El número de religiosos católicos en España cae casi un 22 por ciento en sólo cuatro años

La vida religiosa parece que sigue atravesando un crudo invierno. Así se desprende, al menos, de las estadísticas facilitadas por la Conferencia Española de Religiosos (Confer) con motivo de la IX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que hoy celebra la Iglesia.

  Las cifras no dan cabida a un excesivo optimismo: entre 2000 y 2004, el número de consagrados en nuestro país ha pasado de 16.618 a 13.010, un 21,7 por ciento menos. El descenso no es tan pronunciado entre las religiosas, que disminuyen sin embargo un 4,42 por ciento. Aún así, 61.595 consagrados trabajan en España.
   Cada vez va a ser más difícil encontrar un religioso o una monja en nuestro país. Mientras las vocaciones diocesanas (las que dependen de los obispos y se ocupan principalmente de las parroquias) parece que han logrado frenar, al menos parcialmente, su caída de hace algunos años, en la vida consagrada la situación es peor. En tan sólo cuatro años, entre 2000 y 2004, el número total de religiosos ha descendido de 16.618 a 13.010, lo que supone un 21,7 por ciento menos. Además, en 2004 había 427 comunidades religiosas menos que cuatro años antes, es decir, un 5,68 por ciento menos.
   Las congregaciones femeninas resisten mejor la sequía vocacional. En el mismo período, su descenso fue sólo del 4,42 por ciento, pasando de 50.831 a 48.585 monjas. A estas cifras hay que añadir los cerca de 13.000 religiosos de vida contemplativa repartidos por toda España, que celebran su día en la Jornada Pro Orantibus, después de Pentecostés.
   «Existe una crisis». Los religiosos son conscientes de su situación y hablan de crisis. El crecimiento más espectacular es el de las Misioneras de la Caridad, de la Beata Teresa de Calcuta, que en las tres últimas décadas ha aumentado un 463 por ciento.

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