El nuevo nacionalcatolicismo de los obispos

Los obispos se han alejado mucho más de la sociedad española con el último comunicado pronunciado por el portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino.

El manifiesto de la Conferencia Episcopal entra en la inmoralidad de utilizar el terrorismo para hacer campaña electoral en favor del sector más duro del Partido Popular, el mismo que hoy dirige esa formación política. Han críticado y han cargado muy duramente contra el Estado laico, contra la libertad de enseñanza, contra los homosexuales, contra el derecho de las mujeres a decidir y contra la izquierda democrática de nuestro país. En España estamos viviendo un nuevo Nacionalcatolicismo que me recuerda mucho al de los años 30, o más recientemente al catolicismo fundamentalista de los croatas en la guerra de los Balcanes, cuando gobernaba en Croacia el presidente Franjo Tudjman, un catolicismo que se asemejaba mucho al fundamentalismo islámico que hoy conocemos.



¡Monseñores de la Conferencia Episcopal!, en una sociedad laica en la que cada persona tiene derecho a vivir según sus propias ideas y creencias, nadie puede ni debe imponer su doctrina a los demás. Están ustedes en su derecho de opinar y de pedir el voto para el partido que nos metió en una guerra injusta que lleva más de un millón de muertos y más de tres millones de desplazados, para la derecha más dura que permite exposiciones en Valencia que niegan el holocausto o para la derecha que es capaz de atacar a la sanidad pública incriminando con falsas acusaciones a sus profesionales. Una derecha que ha quitado de un plumazo a todo lo que representaba la moderación y la cordura en su partido.




Hoy más que nunca, la mayoría de personas que no compartimos las tesis de la coalición Partido Popular – Conferencia Episcopal, debemos movilizarnos entorno a la próxima cita electoral para impedir que gobierne en nuestro país, este nuevo fundamentalismo que ataca y quiere suprimir nuestros derechos civiles. Un fundamentalismo que se escandaliza cuando dos personas del mismo sexo se unen en el amor. Un fundamentalismo que niega a un gobierno legitimado por su parlamento y por la mayoría de su pueblo a buscar la paz, como la buscaron todos los gobiernos de la democracia, incluido el de José María Aznar.

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