El movimiento laico abre en Sevilla a contracorriente la batalla contra las inmatriculaciones

Una nueva plataforma reivindica la titularidad pública de la Catedral y la Giralda, registradas por el Arzobispado en 2010
La Iglesia se libra del pago de 1,5 millones de euros al año por la exención del IBI de 386 propiedades en la ciudad, donde el apego a las tradiciones religiosas dificulta las iniciativas laicistas

Hubo gritos coreados de “Nuestras tradiciones no se tocan” y “Dios con nosotros”. El ambiente estaba cargado de dramatismo. Numerosos asistentes a la manifestación, sobre todo mujeres, ponían sus crucifijos apuntando al edificio del ayuntamiento, a cuyas puertas se concentraron miles de personas. Era una estampa impresionante. La protesta masiva celebrada en febrero de 2016 contra una propuesta de “callejero laicista” –protesta de la que fue beneficiario político el entonces opositor local Juan Ignacio Zoido (PP)– ofreció pistas elocuentes sobre la reacción de importantes sectores de población en Sevilla cuando se tocan las cosas de la religión. Hay mucha gente que reacciona mal. Mal y combativamente. Está claro que Sevilla no es una ciudad fácil para los movimientos laicos, si es que en España alguna lo es.

En Sevilla la religiosidad se cuela en ámbitos recónditos de la sociedad por la vía de su dimensión folclórica y popular. La Semana Santa es la fiesta local por antonomasia. En breve todos los medios locales empezarán a dedicar a sus preparativos más espacio que a cualquier sección. El ABC es el periódico más leído y el más influyente. La presencia del alcalde u otras autoridades en actos religiosos es frecuente.

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