El pensamiento crítico de Gonzalo Puente Ojea

Este artículo está dedicado a Juan Antonio Aguilera Mochón, maestro en exorcizar los entuertos de los dogmas religiosos.

Las notas que a continuación se recogen están escritas con el pudor y la inquietud de quien pretende presentar la investigación sostenida sobre la búsqueda de la verdad y la emancipación de la conciencia, una labor de investigación realizada para su mayor valor en el marco de una tradición hispana desenvuelta entre dos aguas: el fanatismo religio-so y la hipocresía “liberal”. Además, estas notas sobre la densa labor ensayística de Gonzalo Puente Ojea, no poseen como finalidad la reivindicación de una aventura intelectual, imprescindible por otra parte, sino la expresión de respeto y reconocimiento a la contribución ilustrada que a tantas generaciones de españoles nos ha invitado a leer y a pensar desde la seguridad y la firmeza del clásico, un clasicismo dirigido al análisis de los fundamentos y la fenomenología del poder religioso de forma específica y del poder socio-político de forma amplia. Es un privilegio y un honor contar en España con un pensador de la capacidad crítica, la honestidad intelectual, la constancia y el rigor de la dimensión de Gonzalo Puente Ojea.

Sin hacer concesiones a la mera claudicación en la denuncia de la presión y la imposición de las formas del poder religioso en nuestras sociedades (denuncia a la que el autor no renuncia), Puente Ojea lleva más de cuarenta años demostrando que el ateísmo contemporáneo, bajo su perspectiva transformado en irreligiosidad con el soporte, entre otros, de las ciencias biológicas y físicas y de la neurofilosofía, abre un panorama mucho más amplio que el ateísmo decimonónico de la escuela de la sospecha, dulcificado por lo demás desde los tamices de los established scholars en agnosticismo espurio, cuando no en dogmatismo antiteísta o en mera indignación anticlerical.

En esta sucinta exposición sobre el pensamiento crítico de Gonzalo Puente Ojea se distinguen dos grandes ejes en torno a los cuales se sitúa la reflexión puenteojeana; por un lado, el análisis sobre los fundamentos del poder religioso que lo ha conducido a su vez a transitar por tres cuestiones capitales: la cuestión de la fe cristiana, la cuestión de Dios y la cuestión del alma. En todo este proceso el objetivo siempre ha sido dar cuenta, del modo más fiel al estado actual de la ciencia, de la legalidad y la legitimidad que posee el estatuto onto-veritativo de esas tres cuestiones.

El resultado ha sido un proceso creciente de denuncia de falsedad que implica de manera inexorable la destrucción de mitos como el de Cristo o el de la existencia del alma espiritual, y con este último, la caída en desgracia del timo de la religiosidad en su conjunto.

Por otro lado, y de forma paralela, la obra de Gonza-lo Puente Ojea ha ido articulando todo un referente inte-lectual en la praxis de la lucha por la emancipación de la conciencia humana. En primer lugar, la crítica a la llama-da ‘transición a la democracia’ en España como elemento de continuidad de una dictadura de vocación teocrática, asesina y corrupta en todos los órdenes. En segundo lu-gar, la reivindicación democrática republicana, vencida por segunda vez durante la operación monárquica de la transición y desarmada por una clase política, de nuevo cuño, cómplice. En tercer lugar, la construcción del marco teórico-práctico del laicismo como modelo y regla formal de igualdad y de respeto a la libertad de conciencia en la admisión plena y sin reservas del pluralismo ideológico.

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