El Papa reiteró que hay luchas de poder en la Iglesia

En un mensaje velado, Benedicto XVI dijo que no hay que usar a Dios «para los fines propios».

Es la hora de la prueba. No hay que instrumentalizar a Dios para los fines propios". Ante más de 50 mil personas que coparon la Plaza San Pedro para ver lo que sería una de sus últimas apariciones en público, Benedicto XVI mandó un mensaje velado a quienes deberán elegir a su sucesor. En su penúltimo Ángelus antes de dejar el pontificado, el Papa dijo en el típico lenguaje enrevesado y plagado de simbolismos que es habitual en los mensajes papales, que es hora de que la Iglesia y sus miembros se "renueven", reorientándose hacia Dios y rechazando el orgullo y el egoísmo. Durante su oración dedicada a las tentaciones de Cristo, Joseph Ratzinger hizo apenas una referencia a su decisión de renunciar y pidió a sus seguidores que sigan rezando por él y por el Papa que vendrá. 

"En los momentos decisivos de la vida (…) estamos frente a una bifurcación: ¿queremos seguir a nuestro yo o a Dios? ¿El interés individual o el verdadero bien?", se preguntó Benedicto XVI, dejando entrever que teme que las luchas en el seno del Vaticano deterioren aún más la imagen de una institución golpeada por las denuncias de pedofilia y por los escándalos financieros en las arcas de la Santa Sede y la filtración de documentos conocida como el Vatileaks. 
 
Más allá de las elucubraciones periodísticas y las teorías que desencadenaron su dimisión, lo cierto es que el Papa en persona reconoció las divisiones y las luchas de poder dentro del Vaticano durante el miércoles de las Cenizas –el primer día de Cuaresma-, al denunciar el afán de poder que oscurece a quienes deberían estar "al servicio del Evangelio".
 
Ayer, una vez más, Benedicto XVI –quien justificó su renuncia por la falta de fuerzas y su avanzada edad- dejó en claro que las tentaciones son muchas y que el mundo entero está observando las decisiones de la Iglesia y el futuro cónclave que elegirá nuevo Papa.
 
Muchos de quienes concurrieron a la plaza esperaban que, antes de retirarse a una semana de los ejercicios espirituales con la Curia Romana, el Papa explicara otra vez los motivos de su decisión. Que justificara su dimisión que, para muchos, sigue siendo un misterio. 
 
Sólo después de su oración, Benedicto XVI se refirió a "estos días difíciles" y agradeció "de corazón a todos por su oración y afecto". El Pontífice dio las gracias, además, al intendente de Roma, Gianni Alemanno, y a "todos los habitantes de esta amada ciudad (por la capital italiana)".
 
En San Pedro, miles de personas aclamaron sus dichos al grito de "Benedicto, Benedicto". Numerosos carteles decoraron el escenario desde temprano y uno grande y vistoso decía: "Te hemos amado muchísimo". 
 
La emoción estuvo potenciada por el hecho de saber que sería una de las últimas veces que Ratzinger se presentaba ante el mundo como el Papa, un evento del que no hay precedente en la historia moderna de la Iglesia Católica. 
 
El acto se realizó en medio de un imponente operativo de seguridad. Para muchos, el de ayer fue un "ensayo general" de lo que será, el miércoles, la última audiencia pública de Benedicto XVI –que se realizará también en San Pedro para que pueda participar el mayor número de personas posible- y su último Ángelus del domingo, día en el que se bajará el telón de su pontificado.

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