El pederasta de los Maristas de Barcelona condenado a 21 años y 9 meses de cárcel por abusar de alumnos entre 2006 y 2010

La Audiencia de Barcelona ha condenado a 21 años y nueve meses de prisión a Joaquim Benítez, exprofesor de educación física del colegio Marista de Sants-Les Corts por los abusos cometidos a exalumnos entre el 2006 y el 2010. Las acusaciones particulares solicitarán este martes el ingreso en prisión del exdocente.

La condena es por 4 delitos de abusos sexuales, dos de ellos de forma continuada (penas que van de los 2 años a los 9 años y 3 meses, según la víctima).  También le impone una indemnización total para las cuatro víctimas de 120.000 euros (las indemnizaciones se reparten entre 10.000 y 60.000 euros). El tribunal considera que los Maristas son responsables civiles subsidiarios y a su aseguradora como directo, por lo que deberán afrontar el pago de la indemnización.

Además de la condena de prisión la Audiencia impone una inhabilitación para ejercicio de la profesión docente de 13 años y 8 meses y orden de alejamiento y prohibición de comunicación respecto de las víctimas. 

El exdocente confesó durante el juicio que había realizado felaciones a dos exestudiantes en su despacho al acabar la clase. Sin embargo, negó tocamientos a otros dos denunciantes. El fiscal reclamó para el acusado un total de 22 años de cárcel por cuatro delitos sexuales y las acusaciones un total de 36 años.

La orden religiosa solo fue juzgada como responsable civil, a pesar de que Benítez declaró en la vista que la cúpula de los Maristas habían encubierto unos abusos que cometió en 1986. En esa fecha la dirección del centro docente donde ejercía tuvo conocimiento de los tocamietos a un alumno realizados por el que entonces era profesor de gimnasia. No le despidió y toleró que Benítez continuara como docente como si nada hubiera pasado. El Gobierno catalán se ha comprometido a reabrir el ‘caso Maristas’ cuando se produjera la sentencia.

La sección 21 de la Audiencia de Barcelona da por probado que el acusado aprovechó su condición de profesor de educación física. Según recoge la sentencia, el acusado disponía de un despacho propio con una camilla en la que llevaba a los alumnos para realizarles masajes que aliviaran posibles lesiones.

Era en estas situaciones cuando se daban situaciones de abuso sobre las víctimas sin consentimiento de los menores «Aprovechando su ascendencia y jerarquía como profesor de educación física, y de la confianza que los alumnos tenían por ello depositada en él”.
El tribunal, en su resolución afirma que “… los hechos que sufrieron los denunciantes constituyeron una experiencia vital negativa en un momento en que todavía no tenían desarrollada su personalidad, y que como tal ha condicionado el cómo son de adultos. De manera que  hoy son los hombres que son, en parte, por haber padecido la conducta del acusado. Y ello no tiene precio ni reparación posible”.

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