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El Papa y el condón

Frente a la retirada de la campaña de Catholics for Choice, a favor del uso del condón por parte de la población católica, sólo me cabe apuntar una cosa: Gracias a Publimedia, a la EMT y al Ayuntamiento de Madrid por preocuparse de las sensibilidades de la población y por tener tanto cuidado con los mensajes publicitarios que se exhiben en sus marquesinas y autobuses.

Quizá sea un exceso de agradecimiento por mi parte, pero he decidido apuntarme a la estrategia de esta organización, como muestra de mi solidaridad frente a la incomprensión con la que reiteradamente, los sectores sociales y políticos más conservadores y la jerarquía de la Iglesia Católica responden, una y otra vez, a sus intentos de que se revisen las 'certezas' del catolicismo sobre las mujeres y la práctica del sexo seguro y responsable.

El papel de esta organización, es muy importante en muchas partes del mundo. Católicas por el derecho a decidir, que así se llaman en España y Latinoamérica, son una respuesta necesaria y un tanto heroica, especialmente en países donde la influencia social de la iglesia católica, sigue teniendo una gran fuerza. Su principal mensaje en materia de derechos sexuales y reproductivos es que se puede ser católica y usar anticonceptivos, y que las mujeres han de tener derecho a decidir sobre su propia maternidad, defendiendo incluso el aborto en determinadas circunstancias.

No obstante, he de decir que la campaña, aunque está plenamente en esta línea, me parece un exceso. Interpretar las palabras que el Papa Benedicto XVI dijo en un libro-entrevista publicado a finales del año pasado, como un reconocimiento a la utilidad del condón en su función de salvar vidas y darle las gracias por ello, es, sin duda, un exceso de agradecimiento. Lo es especialmente en el contexto de su visita a España, cuya Conferencia Episcopal ya se encargó de hacer la correspondiente rebaja interpretativa de las tibias opiniones de su líder. No, seguramente no es casual que esta misma campaña se haya desarrollado sin problema en otras partes del mundo.

Además, en este terreno de una sexualidad segura y responsable, soy más partidaria de mensajes más directos y más claros. No en vano pertenezco generacionalmente al momento de la campaña “Póntelo, Pónselo” y he crecido con campañas a favor de la libertad sexual de las mujeres que pedían “sacar los rosarios de nuestros ovarios”. Hace tiempo que sé que no se puede esperar nada en este terreno de las religiones en general y de la jerarquía católica en particular, pero, quién sabe, igual la estrategia funciona y se apiadan esos corazones.

Aprovecho la oportunidad para hacer un reconocimiento a quienes, desde su militancia católica, trabajan a favor de los derechos de las personas, por ejemplo en África, sin dejarse llevar por la cerrazón de su jerarquía y, por supuesto, a quienes tienen el empeño de disentir para construir un mundo mejor, incluso desde dentro de las más rancias estructuras de valores y de pensamiento.

Sólo me queda añadir un par de cosas. La primera, que a partir de hoy voy a mirar con especial interés la publicidad de los autobuses urbanos, ya que después de esta demostración de sensibilidad, estoy segura de no volver a encontrar publicidad sexista en ellos. Y la segunda, especialmente dedicada a los del brócoli y el photoshop; yo también tengo tripa.

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