El obispo de Vitoria acusa al Gobierno vasco de poner en peligro la enseñanza de la Religión

El prelado asegura que, si el decreto de Educación sale adelante, las consecuencias «serán funestas para los jóvenes y para toda la sociedad»

El obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi, hizo público ayer el fuerte malestar existente en la Iglesia vasca con la política que desarrolla el Departamento de Educación respecto a la asignatura de Religión. La nueva normativa que prepara el Gobierno vasco puede traer «consecuencias funestas para los jóvenes y toda la sociedad», advirtió el prelado en su homilia en honor a la Virgen Blanca, celebrada en la iglesia de San Miguel, de la capital alavesa. Hay «instituciones públicas que están poniendo en peligro la enseñanza religiosa escolar», denunció. Todos los centros deben ofrecer esa materia a sus alumnos, que tienen la potestad de elegir entre ella y otra alternativa, con un contenido vinculado a la ética. A partir del próximo curso, la consejería que dirige Tontxu Campos (EA) apuesta por que los estudiantes de Bachillerato que se inclinen por no darla no estén obligados a asistir a esa clase 'paralela'.
 
Las críticas de Asurmendi son una señal de la tensión entre el Gobierno vasco y la Iglesia, que los responsables de las diócesis han evitado por todos los medios que salga a la luz hasta ahora. El obispo destacó ayer que «algunas familias encuentran dificultades para educar en la fe a sus hijos». Los delegados episcopales han trasladado numerosas quejas a Educación por los obstáculos que, a su juicio, afrontan los padres para matricular a sus hijos en Religión en las escuelas vascas.
 
Censuran que algunas direcciones y claustros de los centros interfieran en la decisión de las familias a la hora de decidir si matriculan a sus hijos en esa materia. El obispo de San Sebastián, Juan MaríaUriarte, se reunió el pasado mes de mayo con Campos para comunicarle su preocupación y poner encima de la mesa un documento con sus peticiones.
 
Esos encuentros no han dado frutos y la paciencia de los obispados de los tres territorios se agota. Los delegados episcopales se entrevistaron de nuevo en julio con responsables de la viceconsejería de Educación para reclamar, en concreto, que retire el decreto de Bachillerato.
 
Esta nueva normativa elimina la asignatura alternativa a la Religión en esa etapa, lo que supone, en la práctica, que los alumnos que elijan dar la confesión católica tendrán una o dos horas más de clase a la semana. Además, los colegios vascos colocan esa hora extra al final o al principio de la jornada escolar, con lo que hacen aún más cuesta arriba acudir a clase.
 
La puntilla la puso la Inspección de Educación con su última decisión, que comunicó por circular a los centros a final de curso, en la que autorizaba a utilizar las horas de Religión para reforzar otras asignaturas en el caso de que ningún alumno solicitara esa materia. «Si a un padre le dicen que si su hijo no se apunta a Religión le van a dar dos horas extras de Euskera o Matemáticas, es difícil que lo rechace», explican desde la asociación de docentes.
 
A falta de los datos oficiales de matriculación, la caída de las solicitudes para el próximo curso ha sido «demoledora», comentan desde Bagara, la agrupación de defensa de esta materia. «El resultado ha sido que en muchos institutos vascos ha desaparecido la asignatura. ¿Quién se va a quedar una hora más, va a venir por la tarde o entrar antes?», reflexiona un portavoz de la agrupación de profesores de Religión. «Muchas familias que siempre han matriculado a sus hijos dicen que tienen ya la sensación de que está penalizado dar esa asignatura», añade.
 
Caída de matrículas
La respuesta del Gobierno vasco a la petición de los delegados episcopales de retirar el decreto de Bachillerato no dejó lugar a dudas. Educación va a seguir adelante con esta nueva normativa, principalmente porque tiene el «apoyo» de las agrupaciones de padres de alumnos, de directores y profesores de la escuela pública. Los responsables eclesiásticos llegaron a apuntar al Gobierno vasco la posibilidad de recurrir ante los tribunales ese nuevo decreto.
 
A esta situación se refería ayer Asurmendi cuando desde el púlpito advertía a los feligreses de que se trata de un tema «grave», porque «si el decreto regulador preparado se convierte en ley», sus consecuencias «serán funestas para los jóvenes y para toda la sociedad». Expresó su preocupación «por la fe de nuestros niños y jóvenes».
 
El obispo inscribió estas decisiones dentro del «ambiente social laicista de algunos profesores, padres de escolares y medios de comunicación». De hecho, asociaciones de padres de alumnos, directores y docentes de la escuela pública vasca han puesto en marcha este curso una campaña bajo el lema 'Religión cero horas', que defiende que esta materia se imparta fuera de la jornada escolar. La iniciativa les ha permitido hacer llegar a las familias sus argumentos mediante circulares y reuniones.
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