El Papa y la «nube de basura»

De repente fue como si el cráter de un volcán se pusiera a vomitar una gran nube de basura que lo ensuciaba y oscurecía todo". Son palabras del papa Benedicto XVI y se refieren a los escándalos de pederastia que han sacudido recientemente a la Iglesia católica. Forman parte de Luz del mundo, el libro que recoge una larga entrevista que Peter Seewald sostuvo con el Sumo Pontífice. Los titulares se han centrado en la frase en la que justifica el uso del condón "en algunos casos", pero lo revelador es que la mayor autoridad del catolicismo se atreva a pronunciarse sobre las más distintas cuestiones de forma coloquial y directa, sin solemnidad ni boato.

"Obviamente, el Papa puede tener opiniones personales equivocadas", llega a decir para explicar que, en cuestiones de dogma, la infalibilidad se da por sentada, pero subraya así que no todas sus intervenciones tienen que medirse con esa vara. Joseph Alois Ratzinger, de 83 años y con una larga carrera como teólogo, fue elegido en 2005 para suceder a Juan Pablo II. Había sido su brazo derecho en materia ideológica y, como presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe desde 1981, conocía todos los secretos del Vaticano. Pero ni la proximidad ni la complicidad que tuvo con Karol Wojtyla le garantizaban que fuera a conectar con los suyos como lo había hecho su antecesor.

Pronto se vio que no iba a ser así. Y la "gran nube de basura", que ha producido una profunda crisis en la Iglesia católica, llegó poco después. Benedicto XVI ha buscado ahora, a través de la proximidad de una entrevista, remediar su falta de imán para comunicar con la gente: hablar con sencillez, buscar la cercanía.

Contar que, aunque quiera, no puede ordenar a las mujeres; defender que la sexualidad es "cualquier cosa" si se separa de la fertilidad; reivindicar el celibato y criticar la homosexualidad ("no es moralmente justa"); aceptar que los casos de pederastia fueron un shock; que actuaron "con mucha lentitud" ante el escándalo del fundador de los Legionarios de Cristo… y mucho más. Benedicto XVI llega a aceptar que un Papa podría dimitir, y muestra así su lado más humano. Pero la suya sigue siendo una humanidad caduca, cerrada a un mundo que no deja de cambiar y con el que no ha sabido sintonizar.

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