El obispo prohíbe entrar a la catedral a las mujeres en camiseta de tirantes

Los curas distinguen entre pentecostés y adviento, pero no entre verano e invierno. La parte de la gente que sabe que los templos son patrimonio público y su uso para el culto una cesión del Estado mediante concordato no siempre se entera de estas iniciativas medievales. EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com cumple su función social informando de las prácticas sociales de la iglesia católica.

EL mundo de las religiones es siempre singular, con esa mezcla tan propia de bonitas liturgias y control social mediante la superchería. Todas las religiones coinciden en considerar que es mucho el daño que hacen en el resto del mundo las otras religiones, en cuya consideración del otro y de lo otro se puede encontrar la clave de su carácter fiera y despiadadamente humano.

EN este ticket de entrada a la catedral de Málaga se puede encontrar confirmación de la posición de la diócesis malagueña con respecto a lo otro y, muy concretamente, a las otras.

EL obispado prohíbe entrar a la catedral de Málaga con una serie de elementos altamente significativos sobre la idea que la organización tiene de las libertades y derechos civiles, y además contradictorios con la esencia misma de la historia del catolicismo.

ESTÁ prohibido entrar a la catedral con cámara de fotos. Cada templo es una sucursal de una entidad, la iglesia católica, que ocupa un eje principal en la producción de imágenes en Occidente. Su posición de poder en la configuración de los lenguajes visuales en este espacio geopolítico es un elemento inevitable para una comprensión de la historia política y artística de Europa (también científica). Esta prohibición sustrae el derecho democrático de usar un dispositivo de registro de imágenes en un espacio público (lo es). No sólo resulta una restricción del derecho ciudadano, además contradice la propia política de impulso de la representación, de la que tanto se ufana la entidad por comparación con la competencia. (En el templo y del templo, sólo las imágenes que deciden los curas).

ESTÁ prohibido entrar en la catedral con comida y bebida. El clímax del espectáculo para creyentes que tiene lugar en todos los templos católicos del mundo se alcanza cuando el cura que oficia se come un pedazo de galleta y se echa un traguito de vino al coleto. (En el templo, sólo comen y beben los curas).

ESTÁ prohibido que las mujeres entren en la iglesia vestidas con camisetas de tirantes. El centro de la adoración de cualquier iglesia católica es la representación de un hombre prácticamente desnudo, después de haber recibido una larga sesión de torturas. Hay diferentes puntos de vista; puede que sea una alegoría del punto de vista oficial de la organización romana sobre la vida terrenal, puede que sea una advertencia de lo que le pasa a quien se enfrenta a los poderes realmente existentes con la fuerza de la palabra, como judíos peninsulares, científicos, filósofos, sanadoras alternativas, a quienes acogieron las llamas purificadoras del santo oficio. La representación de las mujeres en cualquier iglesia no alcanza tal grado de desnudez ni en el caso de santa Águeda. (En el templo, sólo existen las mujeres que deciden los curas).

CÓMO no sopesar la posibilidad de que esta negación de los hombros de mujer en el templo no sea sino otra contribución a la deliberada invisibilización de las mujeres reales en la política católica, otro capítulo más de la profesionalización androcéntrica de la ejecutoria pública de su jerarquía. (En la iglesia, las mujeres se callan porque así lo dictan los curas).

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