El núcleo duro del Episcopado conserva Enseñanza, Clero, Vida Consagrada y Patrimonio

Frente a la «Iglesia en salida», la autoprotección. Los obispos españoles han optado por una Comisión Permanente con una mínia mayoría conservadora, fraguada días antes en una reunión en la que, según ha podido saber RD, una decena de obispos -auspiciados por Rouco Varela y su otrora delfín, Fidel Herráez-, elaboraron una estrategia que no supo entrever hasta el final, el sector moderado.

El objetivo no era tanto la Presidencia (Ricardo Blázquez es una figura de consenso, y la elección de Cañizares ha seguido otros criterios) o el Comité Ejecutivo (de mayoría renovadora), sino colocar a sus piezas en los puestos clave (Enseñanza, Clero y Patrimonio) y, especialmente,«proteger» a aquellos hermanos en el Episcopado señalados por distintos escándalos judiciales.

Una llamada de atención, más allá de conservadores, moderados o progresistas, y un signo de que los obispos se protegen. No es, por tanto, una cuestión de afinidades, sino un aviso al conjunto de la sociedad: la CEE parece decidida a «remar hacia adentro».

Así, se advierte la presencia en el Comité Ejecutivo de Jesús Sanz (con varias causas abiertas por el caso «Lumen Dei»), o Jiménez Zamora (imputado por un supuesto caso de espionaje en Zaragoza); o las presidencias de comisiones para los obispos de Astorga (caso «Ramos Gordon») o Javier Salinas (salpicado por distintos escándalos). Únicamente ha quedado fuera el arzobispo de Granada, Javier Martínez, quien la semana pasada declaró como testigo en el caso Romanones y que tampoco entrará en la Permanente como Metropolitano.

Todo ello, en detrimento de algunos de los prelados que más sintonizan con el espíritu del Papa Francisco, como Luis Ángel de las Heras o Ángel Pérez Pueyo, que quedan fuera de la Permanente, y aceptando que uno de sus líderes quedara fuera de las comisiones importantes. Así, Fidel Herráez (a quien se llegó a proponer para presidir la Conferencia Episcopal), sólo entrará en la Permanente por su condición de metropolitano en una provincia eclesiástica sin presidentes de comisión. Algo similar, aunque por muy distintas razones, sucede con Julián Barrio (Compostela) o Celso Morga (Mérida-Badajoz). Entre los metropolitanos, sólo quedan fuera Martínez y Jaume Pujol, además de Juan del Río, que en estas elecciones no se postulaba a puesto alguno.

Una vez hecho el reparto, el «sector duro« ha logrado las comisiones de Enseñanza y Catequesis (César Franco); Misiones (Francisco Pérez); Pastoral (Braulio Rodríguez); Patrimonio Cultural (Juan José Asenjo); Relaciones Interconfesionales (Adolfo González Montes); Vida Consagrada (Jesús Catalá); y especialmente, Clero, con la asunción del obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza.

Sin embargo, el sector moderado ha conseguido «recuperar» Doctrina de la Fe (que recaerá en monseñor Benavent), y mantener las comisiones más sociales: Pastoral Social (Atilano Rodríguez); Migraciones (Juan Antonio Menéndez) o Apostolado Seglar (Javier Salinas). También conserva la Comisión de Medios (Ginés García Beltrán), Seminarios y Universidades (Vives) o Liturgia (López Martín).

El escenario se muestra más o menos equilibrado, pero la sensación entre los obispos es que, una vez más, la minoría más conservadora ha conseguido colocar sus peones en lugares estratégicos. Ya se atisba la figura de Jesús Sanz de cara al futuro, y tanto Enseñanza como Patrimonio Cultural, Vida Consagrada (una de las sorpresas) o Clero (la elección de Rafael Zornoza ha suscitado muchas suspicacias en la Casa de la Iglesia) muestran cómo el sector afín a Rouco Varela (el cardenal sigue teniendo una gran influencia entre los obispos) continúa teniendo un peso fuerte. Eso sí: los personajes más señalados por la polémica en los medios (Reig, Iceta, Munilla, Demetrio o Javier Martínez) quedan fuera.

Entretanto, tanto Omella como Osoro han optado por un «perfil bajo», a la espera de cómo terminan de desarrollarse los acontecimientos, y convencidos de que el sector más «francisquista» del Episcopado español cuenta con mayoría en el Ejecutivo, además de con la promesa de Blázquez y Cañizares de ejercer una Presidencia colegiada. En esa tesitura, la relevancia de las sedes de Madrid, Barcelona y Valencia se antoja fundamental.

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