El Papa se lanza a captar anglicanos en EEUU

Los episcopalianos tradicionalistas hallan acomodo en la Iglesia católica

Tras echar las redes en el Reino Unido, Benedicto XVI se acaba de lanzar ahora a captar anglicanos tradicionalistas en Estados Unidos, en una carrera que es de esperar que más adelante le lleve a probar suerte en Canadá y Australia. Como ya hiciera en el 2009 para acoger a los obispos y feligreses más conservadores de la Iglesia de Inglaterra y Gales, escandalizados por la decisión de aceptar que las mujeres escalasen puestos en la organización y que los gais pudieran ser ordenados sacerdotes, el Vaticano ha anunciado esta semana la creación de una suerte de diócesis única en EEUU para acoger a los episcopalianos descontentos con el rumbo de su iglesia.

La Iglesia episcopaliana es la más liberal de las que forman parte de la comunidad anglicana mundial. Lleva más de tres décadas ordenando sacerdotas y está presidida desde el 2006 por Katharine Jefferts, una oceanógrafa casada y madre de una hija. En el 2009, tras seis años de disensiones, los episcopalianos ratificaron su voluntad de seguir nombrado obispos gais, como Gene Robinson, un prelado abiertamente homosexual cuya designación en el 2003 provocó un gran revuelo en el seno de la comunidad anglicana de EEUU.

La pelea interna ha provocado deserciones y una bolsa de agraviados deseosos de echarse en brazos de la ortodoxia católica. El Papa alemán se lo ha querido poner fácil y ha optado por crear una estructura que les permitirá seguir con algunos de sus ritos litúrgicos y no tener que renegar de forma abrupta de la que ha sido hasta ahora su religión. Los pastores casados podrán seguir ejerciendo como sacerdotes, pero los tránsfugas que son célibes ya no podrán casarse.

CLASE DIRIGENTE / Aunque los episcopalianos son teóricamente un bocado menor (poco más de 2,3 millones de feligreses) para el catolicismo, al menos si se compara con los 23 millones de seguidores de la Iglesia de Inglaterra, en sus filas milita una notable representación de las clases dirigentes. La Iglesia católica, con 80 millones de seguidores de EEUU, anda falta de la pátina que otorga haber detentado el poder.

En realidad, la creación del Ordinariato de la Cátedra de San Pedro, como ha sido bautizado el organismo que cobijará a los desertores de la Iglesia episcopaliana, sigue fielmente la hoja de ruta que en materia de ecumenismo elaboró el Vaticano en el último tramo del papado de Juan Pablo II, de acuerdo con las directrices trazadas por Joseph Rat-zinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ministerio de la ortodoxia.

Ratzinger fue el ideólogo de Dominus Iesus, un documento que proclamaba que la única religión verdadera es la católica y que puso fin a la manera de entender el ecumenismo (el acercamiento entre religiones) acuñada por el concilio Vaticano II. No parece que las aproximaciones a los anglicanos hayan sido fruto del diálogo ni de la voluntad de explorar una fusión con la tercera confesión cristiana más numerosa, tras la católica y la ortodoxa, sino más bien de la voluntad de pescar en río revuelto.

La divisa que ha primado ha sido la de robustecer el catolicismo en el Reino Unido, donde es una confesión minoritaria. La visita de Benedicto XVI en el 2010 remató esa operación. En esa tarea, el Vaticano ha contado con la colaboración de destacados aliados, como el exprimer ministro Toni Blair, que tras abandonar el poder se pasó al catolicismo. Con todo, la jerarquía anglicana, con el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, al frente, ha evitado presentarse como víctima de una afrenta. Williams debió de pensar que la salida de los anglicanos ultraconservadores pacificaría la confesión, lo que le ha llevado a tender puentes con el Papa alemán, con el que ha tratado extensamente las repercusiones de la opa hostil.

IMPACTO LIMITADO / Únicamente unos pocos miles de anglicanos han usado la pasarela que desplegó el Vaticano para facilitar la movilidad unidireccional desde las filas de la Iglesia de Inglaterra a las católicas. No ha habido deserciones masivas, como tampoco se espera que las haya en EEUU, pero se han sentado las bases para que puedan producirse.

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