El número de contribuyentes que aportan el 0,5% de su IRPF a la Iglesia se desploma

Ha caído diez puntos en tres años y ya son muchos menos que quienes optan por Otros fines sociales. Los primeros datos de 2002 apuntan nuevos descensos

El número de contribuyentes que optan por destinar el 0,5239% de su Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) a la Iglesia ha descendido de forma dramática en los últimos tres años, después de una serie de ejercicios de relativa estabilidad o suaves descensos. Tras un 2001 que fue catastrófico -por efecto a juicio de muchos observadores del escándalo Gescartera -, los primeros datos de 2002, recogidos en Guipúzcoa, Navarra y Álava, cuyas haciendas tienen prácticamente concluido el cómputo, apuntan a nuevos descensos, aunque no tan pronunciados. En la actualidad, quienes ponen la cruz sólo en la casilla de la Iglesia católica son menos de una cuarta parte del total. Muy pocos frente al aproximadamente 40% que lo hacía hace diez años, aunque entonces sólo se podía optar por una de las dos posibilidades ofrecidas.

Los resultados son muy dispares según comunidades autónomas e incluso en el interior de cada una de ellas, pero la trayectoria general es común a todos los territorios: estabilidad e incluso ligero crecimiento entre 1987, año en el que se inicia el sistema actual por un acuerdo Iglesia-Estado, y la mitad de la década de los noventa. Durante esos años, el número de contribuyentes que optaron por destinar parte de sus impuestos a la Iglesia católica fue muy superior al de quienes lo hicieron a Otros fines de interés social .

A partir de mediados de los noventa comienza el descenso, primero de forma ligera, tendencia que se quiebra en 1999, según se constata en los datos suministrados por las distintas haciendas. Ese año, por primera vez, fue posible elegir ambas opciones. El efecto de esa medida debiera haber contribuido a reducir el número de contribuyentes que no hacían asignación alguna, un hecho que desde 1987 ha preocupado a la jerarquía eclesiástica. Sin embargo, la abstención se ha mantenido alta en términos de media, aunque hay territorios como Álava, donde apenas supera de forma habitual el 10%, y sobre todo Navarra, donde algunos años ni siquiera ha llegado al 1%.

Ingresos garantizados

La posibilidad de marcar las dos opciones tuvo un único perjudicado: la Iglesia. Las cifras demuestran que el grueso de quienes lo hicieron estaba formado por contribuyentes que en años anteriores elegían la casilla de la Iglesia católica. Así se explica que el porcentaje de quienes optan sólo por Otros fines sociales haya seguido creciendo. Los datos revelan también que quienes dejan de apoyar a la Iglesia con sus impuestos siguen la siguiente transición: primero eligen la doble opción para en años posteriores quedarse sólo en Otros fines sociales o no indicar la asignación.

Si en vez de examinar el número de contribuyentes se analiza su aportación a la Iglesia (o a ambos, y entonces se divide por mitades su 0,52%), la situación no es tan mala. La razón es que el contribuyente tipo de quienes sostienen a la Iglesia con sus impuestos tiene una renta superior a la media. En cualquier caso, los ingresos de la Iglesia española no se ven mermados, dado que, en aplicación de los acuerdos con el Estado, éste complementa la cantidad que ponen de forma directa los contribuyentes. Para este ejercicio, el Gobierno tiene previsto un mínimo de 136 millones de euros como aportación total: si lo asignado por los contribuyentes no alcanza esa suma (que no lo hará: en 2002 se quedó algo por debajo de 100 millones), el Estado cubre el resto.

Razones de la caída

Pero que no suponga merma de sus ingresos no significa que la Iglesia no esté preocupada por el descenso de quienes la sostienen con su IRPF. «De alguna forma, es un índice del apoyo», comenta Josu Rekakoetxea, ecónomo del Obispado de Bilbao. A su juicio, el descenso se explica por el elevadísimo número de contribuyentes que no hacen asignación alguna. «Algo muy curioso, reflexiona, cuando es la única decisión directa que puede tomar el ciudadano sobre el destino de sus impuestos». También cita como elemento negativo el hecho de que un alto porcentaje de declaraciones estén cumplimentadas por empleados de bancos o cajas. «Muchas veces, casi por pudor y dado que no tiene trascendencia económica en la liquidación del impuesto, no preguntan el destino que se quiere dar a ese 0,52%».

Para Rekakoetxea, ciertos asuntos concretos (Gescartera, la politización de algunas decisiones de la Iglesia, etc.) influyen en los contribuyentes pero no demasiado. La visión que del problema tiene José Ignacio Calleja, profesor de la Facultad de Teología de Vitoria, es distinta. En su opinión, las malas noticias han acelerado un proceso, el del menor apoyo económico, que ya estaba en marcha por la imparable secularización de la sociedad. «Hay que ser un católico muy militante para creer que sostener al clero sea algo que nos compete directamente», explica. No olvida tampoco que «la imagen tradicional de la Iglesia ha sido la de una institución adinerada», ni que «los curas no nos hemos implicado nunca a la hora de pedir, porque es muy incómodo hacerlo para uno mismo».

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