El Papa verde

La Iglesia debe empezar por tanto a predicar con el ejemplo, y empezar por atender la petición de aquellas personas que en ejercicio de su libre albedrío desean tomar distancia de una institución respetable sin duda, pero que no debe aspirar a privilegios institucionales de ninguna clase…

Nuestros gobiernos adelantan medidas contra la crisis que tratan de tranquilizar y devolver la confianza a los ciudadanos bajo la premisa de que «a nadie le va a faltar un plato de sopa caliente». Claro que los escépticos añaden con cierta sorna: «¡ni un par de palillos chinos!». En realidad el objeto de este artículo no es glosar el mayor o menor acierto de nuestros líderes políticos y de sus gabinetes de comunicación al manejar la situación económica que padecemos, lo que quiero es hablar a propósito de la apostasía y de la exigencia de algunos activistas de que sea anotada por la Iglesia Católica.
En el último cónclave cardenalicio la fumata verde anunció la elección del sucesor del apóstol Pedro. El Papa Benedicto XVI se ha adornado cuando obispo con el capelo rojo, cuando cardenal con el morado, y ya siendo Papa con el blanco. Pero sin duda, hay que reconocerle el mérito de haber sido el primero en calzar el verde, (amén del tricornio de la Guardia Civil), inaugurando una tradición en que confluye el ecologismo y el Nuevo Testamento, que si bien es antigua, nunca había tenido en Roma tan ilustre representante, ¿se atienden así las oraciones y rogativas del de Asís?
Nada molesta más a los apostatas que la falta de acuse de recibo por parte de la Iglesia Católica española de su decisión personal y libre de separarse de sus antaño hermanos en la fe. En otros tiempos hubieran sido simbólicamente borrados del libro de la vida, y directamente condenados al infierno, en cambio ahora que el purgatorio se ha convertido en un espacio virtual y que sólo los teólogos se ocupan de la vida de un mundo futuro, se produce una extraña paradoja, y es que su solicitud es deliberadamente ignorada, y contrariada de forma contumaz. No hay mayor desprecio que no hacer aprecio.
Puede que los apóstatas lleguen tarde y que hubiera sido deseable una postura gallarda como la suya y de carácter mayoritario en tiempos en que la Inquisición quemaba a mansalva a herejes y renegados. Sin embargo pienso que el gesto, se puede aprovechar para contribuir a fundar una sociedad abierta, y favorecedora del pluralismo con la que los Verdes si comulgamos.
Los Verdes en todo el mundo es plural en cuanto a la posición hacia la religión y la espiritualidad, aunque mayoritariamente defiende una postura laica ante el fenómeno religioso, sin embargo en el movimiento del ecologismo político hay en general un acercamiento espiritual hacia la Naturaleza que no pasa desapercibido: el caso de los verdes flamencos, antes Agalev hoy Groen, es ilustrativo, pero no es el único, pensemos también en el papel catalizador de Spretnak en la fundación del American Green Party of United States.
Personalmente pienso que la caridad cristiana exige tomarse en serio a los apóstatas y cumplir sin dilación su deseo públicamente expresado, hacerlo equivale a renunciar a cualquier puesto de privilegio político para la Iglesia Católica en una sociedad multireligiosa y que respeta el laicismo como un valor en que fundar la convivencia. Esa Iglesia pobre y desvalida, sin amigos poderosos es el mejor rostro del Cristo resucitado y amable que los cristianos pueden regalar al mundo y esto es así porque como Galeano atribuye a Ellacuría: «Es el oprimido el que descubre al opresor Porque el opresor ni siquiera puede descubrirse a sí mismo. La verdadera realidad del opresor sólo se puede ver desde el oprimido».
Lo que oprime el corazón de los apostatas es sin duda, que esperaban mucho más de los que se proclaman cristianos, y ese es el pecado con el que las iglesias cristianas, divididas para escándalo del mundo, deben aceptar convivir. El amor a la vida, (y el respeto a la libertad del otro es una de sus manifestaciones más claras), es lo que finalmente puede salvar este planeta, que sin duda – como el Papa Benedicto ha proclamado- precisa entre otras cosas de una nueva conciencia ecológica para superar la crisis que estamos experimentando. La Iglesia debe empezar por tanto a predicar con el ejemplo, y empezar por atender la petición de aquellas personas que en ejercicio de su libre albedrío desean tomar distancia de una institución respetable sin duda, pero que no debe aspirar a privilegios institucionales de ninguna clase, ni a poder o beneficios mundanos, sino todo lo contrario, aceptar que esas rémoras del pasado le apartan de su verdadera vocación de servicio en la que se cumplen sus fines y verdaderos principios expresados por los hechos de los primeros apóstoles. Puro laicismo ecuménico. Muy verde.

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