El Papa «abandonó a su rebaño» en Cuba «y prefirió reunirse con los lobos»

El viaje de Benedicto XVI a Cuba, el segundo de un Pontífice a la dictadura de los hermanos Castro, ha supuesto un “jarro de agua fría” para la oposición al régimen, que ha visto cómo el Papa no ha dedicado “ni un minuto”, como le solicitaron oficialmente las Damas de Blanco –mujeres madres, esposas y hermanas de presos políticos- y ha marcado distancias con cualquier grupo de oposición interna. Tras varios días sin acceso a móvil ni, por supuesto, Internet, los disidentes han podido volver a tener acceso al exterior. Y sus críticas al desarrollo de la visita han sido especialmente duras.

Guillermo Fariñas, el conocido opositor que estuvo a punto de morir tras realizar una huelga de hambre en protesta por la falta de libertad y la total ausencia de respeto a los derechos humanos en la isla, ha sido uno de los disidentes que más duramente ha juzgado la visita del Pontífice. En el primer tuit que pudo publicar tras concluir la visita papal, Fariñas afirmaba en su cuenta: “Su Santidad Benedicto XVI en su visita a Cuba abandonó a Su Rebaño en sus narices represaliado y prefirió reunirse con Los Lobos. Fariñas”.

La ‘bloguera’ Yoanni Sánchez, una de las periodistas más conocidas fuera de la isla por su actividad en las redes sociales en Cuba, también ha venido denunciando, con sus escasos medios, la ola de represión que las autoridades castritas acometieron entre los opositores en los días previos a la llegada de Benedicto XVI. Se les cortó el móvil, se les amenazó, varios fueron detenidos e, incluso, un grupo que se refugió en una iglesia para exigir que el Papa tratara el tema de los derechos humanos, fue desalojado por la fuerza y sin contemplaciones.

Las ‘negociaciones’ para la visita del Papa a Cuba fueron muy duras y tardaron varios meses. El Vaticano estaba especialmente interesado en un viaje del Pontífice a Iberoamérica, uno de los semilleros de vocaciones para la Iglesia católica. Con las autoridades ultracatólicas del PAN mexicano no hubo excesivos problemas, puesto que, además, al presidente Felipe Calderón Sol le interesaba la visita del líder de la iglesia de Roma en pleno año electoral a un país donde más del 95% se declara católico. El único punto que hubo que pactar, además de la seguridad de Benedicto XVI en un país flagelado por la violencia de los cárteles de la droga, fue que no hubiera mención alguna al ‘problema’ de los Legionarios de Cristo, especialmente sensible en México.

En Cuba, sin embargo, la negociación fue más dura. Y, finalmente, parece que El Vaticano sacrificó el viaje ‘político’ para circunscribirlo al pastoral. La iglesia católica se revitalizó tras la visita de Juan Pablo II en 1998, el régimen liberó entonces a 3.000 presos, la mayoría comunes, y abrió la mano para que en la isla dejaran de perseguirse a los católicos, se volviera a celebrar la Navidad o se pudiera sacar en procesión a la Virgen de la Caridad del Cobre. De este modo, Roma podía luchar contra la influencia creciente de la religión afrocubana y de otros ritos que sí habían sido permitidos por Fidel Castro en detrimento de la iglesia católica. Ahora, en este viaje, El Vaticano ha vuelto a inclinarse por dar un impulso a sus propios fieles y ha rehusado mantener contactos con los disidentes, salvo una crítica al marxismo en el avión que le llevaba a México y un par de mensajes en pro del respeto de todas las opciones políticos, ya en la isla. Demasiado poco para una oposición perseguida que esperaba más de esta visita.

Incluso, la crítica ha ido más allá y en fuentes de la disidencia consideran “excesiva” la “complicidad” publicitada entre Benedicto XVI y Fidel Castro en el encuentro que mantuvieron ambos. Algún medio europeo llegó a especular con que el viaje del Papa había sido potenciado por el propio Fidel, que en los albores de su existencia estaría dispuesto a “abrazar” el catolicismo e incluso, en el encuentro, ha solicitado libros a Benedicto XVI para “estudiarlos”. Los especialistas en la figura del último dictador de Iberoamérica recuerdan, sin embargo, que Castro fue educado en los jesuitas, y que en las fotografías de los combates de Sierra Maestra en el año 1958 aparece siempre con una medalla de la Virgen de la Caridad del Cobre al cuello. Si luego persiguió a la iglesia católica fue “para perpetuarse en el poder y eliminar un enemigo potencial. Castro –dicen- no conoce más religión que una: el castrismo”.

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