El peligro del integrismo católico

Lo publicaba El País del pasado día 7 de octubre. En el transcurso de la vista contra Rodrigo de Santos, ex edil del Partido Popular en Palma de Mallorca, el juez hubo de preguntar a uno de los testigos de la defensa “¿Se acuerda del octavo mandamiento?” Lo malo del caso es que la pregunta iba dirigida nada menos que a un sacerdote. Por lo visto el padre Nicanor, miembro del Camino Neocatecumenal , la organización católica integrista a la que pertenecen tanto las familias del imputado, como las de los menores que le denunciaron por abusos sexuales, no había comprendido la fórmula que advierte la obligación de ser veraz a la hora d e prestar testimonio ante un juez.

Un “escandalo monumental”
Que un magistrado haya de recordar a un sacerdote católico que no hay que mentir sería cómico, si no fuera por lo dramático del caso. Javier Rodrigo de Santos, miembro del llamado Camino Neocatecumenal, gastó más de 50.000 euros de fondos públicos en prostíbulos y, por si esto fuera poco, se le acusa de abusos a menores.

No es la primera vez que los llamados “kikos”, como se conoce a los miembros del Camino a causa del nombre de su fundador, el pintor Kiko Argüello, se ven implicados en un escándalo de uno u otro signo.

La “desaparición” de las vidrieras de la Almudena
En 2003, con la impagable colaboración de Monseñor Rouco Varela, “desaparecieron” misteriosamente las vidrieras de la girola alta de la Catedral de la Almudena realizadas por Manuel Ortega, uno de los más reputados artistas españoles de la especialidad, para ser sustituidas por otras de Argüello.

El trabajo había sido adjudicado a Ortega, en concurso público e internacional, por un jurado del que formaban parte el propio Rouco Varela, los miembros de la Junta Técnica de la catedral y su secretario, Alfonso Ramonet García; junto con los entonces presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y alcalde, José María Álvarez del Manzano.

Sin embargo, poco antes de la boda de los príncipes de Asturias, por expreso deseo del cardenal Rouco y bajo la excusa de armonizar el conjunto, se retiraron las vidrieras y se encargaron otras nuevas a Kiko Argüello, autor de los frescos bizantinos que adornan el templo.

El ejército del Papa
Por entonces la influencia del Camino Neocatecumenal en el Arzobispado de Madrid ya era muy importante. Autodenominados “ejército del Papa”, los “kikos” junto con Opus Dei, Legionarios de Cristo, o Focolares, entre otras organizaciones similares, se han convertido en auténticos grupos de presión que ejerciendo una callada labor de zapa intentan minar el estado de derecho, al pretender convertir sus principios morales en leyes de obligado cumplimiento. Para ello cuentan con unas perfectas organizaciones, una inteligente logística, y el apoyo de los sectores más conservadores del poder y del propio Vaticano. En concreto este último se hizo evidente a raíz del Congreso Internacional de los Movimientos Eclesiales, celebrado en Roma en 1998.

Para recuperar el poder perdido
En las conclusiones del mismo quedó en evidencia que el pontífice Wojtila, en una sociedad cada vez más secularizada, pretendía devolver a la iglesia el rol sociopolítico ejercido en tiempos pasados. Pero, sobre todo, pretendía retroceder a modelos tridentinos y reconducir la iglesia surgida del Concilio Vaticano II, olvidando su decidida apuesta a favor de las comunidades de base y su aproximación al marxismo plasmada en la llamada Teología de la Liberación.

La estrategia, continuada por Benedicto XVI, pasaba por repartir entre las nuevas formaciones y en virtud del carisma que les era propio, los campos de actuación: unos se dedicarían a las élites y otros a las clases medias y bajas. Al Camino Neocatecumenal, en concreto, le tocaron en suerte las clases medias. De ahí su desembarco masivo en parroquias, especialmente en aquellas que ya tenían movimientos propios nacidos a la luz postconciliar con el fin de “reconvertirlos”.

¿Movimiento o secta?
Su sistema de trabajo es la captación d e nuevos adeptos mediante la organización de catequesis de adultos y la insistencia en proclamar la primacía de la oración sobre la implicación de los seglares en labores sociales. Parece ser que, a veinte años vista, han conseguido sus objetivos. Se calcula que el Camino Neocatecumenal, está presente en más de 900 diócesis entre Europa y América, y que, solo en España, controlan más de 300 parroquias, dirigen la Universidad Católica de Murcia y poseen un seminario propio en Madrid, el Redemptoris Mater para formar a los llamados “misioneros itinerantes”. Todo ello pese a que la revista francesa Golias, de signo católico, aseguró en su momento que la normativa interna del Camino coincide en ocho con los diez puntos que el Consejo de Europa establece para identificar a las sectas.

El peligro del integrismo
El problema, no obstante, no es solo el Camino Neocatecumenal. El problema o, mejor dicho, el peligro lo representa el avance del integrismo católico manifestado a través de la proliferación de estos grupos “teocoms”. Para comprobarlo solo hay que esperar, el próximo 17 de octubre, a la macro-manifestación que se dispone a contestar la reforma de la ley del aborto. Una ley, no hay que olvidarlo, aprobada en el parlamento y, como tal, por los representantes de todos los españoles y que, evidentemente, respeta la liberad de conciencia. Pero, bien orquestados para socavar los logros del Concilio, en el ámbito privado o, y de la democracia, en el terreno público, los “teocoms” se lanzarán una vez más a la calle con la pretensión de hacer de la sociedad civil, su feudo. En manos de aquellos cristianos de ley que luchan por una iglesia comprometida con su tiempo y de todos los demócratas está que no lo consigan.

María Pilar Queralt del Hierro es historiadora y escritora

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