque mantenido en secreto—

se dispone de un creciente potencial nuclear,

fuera de control, ya que

es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,

al que se ha sometido mi propio silencio,

lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar

en cuanto no se respeta;

“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,

alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez

por crímenes muy propios

sin parangón alguno,

de nuevo y de forma rutinaria, aunque

enseguida calificada de reparación,

va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad

es dirigir ojivas aniquiladoras

hacia donde no se ha probado

la existencia de una sola bomba,

aunque se quiera aportar como prueba el temor…

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,

marcado por un estigma imborrable,

me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de Israel, al que estoy unido

y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,

envejecido y con mi última tinta:

Israel, potencia nuclear, pone en peligro

una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir

lo que mañana podría ser demasiado tarde,

y porque —suficientemente incriminados como alemanes—

podríamos ser cómplices de un crimen

que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa

no podría extinguirse

con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando

porque estoy harto

de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además

que muchos se liberen del silencio, exijan

al causante de ese peligro visible que renuncie

al uso de la fuerza e insistan también

en que los gobiernos de ambos países permitan

el control permanente y sin trabas

por una instancia internacional

del potencial nuclear israelí

y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,

más aún, a todos los seres humanos que en esa región

ocupada por la demencia

viven enemistados codo con codo,

odiándose mutuamente,

y en definitiva también ayudarnos.

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