El Papa dice que la penitencia basta para combatir los abusos del clero

u próxima visita al Reino Unido reabre el debate sobre cómo atajar la pederastia Prefiere la vía de la «conversión» a «cambios» como el fin del celibato obligatorio

«Los abusos del clero no se combaten tanto con el cambio de las estructuras de la Iglesia, como con un sincero espíritu de penitencia y un trabajoso camino de conversión». En el sermón que ofrece todos los miércoles a los reunidos en la plaza de San Pedro, que ayer fueron 7.000, el Papa impartió esta lección al hablar de santa Hildegarda de Bingen, una mística benedictina del siglo XII, a quien definió como «una importante figura femenina de la edad media».

La frase de Benedicto XVI llega después de que, durante meses, se haya producido una catarata de revelaciones sobre casos de abusos sexuales de menores en todo el mundo por parte de clérigos y pocos días antes del viaje del Pontífice a Gran Bretaña, donde la cuestión volverá a plantearse, según los analistas, previsiblemente de manera sonora. La vecina Iglesia irlandesa ha sido, en los últimos tiempos, una de las más afectadas por el escándalo.

Las palabras del Papa surgen, igualmente, poco tiempo después de que en el seno de la Iglesia se hayan levantado algunas voces que reivindican un cambio estructural en las normas sobre el celibato obligatorio de los curas como una de las fórmulas que pueden resultar válidas para atajar la pederastia.

En julio, el Vaticano actualizó las normas que rigen en los casos de abusos, ampliando la prescripción de 10 a 20 años, considerando pederastia los abusos de discapacitados y definiendo como delito el uso de pornografía infantil. No se impuso la denuncia a los tribunales, porque, según el Vaticano, las normas ya prevén que se siga la ley de cada país.

ACCIONES PARALELAS / El Papa alemán aprovechó entonces para cargar contra la ordenación de mujeres sacerdotes, una acción cuya gravedad comparó con las fechorías de los pederastas. La comparación le valió un alud de críticas que tuvieron que ser rebatidas por altos cargos de la curia, que adujeron que el símil no se había interpretado correctamente.

Benedicto XVI explicó ayer que Hildegarda «recordaba [a los cátaros] que una verdadera renovación de la comunidad eclesial no se consigue tanto con el cambio de estructuras, como con un sincero espíritu de penitencia y un trabajoso camino de conversión». «Este es un mensaje que no deberíamos olvidar nunca», concluyó el Papa.

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