El peligroso cóctel de la versión ultra de la ley islámica, la venganza y la «chusma» de los roqueros punkis

En Aceh, la única provincia de Indonesia en la que mantener una relación extramatrimonial se castiga con azotes públicos, los votantes han elegido a un exrebelde comprometido con instaurar una forma aún más “pura” de la ley islámica.

En Aceh, que podría decirse que es la esquina más devotamente islámica del sudeste de Asia, los votantes han elegido a un ex gobernador rebelde, comprometido con enarbolar una forma más “pura” de la ley islámica del Corán. Tal vez lo haga.

Pero si bien es tentador ver que todas las cosas en Aceh pasan a través de la lente de la sharia –es la única provincia de Indonesia en la que retozar y mantener una relación extramatrimonial se castiga con azotes públicos- esta elección no sólo tiene que ver con la sharia.

Todo es cuestión de poder y resolución de venganzas.

Cualquier político con la esperanza de ganar en Aceh tiene que aportar algo más que palabras para defender la piedad de la ley coránica. Estas apelaciones a la pureza islámica tienen mucho en común con las apelaciones de los senadores estadounidenses a los “valores familiares”. Son imprecisas. Complacen a las bases.

El verdadero significado de la elección es que el núcleo de la jerarquía del antiguo movimiento separatista Free Aceh Movement, que libró una guerra de guerrillas de tres décadas para establecer a Aceh como un país soberano, por fin ha consolidado su poder.

Los titulares post-electorales ponen de relieve el hecho de que Aceh acaba de elegir a un gobernador “exrebelde”. Sin embargo, tanto el titular derrocado, Yusuf Irwandi, como el nuevo gobernador, Zaini Abdullah, pueden presumir de buenas referencias como rebeldes.

En realidad, el líder saliente tiene un trasfondo más convincente. Fue encarcelado como un “prisionero de guerra” en 2004 y sobrevivió al devastador tsunami de Aceh, al escapar por una grieta en el techo de su cárcel.

Sin embargo, el gobernador entrante pasó gran parte de la rebelión viviendo más cómodamente dado que el “ministro extranjero” del movimiento vivió en el exilio sueco.

Pero una vez que los rebeldes abandonaron el combate político tras el desastre del tsunami, Irwandi se separó de la manada, formó su propio campamento de exguerrilleros y superó a sus compañeros en las urnas.

Desde entonces, ha sido una espina en el costado de la dirigencia rebelde. Con su salida, el Partido de Aceh ha cimentado su poder con una mayoría en la Cámara de Representantes de Aceh y el control de la gobernación.

¿Beneficiará su Gobierno a esta región tropical altamente ortodoxa?

El International Crisis Group, uno de los observadores extranjeros más próximos de la política de Indonesia, ha catalogado al Partido de Aceh como un “partido autocrático, feudal que no tolera la disidencia”. El periodo previo a las elecciones se vio empañado por los ataques de mítines de campaña, incendios y tiroteos que presuntamente fueron consentidos políticamente por el Gobierno central.

Durante una entrevista pre-electoral, Sidney Jones, analista de ICG, supuso que una victoria del Partido de Aceh podría limitar el potencial de violencia post-electoral. “Pero a largo plazo”, apuntó, “podría alentar a las tendencias mafiosas de algunas personas del partido, especialmente si no son plenamente responsables”.

Aceh está experimentando, sin duda, un choque entre la nueva ola de modernidad y la vieja escuela del Islam, un conflicto que se ve bien representado en la criminalización de la “chusma” de roqueros punk musulmanes que vive aquí.

Pero la verdadera historia post-electoral no es que un nuevo líder afirme que va a reforzar la ley islámica. El verdadero acontecimiento es que el liderazgo central de la extinta rebelión de Aceh ha asumido por fin del control político sobre una región que alguna vez juraron que iban a liberar.

Varios policías rapan hoy la cabeza a varios punkis tras ser arrestados en una redada contra una comunidad punk en Banda Aceh (Indonesia). Un total de 65 punkis fueron enviados a la academia de la policía para recibir orientación espiritual y mental durante diez días antes de ser devueltos a sus localidades de origen. EFE

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