EL Papa, y la intolerancia

¿Saben aquel del hombre que le dice a otro: “como vuelvas a llamarme violento, te doy un puñetazo”? Pues no parecen muy distintas las protestas, las amenazas y la quema de pancartas con la imagen de Benedicto XVI, llevadas a cabo en respuesta a su mención de un diálogo acaecido en el siglo XIV acerca de Mahoma.

Reaccionar de forma iracunda y amenazadora no es la mejor forma de rebatir una crítica a la imposición de una determinada fe por medios violentos; es una manera de apoyarla.

No hay nada por lo que pedir disculpas, ni nada de lo que retractarse ¿o es que solo puede decirse lo que agrada al interlocutor, aunque eso implique ocultar o desvirtuar los hechos? Nada hubo de ofensivo en lo dicho por Benedicto XVI. ¿Son todos los musulmanes violentos e intolerantes? Absolutamente NO. ¿Es el Islam una religión perversa, amenazante o inhumana en sí misma? NO, tampoco. Ahora bien ¿hay un germen de intolerancia y violencia en algunos aspectos del Islam y en algunos de sus seguidores? Pues me temo que SÍ. Y no me refiero solo a las palabras, a las menciones a la guerra contra a los infieles comparadas con frases como: “vuelve tu espada a su sitio porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán” (Mt. 26, 52). O a la preponderancia de la ley coránica frente a la recomendación de: “devolved al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mt. 22, 21). Me refiero a hechos concretos y actuales.
¿Se imaginan a algún Ayatolá de los que han proferido opiniones infinitamente mas desaforadas que Benedicto XVI pidiendo disculpas por haber ofendido al mundo no musulmán? ¿conocen algún país de mayoría musulmana que se declare oficialmente aconfesional (no digamos ya laico)? ¿se imaginan que se pueda hacer una película como “La vida de Brian” (Terry Jones, 1979) con Mahoma como protagonista? ¿o escribir un libro como “La tournée de Dios” (Jardiel Poncela, 1932) con Alá en lugar del Dios cristiano? Pues mientras estas preguntas tengan respuestas negativas, el discurso de Benedicto XVI no solo es pertinente sino imprescindible si se desea un dialogo auténtico entre las distintas religiones y no simplemente una mera aquiescencia frívola y demagógica con la que rehuir los problemas sin resolverlos.

La tolerancia es un valor fundamental para la humanidad. Pero no se puede ser tolerante con la intolerancia. El siglo XX está repleto de ejemplos acerca de los desastres a los que nos ha conducido esa tolerancia ilimitada y universal. Y como ya dijeron otros: “quienes olvidan la historia están condenados a repetirla”.

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