El penúltimo discurso del otrora «vicepapa» español

Está en la prórroga y él lo sabe. El cardenal de Madrid y presidente del episcopado español, Antonio María Rouco Varela, consume los últimos meses en su cargo. En marzo, concluye su mandato al frente de la Conferencia Episcopal, que dirigió, con mano de hierro, durante más de 10 años. Consciente de que se le escapa el poder, el otrora vicepapa español quiere retirarse sin claudicar, sin cambiar de patrón de juego ni de modelo. Y, en su penúltimo discurso ante sus pares, volvió a reiterar, una vez más, su vieja forma de ser y de hacer Iglesia.

Vieja, porque la hizo envejecer la realidad social. Vieja porque la hizo envejecer, en estos últimos ocho meses, el Papa "llegado del fin del mundo". Francisco está proyectando e impulsando una Iglesia pobre, tierna, amable, propositiva y dispuesta a ofrecer al mundo la medicina de la "misericordina", como dijo esta semana en su catequesis dominical, con un frasco de ese remedio tan especial en la mano.

Rouco y su fiel escudero, Juan Antonio Martínez Camino, arropados por un número corto pero irreductible de mitrados, han venido defendiendo, durante las últimas décadas, un modelo de Iglesia a la defensiva, doctrinaria, triste, impositiva, con pocas entrañas sociales, dispuesta siempre a salir a la calle por cuestiones de moral sexual (léase, matrimonio gay), pero sin apenas capacidad de denuncia profética de los desmanes de los políticos, de los dramáticos efectos de la crisis en los más pobres o de la marea negra de la corrupción.

En definitiva, doctrina y más doctrina. Pero Francisco ha cambiado las tornas y, como él mismo acaba de decir, quiere "primero Evangelio y, después, doctrina". Por eso, Rouco y los suyos se han quedado descolocados: sin guión, sin actores, sin teatro y casi sin público. Su modelo de juego se ha hundido. Los aires que soplan de Roma han cambiado tanto y tan rápidamente que les han pillado con el pié absolutamente cambiado. Y ya no quieren ni pueden virar.

Por eso, el cardenal de Madrid sigue aferrado a lo que el Papa llama "las viejas obsesiones" de la moral, del sexo y de la defensa a ultranza de los privilegios heredados de otras épocas. De ahí que su penúltimo discurso haya seguido el guión acostumbrado: pidió leyes que defiendan la familia tradicional que, a su juicio, está en crisis profunda; aseguró que las relaciones Iglesia-Estado están "suficientemente bien reguladas", para que a nadie se le ocurra tocar los Acuerdos; y, cuando bajó a la política, fue para introducir un tema que divide al episcopado: el de la unidad de España

Rouco proclamó (en contra del sentir de la mayoría del episcopado catalán, al menos) que la unidad de España es "una parte principal del bien común" y que, por lo tanto, la responsabilidad moral exige a los políticos que "respeten la Constitución".

El Nuncio 'franciscano'

El discurso de Rouco quedó todavía más en evidencia, al compararlo con el que, a continuación, pronunció el Nuncio del Papa en España, Renzo Fratini. "Rouco sigue anclado en el pasado, mientras el Nuncio se agarra el presente", resumía un fontanero de Añastro, sede de la Conferencia Episcopal.

En plena y clara sintonía con Francisco, Fratini (cuyo papel en España, al menos hasta ahora, había quedado siempre a la sombra de Rouco) se descolgó con una intervención, corta pero enjundiosa, en la que trazó ante la Asamblea plenaria el perfil de obispo que quiere el Papa: "pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, hombres que aman la pobreza y la austeridad, sencillos, humildes…"

El representante de Francisco no sólo dijo a los obispos cómo quiere el Papa que sean, sino que, además, les invitó a cambiar de programa y a poner en marcha, después de la visita ad limina que va a hacer el episcopado español a Roma del 29 de febrero al 8 de marzo, un "nuevo plan pastoral".

Un plan que conecte a la Iglesia española con la "primavera" de Francisco. Para entonces, Rouco dejará de ser presidente de los obispos. Y la Iglesia católica en España tendrá que escenificar un cambio de ciclo. Tanto en el modelo como en las personas. Con un nuevo presidente y un nuevo secretario en la Conferencia episcopal. El reinado de Rouco y de su valido, Martínez Camino, está terminando. El timón de la Iglesia española busca manos "franciscanas".

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